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Dedico
estos dos sonetos a la escuela, de la cual recibí enseñanzas
que dejaron huellas imborrables en mi memoria. A través de
28 versos, agradezco la instrucción necesaria para mi formación
docente (1977-1981), así como en la iniciación de
mi carrera literaria (1978); en especial por la atención
prestada por el maestro de Español, Prof. José Alpuche
Cuevas.
Santiago
Canto Sosa
1
La patria y la razón dieron su pluma
para escribir tu nombre que consuela;
en tus pupitres, el maestro anhela
armar su corazón contra la bruma.
El
alfabeto se acercó a la suma
y fue el origen de tu luz en vela;
de allí nació la imagen de la escuela
que me enseñó el dialecto de la pluma.
Cómo
alejarme de tu voz constante
si escucho tus recuerdos cada día
con palabras de niños en orquesta.
Cómo
dejar de hablar del estudiante
que se sienta en las bancas de alegría
y respira tu magna biblioteca.
2
La ruta de tus métodos: el norte;
al sur tu corazón-aprendizaje;
tu vocación al este del lenguaje,
sin atadura, sin dolor ni corte.
Naciste
de otra escuela, del aporte
de Calkiní que te heredó su traje;
se destiló el silencio en el paisaje
cuando un alumno no encontraba el norte.
Aquí
en la tierra de Ah-Canul reboza
el eterno saludo de la ciencia,
que ciñe al pensamiento, sin medida.
Lo
invita a celebrar en cada cosa,
¡a sembrar en las manos tu paciencia
y a cosechar amor hacia la vida!
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Fuente:
CANTO
SOSA, Santiago. Los ojos de
Ah-Canul. Reseñas y Comentarios, 2000-2002. Calkiní, Campeche.
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