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(26 de enero de 2010)
Columna de Teresita (2010)

Educar para formar ciudadanos

 

La sociedad está cambiando a pasos agigantados, el acceso a nuevas tecnologías de la información en la comunicación, la globalización, la interculturalidad, así como, los cambios en la estructura familiar y su dinámica, hacen más compleja las exigencias en esta época. Por una parte, el desarrollo de la humanidad, está resintiendo el efecto de esas condiciones en su evolución, la influencia nociva de patrones y estímulos plagados de comportamientos agresivos; por otra, la función educativa de la familia, paulatinamente está debilitando sus vínculos afectivos, para dar paso a otras formas de socialización y estilos de comunicación. La situación es preocupante. Ante esa realidad, ¿Y la educación hacia dónde dirige su intencionalidad? ¿Cómo participa la escuela ante esos fenómenos sociales?

Hace unas semanas -a través de internet- tuve oportunidad de escuchar y ver a un grupo de intelectuales, destacados por sus aportaciones a la psicología y a la educación; personajes como Daniel Goleman, Linda Darling Hamond, Linda Lantieri y Álvaro Marchesi junto con el Dalai Lama (Tenzín Gyatso), compartieron sus puntos de vista, acerca de la importancia de la educación para la formación de los ciudadanos del siglo XXI. Fue interesante escuchar sus opiniones, apreciar sus coincidencias respecto a la urgencia de transformar la educación para formar ciudadanos capaces de afrontar los retos actuales. Ellos coincidieron en que la educación es la clave, y los maestros, las personas que a través de su profesión pueden influir en el desarrollo de las competencias de las nuevas generaciones de individuos.

Después de escuchar a ese grupo de investigadores y percibir su preocupación por la construcción de escuelas con escenarios más respetuosos, de confianza, no violencia, de paz y amor; en donde las actitudes positivas, habilidades, emociones y valores de los profesores sean el principal motor para formar personas respetuosas de sí mismas, del prójimo, el entorno familia y el medio ambiente. Ahora, me pregunto ¿Podrá la educación en Campeche transformarse para formar ciudadanos que el estado requiere para crecer y progresar? ¿Qué hacer para rescatar la esencia de la profesión docente y motivar al Maestro para desarrollar nuevas competencias y refirmar sus valores?

En la medida que cada educador reconozca su labor como valiosa y necesaria para empezar a construir entornos de convivencia, acepte su responsabilidad como formador de personas, sea capaz de enseñar a los alumnos, despertar el deseo de aprender, sienta compromiso moral y se pregunte ¿Por qué y para qué educar? ¿Por qué estoy en educación? ¿Cuál es mi misión? ¿Cómo educo a mis alumnos y a mis hijos? ¿Cómo me veo en esta profesión?

Cuando el maestro se autoreconozca como la persona, cuya profesión es indispensable en la vida de otras personas; esté consciente de su misión, cómo ésta tiene una gran relación con las posibilidades de cambio de su comunidad, sus hijos y su estado… cuando esas actitudes y pensamientos impulsen a los maestros cambiar para mejorar la calidad de la educación, sólo entonces se sentirán orgullosos de su profesión.

Este es momento de renovar los valores éticos de la profesión y transformar las creencias, costumbres y prácticas pasivas, por la cultura del mejoramiento profesional y la trascendencia. Ya lo decía Kant “Tan sólo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él”.

San Francisco de Campeche, Cam. Enero de 2010.

 
 
Texto enviado por Teresita Durán Vela, el 26 de enero de 2010