La
diversidad de actividades que el hombre realiza, pone en juego
capacidades y potencialidades que la naturaleza le ha conferido,
la inteligencia es la herramienta humana más sofisticada;
gracias a ella, se relaciona con el entorno y se aproxima al
conocimiento. Para aprender, las personas, hacen uso de su cuerpo,
el cerebro, la mente y el corazón. Gracias a esos elementos,
los niños desde edades tempranas, se asoman al horizonte
del saber y se zambullen en las profundidades de los significados
de la palabra.
Gracias
a la creación de la imprenta hasta nuestros días,
el libro es por excelencia un medio seguro para viajar por tierra
lejanas, arribar a nuevas civilizaciones y recorrer caminos
llenos de sabiduría. La lectura se convierte en pasaporte
sin restricciones para explorar pueblos, ciudades, países
y continentes, idiomas y culturas. Es tal, la funcionalidad
de la lectura en la vida de las personas que con ella se asegura
el tránsito por fronteras y en el tiempo.
Los
libros y la lectura son como manantiales, dejan correr en el
caudal de palabras, historias y aventuras que despiertan curiosidad;
si te acercas a ellos, salpican con emociones y si te atreves,
puedes bucear y encontrar pececillos de colores, enormes corales,
algas y tesoros submarinos; en cada travesía por las
páginas de los escritos, la seducción de la palabra
sorprende a la soledad, reta a la imaginación y a veces
aniquila a la depresión.
Es
tal su influencia en el aprendizaje y el conocimiento de mundo
durante la infancia, que la iniciación por esas mágicas
historias de cuentos de hadas, encantan no solo a pequeños
sino hasta los adultos, quienes se sorprenden por la curiosidad
de los niños con que suelen anticipar sucesos o inventar
finales a cada cuento. La gran mayoría de padres y madres
no considera la lectura como una práctica familiar en
la que pueden participar los chiquitines; narrar sucesos, inventar
cuentos, describir lugares, crear adivinanzas, relatar aventuras,
leer libros, revistas, periódicos, letreros, cartas,
recados, anuncios o las envolturas de los productos de la tienda,
resultan actividades de la vida diaria que bien pueden aprovecharse
para modelar el acto de leer y así sembrar la semilla
del gusto por la lectura. Si todos los días, al menos
15 o 20 minutos, un adulto leyera para los niños de la
casa, imagine cuanto tiempo durante su infancia se convirtiría
en una maravillosa experiencia lectora. Leer en familia es una
muy buena opción para alimentar lazos afectivos y de
convivencia, además de promover el desarrollo de hábitos
buenos para el estudio.
La
familia y la escuela son dos espacios que bien pueden aprovecharse
para practicar la lectura y fomentar de esa manera, la imaginación
y el aprendizaje. En el hogar, los padres, hermanos mayores
o abuelos, pueden organizar los momentos para compartir con
los más pequeños; en el aula escolar, el maestro
o la educadora tiene la posibilidad de crear situaciones didácticas
o entornos lúdicos para motivar al descubrimiento de
los libros y atreverse a viajar entre líneas, abrir las
ventanas del conocimiento y explorar espacios inimaginables.
Para que eso ocurra, necesitamos padres y maestros lectores,
que disfruten la lectura y se comprometan a fomentar una cultura
lectora, pues leer no es sólo para estudiar, sino para
crecer y aprender durante la vida, es una habilidad manifiesta
como parte de las competencias para el aprendizaje permanente.
Desde
1986, la Secretaría de Educación en un esfuerzo
por dotar a las escuelas de acervos bibliográficos, material
didáctico para promover la lectura en los estudiantes
de educación básicos, implementó el Rincón
de lectura y dotó con ediciones especiales, obras de
literatura infantil y juvenil a las escuelas, los “libros
del rincón” forman parte desde 25 años,
de una colección de títulos interesantes en las
bibliotecas escolares. Actualmente, el Programa Nacional de
Lectura realiza en todos los estados, diversas acciones para
impulsar el fomento de la lectura. Precisamente, el pasado 25
de septiembre, a nivel nacional, se efectuaron en los jardines
de niños, escuelas primarias, de educación especial,
secundarias, centros de educación indígena y afines,
actos conmemorativos alusivos a los 25 años de los libros
del rincón. Si tiene hijos en edad escolar, no dude en
visitar la escuela más cercana, solicitar a la directora
o maestro, le permita conocer los libros del rincón,
quizá hasta se ofrezca de voluntario para ir a leer a
la escuela de sus hijos. ¡Sería un buen ejemplo!
Si lo prefiere, también puede realizar algún préstamo
a domicilio de algún título para leer en casa
con su pequeño. Recuerde, la educación es una
labor compartida entre padres y educadores; leer es una práctica
escolar y puede ser una agradable tarea familiar. |