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Columna de Teresita

Violencia en la vida de las mujeres

(23 de noviembre de 2010)

 

La población femenina representa poco más del 50% en el mundo, una cantidad importante que aun no recibe el trato justo por su condición, ni vive el respeto a sus derechos humanos. En el plano internacional y nacional, en materia legislativa, se han dado pasos significativos, pero no suficientes ni mucho menos en todas las esferas de la vida social y democrática.

Si bien, las mujeres mexicanas tenemos reconocimiento legal en términos de igualdad –así lo asienta la Constitución Política – existe también la Ley general para la igualdad entre hombres y mujeres (2006) y la Ley general de acceso de las mujeres a una vida sin violencia (2007), instrumentos para promover la equidad de género y consideración a los derechos universales. Sin embargo, algunas entidades –como Campeche-, los códigos penales, no tipifican con castigos severos la violencia cometida hacia las mujeres: maltrato físico, abuso sexual, explotación, castigos, homicidios, otros tipos de agresión como la psicológica o económica ejercida contra ellas; aun no se cataloga como causales de condenas mayores; libertad condicional o pago mínimo de fianza, son tan sólo medidas simuladas en contra de los agresores, o en su caso, procesos judiciales inconclusos, imparciales e injustos, que en lugar de endurecer las sanciones, provoca el incremento de estas faltas en nuestro estado.

Según estudios del Banco Mundial, cada 15 segundos una mujer es agredida, la ONU en México (Arie Hoekman) estima que una de cada cinco mujeres será víctima de violación o de intento de violación a lo largo de su vida. Una de cada tres habrá sido golpeada, forzada a tener relaciones sexuales o habrá sido víctima de abuso por parte de familiares o conocidos, que en general, no serán castigados. Precisamente en la víspera del “Día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres”, en una colonia de la capital campechana, un hombre dio muerte a su mujer, quien es madre de un hijo procreado por ambos. Todos los días en algún ejido, poblado o ciudad de nuestro pacífico Campeche -en este momento-, alguien es víctima de violencia. ¿Acaso ser mujer es condición de discriminación, violencia o maltrato. En el seno de los hogares, se encuentra el principal escenario de violencia; las relaciones de pareja –en unión libre, noviazgos o matrimonios- las caricias se han sustituido por los golpes, palabras tiernas por insultos, encuentros amorosos por enfrentamientos; esos modelos van en aumento, en consecuencia, la violencia intrafamiliar o en el noviazgo, se convierte en un ciclo vicioso que crece como la espiral; en tanto, no se decida terminar con él.

Una mirada a los rostros de las niñas violadas, mujeres maltratadas y ancianas abandonadas, invita a reflexionar sobre las necesidades, temores, riesgos, problemas e inseguridad a la que se enfrentan. Una mujer analfabeta, con discapacidad, de origen maya no castellanizada, golpeada por una pareja alcohólica o con problemas de adicciones; sufre en silencio el dolor y la impotencia de no poder defenderse, de no saber a quién, dónde recurrir a pedir ayuda; y si a esto agregamos, una familia disfuncional, sin hábitos buenos y valores sólidos, padres insensibles, agresivos y violentos antes las los pequeños tiende a empeorar el entorno, haciéndolo más perjudicial para los que habitan en él.

La violencia hacia las niñas y adolescentes es una práctica que vulnera el adecuado desarrollo humano; afecta lo psicológico e impacta en el aspecto socioafectivo; el abuso sexual a una menor de edad, crea conflictos internos en su yo, daña el potencial de estima y detona cambios en su conducta. Mancillar la pureza de una pequeña, significa acabar con la ingenuidad y los sueños fantásticos de su edad.

Desde esta tribuna, solicitó especialmente a las diputadas, magistradas, legisladores, funcionarios de la Procuraduría de la defensa del menor y la familia y autoridades correspondientes, a actualizar el código penal local; modificar las penas, otorgando condenas inflexibles a violadores y homicidas de niñas y mujeres. ¡Ya basta! Quien sea responsable de un acto cobarde, agresivo, de sometimiento y poder, merece castigo y no libertad; así sea, el padre, abuelo, patrón, maestro, familiar, anciano, médico o servidor público, el violador –sin excepción- es un delincuente.

La violencia y el maltrato infantil permea la vida de los menores, ronda por el ambiente familiar –incluso a veces el aula escolar- y la comunidad; ni un paso atrás para prevenir estas amenazas, al contrario, es tiempo de intensificar las acciones de sensibilización, información y orientación, que la escuela y el hogar, sean sitios seguros donde se eduque a las niñas y niños, conoczcan los valores para defenderse.

La no violencia contra las mujeres es una batalla vigente, hagamos un alto para defender a las que no pueden hacerlo, porque el silencio de una, es el grito de muchas.

¡Cero tolerancia a las agresiones contra las mujeres!

¡Alto a la violencia de niñas y adolescentes!

 
 
Texto enviado por Teresita Durán Vela, el 23 de noviembre de 2010