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La
idea, o mejor dicho la convocatoria, de la escritora chilena
Gabriela Mistral, a sabiendas de que el ejemplo vale más
que toda ley humana, creo que puede darnos luz a un mundo sin
límite, sobre todo en cuanto a la ambición de
riqueza y poderío. Dice así el pensamiento: “Donde
haya un árbol que plantar, plántalo tú.
Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú.
Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú.
Sé tú el que aparta la piedra del camino”.
Viene a decir, que seamos los primeros en abrir camino, pero
no como dioses, sino con la virtud de entrar en sí mismo,
en lo más profundo de la propia entidad, ahondando en
esa dimensión de persona, para donarse como los hijos
del verso y la palabra. Lo malo es que hay tantos pedruscos
en cada paso, que no hay siesta suficiente para tomar aliento.
Hasta el aire nos lo han adoctrinado para que la confusión
nos vuelva de un lirismo idiota sin precedentes. Las ideas
van de acá para allá, a la velocidad de las galaxias,
pero cada cual las toma como puede o le dejan.
En
todo caso, pienso que no es fácil en los tiempos
que corren oírse, hallarse en el esfuerzo interior para
poder discernir el esfuerzo colectivo que nos interesa. Realmente,
son muchas las fuerzas contrarias, las corrientes exteriores
que nos pierden. Hay esfuerzos que no vale la pena gastar energía
alguna. Sin embargo, otros bríos, como respiran las
anteriores sílabas de Mistral, accesibles a todo bicho
viviente, una vez acogidas en el pensamiento y en la vida,
seguro que nos transforman sometiendo los pronombres a la conjugación
de todos los tiempos; creando praxis, costumbres y usos que
nos solidarizan. Por desgracia, entre los moradores existen
muchas soledades pobladas de dioses aburridos, que sólo
se quieren a si mismo, y que su esfuerzo no pasa de su imagen,
de la primera conjugación: primero yo, después
yo, y, si sobra algo, para mi también.
El
mayor de los esfuerzos se lo lleva la familia unida, la de
siempre. Luego explicaré por qué. Lejos quedan
también esos matrimonios llamados, por tradición
mística en brazo de los siglos, a ser una flor en el
jardín de la vida, crecientes en ternura y en el esfuerzo
compartido, frente a una mentalidad egocéntrica e individualista
que impera en la sociedad actual, donde todo se despersonaliza
y lo único que se personifica es el negocio contractual,
con los consabidos resultados evasivos: lechos a solas con
residencia donde habite el olvido, baños en alcohol
y drogas, planeamiento de venganzas… Desde luego, hoy
en día la familia que lo es, tanto de puertas adentro
como de puertas afuera, porque la estabilidad no brota de la
noche a la mañana, sino en el esfuerzo diario, lo que
exige sacrificio y búsqueda incesante de comprensión
mutua, ayudan a la sociedad, sean creyentes o no lo sean, a
respirar los auténticos valores humanos.
Pienso
que la lección del amor es un buen repelente
para los negocios descarados que nos meten por los ojos. Aparte
de que el esfuerzo familiar para pagar la hipoteca esté ya
en el límite, cohabitan otras barreras que aún
no se han levantado por mucha legislación dictada, lo
que no quiere decir que se aplique. Tan solo unos ejemplos:
respecto a un trabajo de la mujer no compatible con su situación
de esposa y madre; en relación a una cultura del éxito
que no permite a quien trabaja hacer compatible su competencia
profesional con la dedicación a su familia a la que
ha de prestar tiempo y horarios laborables que aún,
no pocos, llevan la especificidad de dedicación exclusiva;
en referencia a los principios y ejecución de la educación
querida para los hijos, cuando todavía no se tiene ni
libertad para elegir la escuela que los padres quieran; acerca
del tratamiento fiscal que, incluso, el IRPF beneficia a los
contribuyentes que optan por la separación individual
en vez de la conjunta…Podríamos seguir y caeríamos
rendidos sin haber descrito todas las injustas situaciones
que soporta hoy la familia, anterior al Estado y que, absurdamente,
ese Estado, en nombre de no se qué poder omnipresente
y arbitrario, en demasiadas ocasiones se apropia de derechos
que son de familia y para la familia.
Ahí está otro negocio descarado más,
alrededor de la familia, que exige una buena dosis de coherencia
y de esfuerzo para no caer en las garras de la transacción,
hablo de la fecundación in vitro. Robert Winston, profesor
de estudios de fertilidad en el Imperial College de Londres,
aseveraba que las clínicas se han corrompido por el
dinero. Y los médicos explotan a las mujeres inquietas
por quedarse embarazadas. “Es muy fácil explotar
a la gente por el hecho de que están desesperadas y
tú tienes la tecnología que ellos quieren, que
puede que no funcione”, afirmaba. Ante estos hechos,
uno pregunta si el amor aún existe o si es ya también
un sueño de románticos poetas. ¡Cuánta
insensibilidad! Oiga, que nos quieren anestesiar el cerebro.
Me rebelo. Somos algo más que elementos biológicos,
que lienzos corporales, donde los dominadores puedan jugar
con nosotros como les venga en gana. Precisamente, el fanatismo
gravita redoblando el esfuerzo, pero olvida el origen, hace
la guerra destruyendo el espíritu humano.
La
mayor de las victorias, en todo caso, sería un esfuerzo,
el necesario para abrir los ojos, puesto que el ser humano
se empobrece siendo sólo la rosa de los deseos. Necesitamos
amor y cuidados, familia y amigos, encontrar una respuesta,
que no se compre ni se venda en ningún mercado, sobre
quiénes somos (el quién es quién) y por
qué todavía vivimos con las torres del dinero
a las espaldas. El tiempo sabe a lucro, a negocio a costa del
esfuerzo ajeno. No hay valor capaz de desterrarlo, por puro
adoctrinamiento del que lo posee. Al perro que tiene dinero
se le llama señor perro. ¿No habíamos
quitado los tratamientos? Otra falsedad más de los mercaderes.
El negocio no entiende de corazón y el esfuerzo es un
castigo del poder mundano. Las víctimas, las pobres
de entre las pobres familias. |