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(26 de octubre de 2009)
 

Alfonsina Storni. La poetisa sensible de América

 

La sensibilidad de las poetisas transparenta la sencillez de las emociones y la fortaleza de sus pensamientos; un ejemplo de ello, es Alfonsina Storni. La poesía anidó en el fondo de su alma y se vistió con rosas para cantarle al amor, a la vida, al mar y a la naturaleza entera.

Argentina la vio crecer y fue cómplice de la libertad de su palabra. Desde muy joven se atrevió a mostrar la dulzura de su voz. Su obra poética nació de su poderoso talento. En 1916 publicó “La inquietud del rosal”, en 1918 “El dulce daño”, en 1919 “Irremediablemente” y “Languidez” en 1920; estos libros fueron las ventanas para mirar el fondo del corazón de esta mujer que más tarde compartiera con Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou, Rubén Darío, Amado Nervo, entre otros de la época dorada en Latinoamérica del Modernismo.

En los versos de Storni se aprecia la métrica y la melodía, como formas singulares de sus poemas. Cada composición es reflejo de astros escondidos en el cuerpo y perfumes guardados en el alma. Por ejemplo, de su libro “Irremediablemente” el poema:

 

“Tanta dulzura”

Tanta dulzura alcánzame tu mano,
que pienso si las frutas te engendraron,
si abejas con su miel te amamantaron
y si eres nieto excelso del verano.

Tanta dulzura no es de rango humano:
los dioses tus pañales perfumaron,
sobre tu sangre roja destilaron
ojos de niños, lasitud de llano.

Tanta dulzura, que cayendo al alma
mueve esperanzas, le procura calma
y todo anhelo de virtud corona.

Tanta dulzura, para bien sentida,
que digo al mal que me consume: olvida.
Y al fuerte daño que me dan: perdona.

 

“Epitafio para mi tumba” (Del libro “Ocre”, 1925).

Aquí descanso yo: dice Alfonsina,
el epitafio claro, al que se inclina.

Aquí descanso yo, y en este pozo,
pues no siento, me solazo y gozo.

Los turbios ojos muertos ya no giran,
los labios, desgranados, no suspiran.

Duermo mi sueño eterno a pierna suelta,
me llaman y no quiero darme vuelta.

Tengo la tierra encima, y no la siento,
llega el invierno y no me enfría el viento.

El verano mis sueños no madura,
la primavera el pulso no me apura.

El corazón no tiembla, salta o late,
fuera estoy de la línea de combate.

 

La madurez creativa de esta mujer de letras, le permitió ser considerada una las mejores escritoras de habla española. Aquella sensibilidad de sus versos inundó la fragilidad de su cuerpo y trágicamente un día de octubre, con su inesperada partida, un gran legado heredó. Este mes, se cumplieron 71 años de aquel triste día para las letras de América; pero aun por décadas, su obra despierta el más noble de los sentimientos: el amor.

 

¿Te acuerdas? (Del libro “La inquietud del rosal”)

Mi boca con un ósculo travieso
buscó a tus golondrinas, traicioneras,
y sentí sus pestañas prisioneras
palpitando en las combas con mi beso.

Me libró la materia de su peso…
pasó por mí un fulgor de primaveras
y el alma anestesiada de quimeras
conoció la fruición del embeleso.

Fue un momento de paz tan exquisito
que yo sorbí la luz del infinito
y me asaltó el deseo de llorar.

¿Te acuerdas que la tarde se moría
y mientras susurrabas: ¡Mía! ¡Mía!
Como un niño me puse a sollozar?

Octubre de 2009.

 
 
Texto enviado por Teresita Durán Vela, el 26 de octubre de 2009