Sus padres fueron Adolfo Mijangos Herrera y Manuela Pérez Barredo; sus hermanos Aída, Silvio y Adolfo. Contrajo nupcias con Rubén Carvajal Caamal, con quien procreó a Manuel, José Jacinto (+), José Alberto (+) y Ana Beatriz.
Sus estudios de educación primaria los efectuó en la Escuela primaria “Mateo Reyes”. Desde pequeña, su abuelo le enseñó a tocar la guitarra, instrumento que le sirvió para realizarse como guitarrista y cantante, que le abrió las puertas para destacar en este bello arte.
SU TRAYECTORIA.- En sus años de juventud fue integrante de un conjunto musical que formó el profesor Azael Pérez Rodríguez, el cual lo integraban varias señoritas: las hermanas Herrera Sosa, Sofía Mijangos y otras. Un día que se suspendió el carnaval en la ciudad, amenizaron un baile en la esquina de la casa de su abuelo (en la calle 20x17). Mons. Gonzalo Balmes Noceda (+) la invitó a ella y a otras jóvenes a integrar un coro de voces que amenizara las misas de la parroquia, esto fue por el año de 1965 en que inicia su primer coro de voces de música sacra. Lo integraron respetables señoras como Rita Millán Sánchez, Fidencia y María Candelaria Carril Ek, Florinda Felipa y Zoila María Sosa Cabrera, Concepción Rivero, Celestina Cámara, Etelvina Avilés M., Armando Caamal Matos, Jorge Paredes C., Manuel Carvajal, Manuel Mas, Alejo Pérez y otros.
Fue Embajadora en dos ocasiones de la Sociedad Cultural “Aurora”; igualmente, dos veces en la Sociedad Cultural “Reyde”, donde destacó por su entusiasmo. Fue pionera del tradicional Baile de Quinceañeras (actualmente desaparecido), éste se realizaba anualmente en la mencionada sociedad.
De igual manera, organizó por 15 años estudiantinas y comparsas de casados jóvenes, que tomaban parte en los carnavales de la ciudad; se mencionan “Los churumbeles”, “Jalisco”, “Campechanos”,” Los chavos del 8” y “Los macehuales” (éstos, ganadores del 1er. Lugar en 1981).
Fue pionera del grupo católico de Renovación del Espíritu Santo, junto con otras fue pilar de este movimiento.
EL CORO DE DOÑA ANA: Su coro de voces lo integraban cerca de 15 personas, con voces bien acopladas, éstas eran acompañadas con instrumentos: guitarras, mandolinas, panderos, contrabajo, etc.; escucharlo era un gran regocijo para el espíritu, uno de los mejores que ha habido en esta ciudad; lo contrataban en casi todas las misas especiales. El coro era muy solicitado para bodas, quinceañeras; recorrió gran parte de la península de Yucatán: Chetumal, Ticul, Mérida, Maxcanú, Tenabo, Ciudad del Carmen, Escárcega. Una vez, alternaron en la Catedral de Campeche con la “Romanza Campeche”; de igual manera, participaron en una misa concelebrada con motivo de una “Convención Nacional de Grupos Católicos”, realizada en este lugar. En su amplio repertorio interpretaban diferentes tipos de cantos de misas como La panamericana, La estudiantina, La popular. Este coro renovaba las voces, ya que por compromisos de los integrantes se retiraban. Como todo principio, tuvo su fin la vida de este magnífico coro de música sacra.
La última actuación: fue en 2006 a invitación del Pbro. Cirilo Ruiz López (+), ex párroco local, quien le pidió a doña Anita que le tocaran la misa en ocasión de su onomástico, y después le entonaron "Las mañanitas" en el refrigerio; ahí doña Ana cantó y bailó.
Doña Anita ha dejado una huella difícil de borrar en el firmamento artístico de la ciudad; se apagó una artista a carta cabal, era de carácter alegre, platicadora y de buen corazón. A raíz del fallecimiento de su esposo, don Rubén, entrega su alma al Creador siete días después de la partida de su pareja. Su fallecimiento fue repentino; en verdad sus vidas fueron “una historia de amor verdadero”, comentan sus hijos y nietos.
Calkiní. Campeche. Noviembre de 2013.