| Detrás
de todas las crisis que vive el mundo se encuentra un déficit
que no es el económico, sino la falta de ética
en una cultura que se ha globalizado al margen de las normas
naturales. Imperan las ideologías impuestas que no hacen
valer, valores tan fundamentales como la dignidad humana. Todo
ser humano merece una educación intensiva y extensiva,
sin adoctrinamientos, cimentada sobre el nervio irrenunciable
de la ley moral natural. En un momento en el que nos desbordan
las preocupaciones ante los gérmenes de tantos peligros
contra la vida humana, urge redescubrir aquello que la naturaleza
nos une y, bajo esta sabiduría innata, establecer los
diálogos. A Europa le ha perdido la competitividad, el
excesivo poder sin moralidad de control alguno, el que cada
país en vez de apostar por un proyecto realmente europeísta
común, no mire más allá de sus propias
fronteras. La gobernanza global exige tantos programas educativos
globales para formar generaciones mundializadas como poderes
sustentados en una ética universal. ¿Qué
pasará con aquellos jóvenes cuya conciencia haya
sido formada para competir nada más, lejos de conceptos
tan básicos como puede ser la verdad, el amor, la libertad…?
¿Qué capacidad de discernimiento van a tener en
un futuro para poder discernir los gobiernos corruptos de los
éticos? Las inversiones en favor de las deontologías
tienen que ganar fuerza si queremos realmente salir de las vicisitudes
que nos golpean y agolpan a todos.
Todo
el mundo habla, todo el mundo dice que debemos mejorar los sistemas
educativos. En España, por ejemplo, el Tribunal Supremo
acaba de pronunciarse a raíz de la controvertida materia
de “educación para la ciudadanía”,
prohibiendo el adoctrinamiento. El mero hecho que el poder judicial
haya tenido que pronunciarse al respecto, nos indica que hemos
avanzado muy poco en el espíritu democrático,
sobre todo en el del sentido común. En cualquier caso,
¿qué educación estamos impartiendo, si
niños y adolescentes españoles, levantan la mano
a sus progenitores como si fuese algo normal? No debemos olvidar
que, al menos en quince países de Europa, el suicidio
es la principal causa de muerte de los jóvenes. ¿Qué
formación ofrecemos para no ilusionar a la juventud?
Qué decir, igualmente, de esos otros mundos, a los que
hemos globalizado también, que todavía no han
logrado la enseñanza primaria universal. Las noticias
sobre la violencia juvenil y las muertes en occidente son realidades
que exigen una emergencia educativa. Hay que injertar en el
arbolado joven de todo el planetario una educación moral
que globalice, dejarse de partidismos y universalizar abecedarios
educadores y educativos. “El futuro pertenece a la nación
que mejor eduque a sus ciudadanos”, proclamó no
hace mucho Obama. En cualquier caso, pienso que falta en el
mundo una auténtica conciencia educadora y educativa
que nos enraíce en la dirección natural, antes
que las posiciones opuestas nos ganen la delantera y puedan
originar un choque de civilizaciones, por la ausencia de valores
primarios y primeros en las enseñanzas. Donde cohabita
la educación, la forma más alta de reencontrarnos,
no hay distinción ni enfrentamiento, el diálogo
suele germinar por si mismo. Cuando no se impone el razonamiento,
es que la educación ha fracasado, puesto que su naciente
línea de trabajo ha de ser generar personas comprensivas,
deseosas de convertirse en buenos ciudadanos.
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