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(3 de septiembre de 2007)
 

Primer Informe Presidencial. La controversia / Teresita Durán Vela

 

Una de las disposiciones constitucionales en México, establece que el Presidente de la República Mexicana, tiene la obligación civil de informar a los ciudadanos, acerca del estado actual que guarda la administración federaly el país. Un acto cívico-político, que congrega los tres poderes en el Congreso de la Unión, Secretarios de Estado, partidos políticos, gobernadores y la élite de la nación; digamos un encuentro de las más altas jerarquías gubernamentales, en donde, bajo un marco protocolario y solemne, se realiza uno de los actos canónicos de la nación: el mensaje del Ejecutivo a la nación.

Durante más de 70 años, el formato de dicho acto solemne, se ajustaba a las disposiciones impuestas y al interés del Ejecutivo Federal;  un evento al que asistían además de los legisladores, los secretarios de Estado; este evento, obligaba a los representantes de los sectores populares, líderes sindicales y otros grupos afines al partido del poder, a asistir y aplaudir el discurso presidencial, aunque éste estuviere lejos de la realidad o de la transparencia de la administración pública. Bajo esas condiciones, la cita en el Congreso, se convertía así, en una reunión pasiva, en donde el auditorio, se limtaba a seguir –con o sin atención- el discurso presidencial; así, poco o nada importaba, la ceremonia del inicio de sesiones ordinarias de la Cámara, eso, era secundario; lo más importante del 1° de septiembre, desde que era niña, era el “informe”.

Desde hace unos atrás, aquella ceremonia de total respeto, a la investidura presidencial, fue cambiando: los grupos parlamentarios de oposición, empezaron a manifestarse, mediante rechiflas, pancartas, gritos, insultos, empujones, “escándalos”, etc…los ánimos, cambiaron de color y el intercambio verbal entre legisladores, fue subiendo de calibre y de tono; olvidaron principios de civilidad y patriotismo, su comportamiento, reflejaba inmadurez política y la democracia, era un fantasma.

Basta recordar las interrupciones de grupos de diputados y senadores, durante la lectura del informe del Presidente o los actos vandálicos de algunos legisladores en el recinto de San Lázaro; al fin, el poder legislativo, evaluó el comportamiento de las últimas legislaturas y se animó, a imponer su condición de soberanía. La pluralidad y en plena construcción de la democracia, las bancadas de los partidos, demandaron, discutieron y propusieron modificar el protocolo de la ceremonia del 1° de septiembre; fueron días de discusión, desgaste anímico, enfrentamiento ideológico, agresiones, difamaciones…que traían en vilo a los medios de comunicación, a los ciudadanos y a las instituciones gubernamentales.

Finalmente, a pocas horas del inicio de la apertura de sesiones, ya habían acuerdos. No hay duda, el evento fue singular; quizá, la vieja forma, la de costumbre, cambió de forma, nada más. El Presidente Calderón, cumpliendo lo señalado en la Constitución Política, entregó a la Presidencia de la Cámara, el informe por escrito, de las condiciones y estado actual de la nación; se presentó bajo el estricto protocolo acostumbrado y llegó a la mesa directiva, para entregar un volumen del documento final del informe, de los primeros meses de gobierno; un texto extenso cuyo contenido, seguramente será “blanco” de futuros  enfrentamientos entre las bancadas del PRI, PAN Y PRD.

La adminitración de Felipe Calderón, empieza a experimentar cambios; al no poder dirigir un mensaje a la ciudadanía desde San Lázaro, se limitó a invitar públicamente a los legisladores a un diálogo abierto; no presenció los honores a la bandera, arribó después; cuando la diputada del PRD –Presidenta en turno- se disculpó y se retiró, para no recibir el texto del informe, dizque iba en contra de sus principios.

Ante tales circunstancias, el Presidente, no le quedó más que acatar y respetar los acuerdos parlamentarios. Sin embargo, el mensaje a la ciudadanía, lo emitió desde Palacio Nacional, un día despúes de haber acudido a la Cámara de Diputados y ante la oposición, agresión e inconformidades de muchas personas; el discurso oficial y la ceremonia, se transmitieron en cadena nacional, a todos los rincones del país.

El mensaje del Presidente posterior a la entrega del informe, siempre será un acto cívico-político, sea en San Lázaro o en Palacio Nacional, es deber de comunicar a los mexicanos, conminar a la nación entera y a sus organizaciones, a ser parte del proyecto nacional; es la ocasión que tenemos, los ciudadanos comunes, a enterarnos del balance, del rumbo del país, de la situación y el compromiso de nuestro gobierno con el pueblo y el mundo.

 
 
Texto enviado por su autora. 2 de septiembre de 2007