| Resulta
que ahora la política se ventila con un título
de crédito, en virtud del cual el papá Estado
que actúa como librador ciudadano, libra unas migajas
a favor del gentío que considera posibles votantes. Así
surgen, a dos pasos de las elecciones, el invento de la ratonera
de cheques, donde el cebo es, ni más ni menos que ponernos
la miel en los labios, tenernos contentos hasta los comicios,
que los defraudados sean cuatro gatos, y después si te
vi ni me acuerdo. La guinda del cheque-regalo es una embriaguez
que ciega como a Eva le cegó la manzana. Hasta ahora
sabíamos de las comisiones que son tácitos cheques
de gratitud al político en el poder, de la emisión
de algunos cheques en blanco como se ha puesto de manifiesto
con los más escandalosos actos de corrupción ladrillera,
de cheques de viajero a lugares exóticos para políticos
necesitados de cariños, pero lo que no podíamos
imaginar es que los tipos de cheques se disparasen con esa alegría,
como si fuese darle a un programa de impresión. Hay que
ver lo que hace la inminente convocatoria a las urnas: cebarnos
de cheques.
No
seré yo el que diga que no está bien que el pueblo
salte de alegría, ya me gustaría que fuese todo
morador, aunque a propósito me viene a la memoria una
célebre frase de un escritor polaco de origen judío,
Stanislaw Jerzy Lec, al advertirnos de que cuando saltásemos,
también cuidáramos de que nadie nos quitara la
tierra debajo de los pies. De momento, ahí está
el gran salto de los cheques: el cheque-bebé, cheque-vivienda,
cheque-libros, y otros que irán surgiendo hasta las urnas,
como si Moncloa fuese una tómbola. ¿Qué
pasará cuando las elecciones ya se hayan celebrado y
no sea necesario el cheque-voto o cheque electoralista? ¿Tendremos
otros cuatro años de resaca social? En cualquier caso,
pienso que los planes para la inclusión social son algo
más complejos. Por desgracia, no pueden resolverse con
un puntual y oportunista cheque al marginal.
A
golpe de cheque, la pobreza y exclusión social, no merma.
Bien es verdad que buena parte de los sectores que integran
la política social han sido transferidos a las Comunidades
Autónomas, lo que también ha agravado el desequilibrio
entre regiones. La solidaridad, como también lo social,
suele quedar en la letra y en el espíritu de la ley.
Lo cierto es que las empresas, en menos que canta un gallo,
se trasladan de una parte a otra del planeta en busca de la
reducción de costes, de mano de obra barata, y obtención
de mayores beneficios, dejando en el desempleo a miles de trabajadores.
¿Qué tipo de desarrollo es éste que no
respeta a las personas, que las selecciona a su antojo discriminatorio
y sin humanidad alguna?
Más
que cheques cebo habría que articular mecanismos de transparencia
redistribuidores de la riqueza, a través de los cuales
se buscasen salidas para disminuir las galopantes desigualdades.
Protección social sí, es de justicia, frente al
estado personal de empobrecimiento que viven algunos ciudadanos
españoles, a los que los opulentos suelen hacerles asco,
y, asimismo, frente a la exclusión social que atañe
a grupos sociales y que encierran carencias económicas,
sociales, culturales…Por ello, pienso que las Comunidades
y el propio Estado tienen el deber moral, no de extender la
moda del cheque-voto, y si de aumentar las inversiones públicas
y privadas, de fomentar el acceso al pleno empleo y a todos
los servicios, derechos y bienes a las personas en previsible
riesgo de marginalidad; y a movilizar con sus políticas,
a todos los agentes sociales, actuando a favor de las personas
y grupos más vulnerables. Eso si que sería una
buena libranza integradora y de seguridad, porque lo del cheque-para
todo; es pan para hoy, hambre para mañana. Que no nos
engañen. Un respeto.
|