Juegos tradicionales en San Luisito
 
Calkiní, 20 de junio de 2003
 
 

Este viernes, luego de efectuarse el rosario de las cinco de la tarde en la capilla de San Luis Gonzaga, se llevaron al cabo dos juegos tradicionales: rompimiento de cantaritos (p'aa p'uul) y palo ensebado.

Los organizadores de las festividades en honor del santo patrono mencionado, promovieron actividades heredadas por padres y abuelos. Participaron niños y jóvenes de barrios como San Luisito y San Martín.

Algunos de los trece cantaritos

No se olvidan los quehaceres de esparcimiento, que en la infancia repetimos; "juegos de manos", juegos inspirados en cartón, hilos o madera: paxaque, quimbomba, tirahule, tinjoroch, y otros, enriquecían patios y calles.

Épocas de sueños; años difíciles, sin medios de comunicación o servicios básicos. Los juegos mecánicos se convirtieron en aparatos electrónicos, que distraen los pensamientos de niños y adultos.

 
Los primeros trozos de barro

Los "Cantaritos" se mecían en plazoletas de los sectores de la ciudad. En Kilakán, La Concepción, Kucab, fue una costumbre inigualable. Sobre el zacate, sobre piedras, los individuos corrían, perseguidos por serpientes, avispas y alacranes, que "volaban por los aires", o en sus formas motrices de "avanzar".

Hoy, a las seis de la tarde, trece recipientes de barro fueron dispuestos por algunos vecinos del barrio San Luisito, en las dos canchas de baloncesto, donde se realizaron los eventos.

Las vasijas fueron entregadas por los responsables de llenarlas con golosinas y, en la mayoría de los casos, con iguanos, tuzas, o animales capturados en el monte.

De las "piñatas" cayeron un gato y un pollo, además de una tuza y seis iguanos. Éstos últimos no tuvieron la suerte de los primeros; de la cola fueron lanzados por traviesos chiquillos y jóvenes en una pequeña batalla.

Con un palo o una "tranca", los festejantes rompieron los cantaritos, ante más de cien testigos, que se divirtieron con carreras y saltos -chuscos- de hijos y sobrinos.

Después de la quebradiza de bultos, amarrados en una cuerda colgada de un viejo árbol y una columna de concreto, por Paco (Francisco Euán Ucán), se procedió al segundo juego.

 

Un palo de casi ocho metros de largo fue colocado, en posición vertical, junto a la sacristía de la iglesia.

Al trozo de madera se le untó sebo, de principio a fin. Sesenta centrímetros yacían metidos en el suelo. Xavi (Javier Euán) y un auxiliar prepararon el artefacto.

En la punta del "asta" se ató una banderita blanca, que fue el señuelo para el intento de la muchachada por ganarse el premio mayor: un pequeño cerdo y 150 pesos.

Intento por trepar hasta la punta del palo ensebado

Más de media hora transcurrió, sin que un equipo integrado por cinco jóvenes (y algunos más) alcanzara la cima del palo ensebado. Cinco veces cayeron, hasta que en el sexto movimiento hacia arriba, el último en subir estuvo a pocos centímetros de la meta.

Como estímulo al esfuerzo, el comité organizador les concedió los premios, siendo las ocho de la noche, al poco tiempo que una señora exclamó: ¡De lo que se perdió la gente que no vino!

 
Fotos: Santiago Canto Sosa