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Columna de Teresita

Ramón Iván Suárez. Poeta y cantor campechano

(3 de abril de 2011)
 
 

Hoy los poemas
son minúsculas gotas
en la piel del asombro,
relámpagos que envidian
la pureza
de las páginas en blanco.
(Suárez, Ramón I.)


La sensibilidad humana viste a las palabras para comunicar verdades o mundos imaginarios. Gracias a la creatividad y al lenguaje, hombres y mujeres dejan huella de su pensar y sentir en la vida perdurable los libros. Los libros son andamios del saber, en cada una de sus páginas se transparentan pensamientos.

Portada del libro "La mirada" de Ramón Iván Suárez Caamal. Calkiní, 2010

 

Los escritores ponen de manifiesto la seducción de las palabras para construir escenarios virtuales, reminiscencias que a lo largo de la vida acuñan la memoria, también con sutilezas desvisten a la natura, para mostrarnos la generosidad de su existencia. Nada mejor que la compañía de un libro, para dibujar fantasías en el espacio y la mente, establecer un diálogo, entre el lector y el texto.

Como una forma de elogiar el espíritu y la magia literaria del respetable coterráneo, Ramón Iván Suárez Caamal, la Universidad Autónoma de Campeche a través de la Dirección de Difusión Cultural, en el marco de la Feria Nacional del Libro y Arte Universitario, ha puesto la mirada en la vasta obra de este campechano, cuya contribución a las letras mexicanas, ha hecho retoñar las hojas de la poesía, del arte en general, pues también sus pinturas, son pinceladas al alma, dan colorido a las sombras del pensamiento y desdibujan emociones del hombre enamorado o el llanto del pequeño descalzo en el verano.

Acertadamente, la voluntad impulsada por el deseo de reconocer el legado cultural del maestro Ramón Iván –ganador de la medalla “Justo Sierra Méndez”-, los campechanos y visitantes tendrán el privilegio de navegar por los textos de tan prolífero creador: Bajo el signo del árbol, En el insomnio escribo, Vivir cerca del mundo, Cuando te llamo selva, Pulir el jade, Casa distante, Pejeluna, Destellos del bambú, Poemas para los más pequeños, Otros sueños, otros mundos y otros mundos, éstos son algunos títulos de sus libros. Este poeta del Camino Real es hijo digno de una estirpe gallarda, perseverante con las letras, la cultura, la vida, el universo y la niñez. Como ser humano, su sencillez se refleja en el brillo de la luciérnaga, en la blancura de las garzas y en la corola del tulipán. Gracias a su inquietud por dejar la luz del arte poético en la niñez y juventud, los talleres literarios bajo su coordinación, han florecido en los lugares donde la semilla germinó. Su loable labor es de gran trascendencia.

Son innumerables los premios y reconocimientos que ha obtenido, diversas instituciones del país y otras naciones, han puesto la lupa a los versos de este hijo pródigo de Calkiní; expertos en Lengua y Literatura, retoman su trabajo como tópico de estudio, cuya naturalidad emana la transparencia y su comprensión serena del amor.

Este año, la Feria Nacional del Libro, promovida por la Universidad Autónoma de Campeche, se engalana con la presencia de tan distinguido artista de la palabra y los colores de la voz. Su inquietud perenne en busca del misterio bajo las piedras, las líneas de la iguana o el colorido del maquech, hace a los pequeños y adultos, volar como golondrinas y trabajar como abejas. Su instinto le permite escribir en el insomnio, esconder los carrizos, epitafios y aforismos.

Sin duda, leer los versos de este bondadoso hombre, hace sentirse hospitalario en la tierra, sus Cantares mayas bordan tapetes con Apuntes de amor y Arte rupestre, A veces el hastío te conduce y exclama ¡Asómate a este libro!

Con su cantar corteja orquídeas, aves, mujeres, a la lluvia, las rimas y al lector. Estimado seguidor de estas líneas, déjate conquistar por la riqueza de los libros, sigue el crepúsculo del saber, saborea los versos del poeta:

Estamos en abril (Vivir cerca del mundo, 1998)
Estamos en abril, la primavera crece en mis manos
en temblor de savia,
y en mis ojos, la lluvia, algunos sueños.
Todo ha de ser posible en estos días
cuando soy un niño nuevamente
y guardo en mis bolsillos ranas y quimeras.
Esta estación me gusta,
aquí me bajo.
Desde el andén contemplo que descargan
racimos de pájaros,
bandadas de frutas,
estrofas de flores
y ramos de versos
que pregonan a gritos su mercadería.
Después se marcha el tren
mientras sacude su pañuelo estornuda.
Y yo, pequeño, le digo adiós,
río, corro, bailo.
Estamos en abril, ya pronto llueve.


San Francisco de Campeche, Cam. 3 de abril de 2011.

 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán Vela; 3 de abril de 2011