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Desde
que los mejores médicos del mundo han sido los doctores
Dieta, Reposo y Alegría, por cierto especialistas en
la dieta Mediterránea, la capacidad de entusiasmo rechaza
a los más intrépidos virus. Ya, en su tiempo,
Cervantes conjugó la literatura con la salud de todo
el cuerpo y advirtió que se fragua en la oficina del
estómago. Es máxima que los profesionales de la
medicina trabajen para conservarnos la salud, pero ya me dirán
cómo pueden hacerlo si nuestros prácticas alimenticias
se dislocan. Pues, ahora también, la Ministra Elena Espinosa
está dispuesta a complementar la educación para
la ciudadanía, bajo el estilo del comer saludable. No
se ha cortado un pelo a la hora de poner el mantel y la mesa
repleta de legumbres, cereales, frutas, verduras, pescado, carnes
de aves…, y solicitar a la UNESCO que inscriba en la lista
del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad estos manjares
que levantan el ánimo a cualquiera.
La
cuestión no es cebarse, aunque la vida sea amarga y nos
abra el apetito en demasíe, sino tomar alimento justo
y aliento sereno. Elena Espinosa se lo ha tomado en serio y
ha manifestado el compromiso de fomentar el estudio, la investigación
y la difusión del acervo milenario que representa la
dieta Mediterránea, reconociendo que, como demuestran
todos los estudios científicos hasta la fecha, este inmenso
patrimonio inmaterial que representa este estilo de darle a
la boca, forjado en la confluencia de continentes y culturas,
comporta beneficios importantes para la salud humana y en consecuencia
contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas.
Además,
hay más beneficios en la gratísima dieta Mediterránea,
al parecer estimula la producción y consumo locales,
fomenta una agricultura respetuosa con el medio ambiente y promueve
los intercambios e iniciativas regionales, contribuyendo al
diálogo cultural, a la transferencia de conocimientos
y tecnología y a la revitalización económica
y social de todas las comunidades del Mare Nostrum. Quizás
falte una cosa más, aprovechando que los Ministerios
han de ser solidarios unos para con otros, debiera formarse
un tripartito de apoyo a Elena Espinosa (de Agricultura, pesca
y alimentación) entre la Ministra de Cultura, la de Vivienda
y la de Educación y Ciencia. Me explico. La de Cultura
para cultivar conversaciones interesantes y no caer en el aburrimiento.
Es fundamental buscar a alguien con quien comer y beber antes
de buscar algo que comer y beber. Los tiempos no son fáciles
para este ligue. La de Vivienda, que incluya en el nuevo plan
estatal 2005-2008, donde se pretende favorecer (aunque sea de
boquilla) el acceso de los ciudadanos a la vivienda, la doctrina
de compartir puchero a través del patio de vecinos. La
otra dama ministerial, de Educación, incluya como ejercicio
práctico del adoctrinamiento del bloque 2, la vida en
comunidad, los valores cívicos de invitar a un excluido
a tomar mesa.
Sólo
me empacha una cosa de la dieta Mediterránea, que aún
viva el perro del hortelano, aquel que no come las berzas ni
las deja comer a su amo. O el glotón que todo le es poco
para llevárselo a los labios. Yo creo que todavía
no es demasiado tarde para construir una utopía que nos
permita sentarnos todos a la mesa de nuestro mar, a beber aires
de nuestra tierra, condimentados con la sal del afecto.
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