El oratorio ubicado en San Luisito a punto de desaparecer
 
Calkiní, 17 de junio de 2003
 
 

En tu casa de piedra se alojaron los dioses. Una cruz de madera reposó en tus entrañas. En tres paredes, la cera y el humo se fundieron con rezos de peones y patrones.

Dicen -la yerba y las voces de mis viejos amigos- que los últimos años del siglo XIX levantaron tu fachada con rostro de caracol, que camina alrededor de los hombres.

El siglo XX te despojó de tu puerta de árbol fuerte. Tu añeja campana llamó a los cristianos al cántico, al catecismo; también invitó a los niños a entrar a la escuela "Carmen Meneses".

En tu vientre nació el primer gremio del barrio San Luisito, donde se escuchó el eco de la "Guerra de Castas", luego de que José María Barrera creara la cruz parlante.

No te conocieron los dueños en turno, del terreno donde creciste y habitaron las moscas. En tu regazo de orines y excremento, visitado por ebrios y caminantes, durante las lluvias y el calor, descansa por fin tu techo enmohecido por el tiempo.

Patrimonio de calkinienses y peninsulares; hijo de la naturaleza hecha polvo; en el adoquín, frente a las canchas de básquetbol, quedaron tus huesos.

Gritaron los vecinos antes de que entraras en coma. Tu agonía comenzó hace más de cuarenta años, cuando tus adoradores trasladaron tu cruz y los murmullos que te alimentaban, a la capilla del nuevo santo.

Ninguna institución recogió tus calizas, tu piel derramada de hoja en hoja, junto a los cables de luz eléctrica o de telefonía.

La indiferencia acabó contigo, como lo hizo con tus hermanos desaparecidos en San Luis, Kucab, Kilakán, calle 20 (rumbo a la EST 3), y en otros montes de moderna vegetación. Tu linaje sobrevive en Elección (en la calle 24), y en un sitio de la calle 9.

Aunque no te conocí en tu plena juventud, te conozco como la palma de mi mano: con esa mano que nunca te saludó porque estabas a punto de caerte sobre niños o mujeres.

Hoy, a las cinco y media de la tarde, después del llanto que trajeron las nubes, tiraste tu bastón de raíces, y empezaste a decirnos adiós, porque sabes que el olvido está de moda en nuestros corazones.

El oratorio, visto desde el teatro de la escuela "Carmen Meneses" (197?)
El oratorio, agrietado. Fotografía tomada hace varios meses
El oratorio. Martes 17 de junio de 2003
 
Fotos: Santiago Canto Sosa / Cortesía de la Sra. Landy Pérez Chacón
 

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