Calkiní, 12 de octubre de 2010
 
Mujeres del campo. Incomprendidas y trabajadoras

Por Teresita Durán Vela

 

Parte de las actividades agrícolas en las comunidades mexicanas es realizada por manos femeninas, mujeres con serias necesidades económicas, se convierten en fuerza bruta, para el logro de los proyectos familiares. En esta ocasión, amable lector, comparto algunas reflexiones sobre el trabajo de las mujeres campesinas.

Gracias a su esfuerzo, a diario podemos adquirir legumbres frescas para las delicias culinarias, flores silvestres que adornan mesas y comedores. Desde muy temprana hora, se preparan para ir a la parcela o a la milpa; otras, en cambio, empacan las cajas, cubetas o huacales con la cosecha, para transportarse a las comunidades cercanas y mercados públicos, en busca de compradores.-

Monumento a la Mujer Campesina, en la localidad de Nunkiní
 

Todos los días, esa rutina se dibuja y se repite; los hijos pequeños quedan al cuidado de algún familiar, si van a la escuela son atendidos por los hermanos mayores, quienes adquieren el rol de padres.

Esos rostros de mujeres desconocidas –a veces sonrientes o serias– son parte del costumbrismo, del paisaje de mercados y plazas: con sus voces y pregones: ¡qué va a llevar señito! ¡Cuánto le damos seño! ¡Calabacitas frescas, mangos dulces de Palizada! ¡Cilantro, rábano, epazote… todo del día, fresquecito! ¡Cómpreme marchantita¡ ¡todo a cinco, lléveselo… es mi primera venta del día! Frases acompañadas de expresiones de desesperación, invitan a detenerse, voltear hacia las venteras y percibir en su mirada el deseo de ayuda.

Su faena sin valorar, ignorada por la sociedad, es una fuente primaria de la economía popular; quizá no pase por su mente ¿cuántas mujeres trabajadores del campo cuentan son servicio médico? ¿Cuántas madres son jefe de familia y viven abandonadas por sus esposos o parejas? ¿A quiénes les interesa la calidad de vida de las mujeres del campo? ¿Acaso al comisario ejidal, las Uniones Agrícolas, a la CNC, el Instituto de la mujer, la Secretaría de Salud, legisladores o a los partidos políticos? En la complejidad de la administración pública, la atención a ese grupo de mujeres trabajadoras, las intenciones de apoyo y programas, aun sabiendo que un porcentaje de campesinas cifran su futuro en la productividad, es insuficiente para brindar otras oportunidades y alimentar expectativas acordes a la dignidad humana, a la equidad e igualdad de oportunidades.

Por esas mujeres del campo, de todas las épocas de la humanidad y de las culturas; por esas figuras, luchadoras y valientes en la insurgencia de 1800 y en la rebelión de 1910, siempre serán mujeres anónimas; a ellas mi admiración y respeto. Ojalá la sociedad entera, reconozca el vigor de las mujeres rurales, su dedicación al cuidado de los cultivos, entrega y tesón para su economía familiar y la productividad del estado.

La vida de las mujeres del campo es singular.

San Francisco de Campeche, Cam. 12 de octubre de 2010.

 
 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán Vela; 12/10/2010 // Foto: Santiago Canto Sosa; 2003