Ya
en su tiempo, dijo Machado, que el hombre no es hombre mientras
no oye su nombre de labios de una mujer. Es cierto, sólo ella, puede cambiar el rumbo de una
sociedad. Ahí está su labor callada, pero constante,
a lo largo de la historia. Sin duda, por esta razón,
hace tiempo que se viene generando el cambio. Aquella Grecia
de Platón y Aristóteles donde ser mujer, desde
luego no era algo deseable, puesto que tenían el mismo
status social que los esclavos, ya es historia innombrable.
A Dios gracias. Qué menos que igualdad de dignidad,
hembra-varón. Esa es la línea a fortalecer, la
plena igualdad con el hombre.
También coincido con Rubén Darío, de
que sin la mujer, la vida es pura prosa. El hecho de la complementariedad
de la mujer y del hombre, la igualdad en la diversidad, el
derecho a ejercer como tal y de estar presente en todos los ámbitos
de la vida, no cabe duda de que a todos nos enriquece. A mi,
personalmente, me apasiona probar ese otro mundo en femenino,
por lo que supone de liberación y autorrealización,
de innovación y de salto a otra dimensión muy
distinta a la de antaño, masculinizada a más
no poder. Sin embargo, creo que todavía hay que seguir
garantizando la paridad real, sobre todo en procesos de tomas
de decisiones trascendentales. Aquel dicho de que en mi casa
mando yo, pero mi mujer es la que toma las decisiones, tiene
su miga de saludable verdad.
Lo
malo es cuando no te deja un imbécil saborear las
rosas de la vida. No se puede ignorar el fenómeno de
la violencia contra las mujeres, sea ésta de tipo físico,
sexual, psicológico o moral. Es muy alarmante el crecimiento
de la violencia en familia, que ya no son familia, o si lo
son, lo son de conveniencia, prácticamente en todas
las culturas, en todas las clases sociales y en todas las regiones.
Me da la sensación de que algunos machos todavía
piensan en bruto e imaginan que su mujer ha de ser bonita,
estar siempre dispuesta… y no contradecir. Se olvida el león,
que la hembra lo es todo en el orden del amor, protectora del
ser humano, mientras que el varón carece de este privilegio.
Otra razón más, para cuidar el mundo en femenino
y complementarlo con el masculino. Por una mujer, un poeta
quiso dar el mundo; yo quisiera sumar fuerzas, abrazarme a
sus gozos, pero también dar consuelo tragándome
sus lágrimas. |