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Ponciano Blanqueto Avilés (1919-2009)
Actualización: 5 de diciembre de 2011
Ramón Suárez Caamal
 

Ponciano Blanqueto Avilés nació en Calkiní, Campeche, el 19 de noviembre de 1919. Sus padres fueron Gerónimo Blanqueto Segovia y Rita Avilés Rosado.Sus hermanos: Lucila, Elena, Margarita, Rita María, Gerónimo y Norma.

Cursó sus estudios primarios en la escuela “Mateo Reyes”.

Desde pequeño demostró su gusto por la música, la cual la hereda de su progenitor, quien le dio las primeras lecciones y a quien acompañóen varias presentaciones, aprendiendo a tocar la trompeta con gran facilidad.

En 1928, participa en obras teatrales del grupo cultural “Aurora”, presentándose en diversos lugares de la península yucateca.

 

El 20 de enero de 1940 se desposa con Hilde Cuevas Sánchez y procrean a Mario Jesús, Ana Idelisa, Rita María y Guadalupe Socorro.

En el mismo año, la afición por la música lo hacen formar la Orquesta “Aurora”, dirigida por él y contando con el apoyo de Santiago Sosa Cabrera y Alberto Calán (trompetas 2 y 3), Indalecio Avilés Herrera (trombón), Alejandro Blanqueto Huchín (saxofón), Salvador Rodríguez Estrada (baterista), Gorgonio Pat (bajo), Roger Herrera (cantante), Ermilo Avilés Herrera y Edilberto Pat.

En 1942 llegó a Mérida, Yucatán, donde el maestro Rubén Darío Herrera, compositor y director de bandas, lo invitó a formar parte de su orquesta, como trompetista; desde entonces, Ponciano fue conocido en el medio como el “Chamaco de Oro”. En esa ciudad, siendo autodidacta, estudió solfeo. Rubén Darío necesitó de un trompetista para su orquesta jaranera, y al oírlo tocar lo invitó a trabajar con él. Con un nombre bien ganado, participó en varias orquestas.

En 1957, con ayuda de amigos y músicos, nace la “Orquesta de Ponciano Blanqueto”, catalogada como una de las mejores del Sureste mexicano. Parte de su éxito descansa en los hombros de Pedro Barrón Aranda, “El Chato Barrón”, quien compuso la mayoría de las canciones que lo impulsaron a la fama como “América linda”, “Aurora”, “Lupita” e “Hilda Josefina”.

El grupo viajó por varios estados de la República y el Sur de Estados Unidos. Fue la primera orquesta yucateca que contó con un autobús propio; surgieron discos de larga duración con títulos como “La jarana”, “Jaranas yucatecas” y “Bailando en Yucatán”.

En aquellos tiempos, la juventud bailaba al ritmo del naciente “rock and roll”; mambos, danzones o chachachá, con grupos musicales que apenas nacían, como “Los Aragón” o “Weyler y sus Cometas”, y de manera más formal con la Orquesta de Ponciano Blanqueto, ya que ésta era sinónimo de mayor categoría, participando en los carnavales de Mérida, la cual atraía a muchas multitudes, presentándose en los locales del Shangai, Centro Campestre, La Unión o Club Deportivo Bancarios”; para despedir los fines de año de los socios del Country Club; en las grandes temporadas de Progreso.

En los salones del “Club Cocoteros” bailaban al ritmo de Ponciano y sus 20 solistas, llamados así, porque todos, además de tocar, cantaban y bailaban.

Ponciano realizó numerosas giras por la Península. La ciudad de Calkiní y sus alrededores tuvieron la oportunidad, en múltiples ocasiones, de bailar al compás de tan renombrada orquesta, que en sus presentaciones intercambiaba un repertorio con temas donde se lucían los ternos y alpargatas, al compás de “El Burro”, una de sus piezas más populares, igual que “El teléfono a larga distancia”.

Una costumbre de los años 50, era que muchos alcaldes pagaran para que la orquesta compusiera jaranas dedicadas a sus esposas; surgen “Danice”, “Fanny María”, “Leyla Lucely”, “Vicentita”, “Ana Maria”, “Seyé inolvidable”…

El fin de los éxitos de esta orquesta coincide con la formación de la Orquesta Folklórica de Mérida. Por su reconocida calidad, Ponciano es invitado a formar parte de una orquesta local, que se presentaría en la capital del país, con motivo de las Olimpiadas de 1968.

En el vuelo de regreso, el músico coincidió con el alcalde panista Correa Rachó. Un reportero del gobierno le tomó una fotografía en la terminal aérea, justo cuando ambos personajes intercambiaban saludos. Fue la gota que derramó el vaso, ya que a partir de ese momento, se ordenó que no se le diera ningún contrato a la famosa banda, desintegrándose en 1969.

Sin ningún contrato, sus integrantes fueron vendiendo poco a poco lo adquirido: el autobús, los trajes, las trompetas (hasta una trompeta alemana con chapa de oro y con la que abría sus actuaciones con la famosa pieza “Ponciano”).

En 1970 nuevos ritmos comenzaron a surgir en Mérida, con grupos modernos de pocos integrantes. A las orquestas ya no las contrataban y al poco tiempo decayeron.

Durante dos años trabaja como administrador de un hotel, en Mazatlán, Sinaloa. Al volver a Mérida, se emplea en el mismo puesto en otro hotel.

Por su alejamiento de la música, Ponciano cae en una depresión. En agosto de 1987 sufre un infarto (en el 2001, otro ataque acabó con sus fuerzas).

El 1º de febrero de 1997 recibió un merecido “reconocimiento” de parte del gobierno de Yucatán, por su larga y brillante trayectoria musical.

Ponciano Blanqueto Avilés pagó el obligado tributo a la naturaleza, el 15 de septiembre de 2009, en la ciudad de Mérida.

 
 
 
 

Fuentes: Calkinienses Ilustres. Fred Berzunza Chacón. Calkiní, Campeche, 1992. 42 Págs. / Se apaga uno de los mejores músicos de Calkiní: Ponciano Blanqueto (1919-2009). Carlos Fernández Canul, en la revista “El corazón de Ah’Canul” Núm. 9 (noviembre-diciembre 2009) y Núm. 10 (enero-febrero 2010). Calkiní, Campeche. // Fotos: Proporcionada por Margarita Blanqueto Avilés, 2003.