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(7 de mayo de 2008)
 

Elogios a una Madre

 

Madre mía,
tu sonrisa eterna,
ilumina la noche y el día;
tu andar,
las huellas de mi vida.

Una de tantas tradiciones mexicanas,  es la celebración del día de las madres, un acontecimiento social; eminentemente familiar. Así es, en el calendario, se ha dispuesto el 10 de mayo, para honrar a las Madres, día ideal, para la unión y la convivencia, en torno a la mujer, cuya vida crea vida. Dicha fecha es un pretexto social y comercial, casi intencionado por el ambiente, pero no condicionado, para expresar con libertad y sinceridad los sentimientos, a ese ser invaluable, a quien se le debe la vida.

La generosidad de la creación, ha dispuesto para la especie humana,  un vínculo afectivo indisoluble, entre madres e hijos;  es tal, el poder del apego a su existencia, que el hombre a cualquier edad, siente en la mirada de mamá, la luz que ilumina su andar; percibe en su voz, la caricia al oído y el consejo  en el momento preciso;  su intuición indescriptible, no se equivoca, tiene la sensibilidad a flor de piel y coraje para defender a sus críos.

Una Madre, es símbolo eterno de protección, ayuda, compañía; consagra su ser a los hijos, entrega en todo momento, trabajo y tiempo a las actividades del hogar. Ningún otro ser humano, podrá sustituir la imagen dulce, ni el calor de su regazo, mucho menos, el aroma de sus senos; ella representa un oasis: se puede llegar sediento de afecto, buscando alegría, olvidando algún dolor, llorar sobre sus hombros o simplemente, para encontrar regocijo, con sólo mirarle el rostro.

Elogiar las cualidades o reconocer sus aptitudes, no requiere de pruebas especializadas, es suficiente, su presencia para admirar sus fortalezas; cuando deja de estar físicamente, su recuerdo aviva, todas sus virtudes; por eso, en vida, debe recibir todo cuanto pueda recibir; después,  las flores por muy frescas que parezcan, no rociarán la fragancia a sus manos.

¡Qué lindas mujeres! Dios las bendijo con la maternidad, ellas merecen respeto las 24 horas  del día, no importa la fecha o el mes, para halagarlas, cada instante de su existencia y en cada etapa de su vida, Mamá añora la felicidad para sus vástagos; su generosidad florece  en todas las estaciones del año y su amor no se extingue, aunque el fuego del coraje encienda su temperamento, ella –con inteligencia- calma la tempestad de sus regaños para convertirlos en sutiles caricias.

A través de estas líneas, envío cariñosamente a esas valientes mujeres, mi respeto y admiración por siempre.

 A mi Señora Madre, mi gratitud.

¡Felicidades a todas las Madres!

San Francisco de Campeche, Cam. 7 de mayo de 2008.

 
 
Texto enviado por su autora. 7 de mayo de 2008