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una práctica que permite establecer juicios de valor
con la finalidad de analizar e interpretar resultados para tomar
decisiones orientadas a la mejora de una acción, tarea
o proceso. En
educación, la evaluación es parte del propio proceso
enseñanza-aprendizaje. Un proceso por sí mismo
que permite apreciar resultados, reconocer deficiencias, identificar
logros y reorientar las estrategias metodológicas para
el logro de aprendizajes esperados.
Hace
apenas unos días, concluyó en la mayoría
de los estados del país, la aplicación de la Prueba
ENLACE en educación básica, una práctica
oficial coordinada desde la Secretaría de Educación
Pública con el aval del Comité Ejecutivo Nacional
del SNTE; junto con ella, la publicación de resultados
de los docentes y escuelas reconocidas con el Estímulo
a la Calidad Docente, y para cerrar el tema de la evaluación,
se presentaron de manera oficial los Nuevos Lineamientos de
Carrera Magisterial, fueron tres eventos convergentes que enfatizan
el punto crítico de la evaluación de la educación
mexicana. Como dicen –en el discurso- , los servidores
públicos, una estrategia válida para la rendición
de cuentas, transparencia y el impulso a la mejora de la calidad.
Por
donde se pretenda explicar el tema, las aristas son multifactoriales.
Cada una responde a un criterio, a una línea de operación
o al interés particular de quien exprese la afirmación.
Sin embargo, ¿qué opinan los maestros de estas
decisiones? ¿Los docentes de grupo estarán de
acuerdo con los factores de evaluación en carrera magisterial?
¿Los padres de familia, participan las formas de evaluar
a sus hijos? ¿Cuáles son los compromisos de los
padres y madres de familia para apoyar la educación de
sus hijos? ¿Cómo apoyan los directores y supervisores
los cambios de enfoque en torno a la evaluación?
No
hay duda, la situación actual en las escuelas, las prácticas
pedagógicas reales y la aplicación de instrumentos
tradicionales, distan de las consideraciones del Acuerdo número
499, vigente en materia de evaluación; en consecuencia,
con el enfoque de la Reforma Integral de la Educación
Básica, sugerido en la educación por competencias.
La
evaluación de los aprendizajes es una práctica
determinante en la historia escolar de los educandos, vista
de manera imparcial; poco o nada apreciada como referente del
desempeño docente por parte de los educadores y directivos.
Con esta experiencia, son una minoría, los maestros que
se preocupan por autoevaluar su desempeño, reconocer
que la calidad de su trabajo repercutió en el aprovechamiento
de sus alumnos y lo más valioso, identificar las áreas
personales que deben mejorarse y fortalecer las estrategias
didácticas apropiadas a la naturaleza del campo disciplinar
de las asignaturas. Cuando cada docente tome consciencia del
valor de la evaluación, como ejercicio de reflexión
personal y con la debida connotación pedagógica,
se convencerá que no hay mejor satisfacción que
el logro académico de los estudiantes, cumplir con la
responsabilidad de enseñar a aprender guía el
reconocimiento de los padres de familia hacia la noble labor
del educador.
Antes
de dejarse llevar por los comunicados de la prensa, los discursos
oficiales, críticas u opiniones, los actores y sujetos
del sistema educativo nacional, están en su derecho de
juzgar si la evaluación atiende a pronunciamientos políticos,
sindicales o sociales, o si en verdad, es un asunto de impacto
a la educación, el desarrollo y la economía de
nuestro México. Está en juego, la reorientación
de la políticas educativas: programas permanentes de
formación inicial y continua del colectivo directivo
y docente, mejora del entorno escolar, incremento a los salarios,
incentivos económicos, reformas a los planes y programas,
exámenes estandarizados, implementación de actividades
cocurriculares, evaluación del desempeño docente,
entre otras medidas.
Mejorar
las posiciones en cuanto a habilidades lectoras, matemáticas
y científicas de los estudiantes mexicanos, es el gran
desafío. Educar en y para este milenio globalizado y
de competitividad, es un reto mayúsculo para el gobierno
y una gran responsabilidad para los agentes de la educación.
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