Mientras
en el viejo continente, los reyes financiaban expediciones
y enviaban a su gente, a nuevas tierras; la vida y tranquilidad
de las culturas mesoamericanas, se vio agredida, por la llegada
violenta de los ibéricos; ocurrió así,
el encuentro circunstancial de dos culturas. Después
de muchas décadas de sometimiento a los indígenas,
bajo órdenes de los europeos, un día de
San Lázaro en 1517, llega a la apacible bahía
del golfo de México, un grupo de soldados españoles,
comandados por Francisco Hernández de Córdova.
Después
de aquel desembarco, años después,
Francisco de Montejo –el Mozo- estableció en el
territorio de Ah kin pech, un cuartel para las tropas colonizadoras; fundando
la Villa de San Francisco de Campeche, un 4 de octubre de 1540.
Aquel acontecimiento, marcó un hito en la historia
del pueblo maya penínsular; la creación de un
nuevo pueblo, se convirtió en otra hazaña
ibérica: un pueblo con su gente, era colonizado.
Fue hasta 1777, cuando el reino de España, concedió el
título de Ciudad y escudo de armas. Después de
la fundación de San Francisco de Campeche, prosiguieron
otras más; los encomendaderos rápidamente fueron
haciéndose cargo de las nuevas poblaciones, la actual
Península de Yucatán, se vio amenazada e invadida.
Así, paulatinamente, el ocaso del esplendor de la cultura
maya fue extinguiéndose… para dar paso, a pueblos
y ciudades novohispanas.
La
llegada de los españoles a suelo americano, el mestizaje,
la colonización y la extinción de culturas indígenas,
siempre será, tema de debate; hablar de la conquista
o del encuentro de dos mundos, es sólo, una forma de
referirse a ese suceso. Los registros guardados en el Archivo
General de Indias (en Sevilla), como mapas, armas, documentos,
planos, tratados; más, las investigaciones de
historiadores, geógrafos, antropólogos y otros
estudiosos, reconocen que la colonización, fue parte
de una época, impulsada por los avances en la navegación,
el crecimiento de los reinos europeos y el poder económico
de las naciones del viejo continente. México fue blanco
de españoles, como Brasil de Portugal o Canadá de
Francia e Inglaterra; los europeos fortalecieron sus
imperios, mientras América perdía sus riquezas.
Después
de vivir bajo el régimen de colonia
y soportar, la explotación de la riquezas naturales,
la esclavitud y el castigo de manos españolas, llegó el
día de la libertad e independencia. Sin embargo, durante
los siglos de la Nueva España, nuestra ciudad –declarada
Patrimonio Cultural- tiene en su estructura, el modelo
urbanístico y arquitectónico de la corona española;
hablamos castellano y el trabajo de los evangelizadores, aún
se conserva en los fieles de la religión católica.
Este año, la ciudad capital celebra un año más
de existencia, son ya 467 años.
Desde
hace algunos años, en el mes de octubre,
los campechanos recordamos la fecha de la fundación
de la ciudad capital; el idioma español, ritmos musicales,
fiestas, juegos, costumbres y tradiciones, forman el patrimonio
actual; por ello, este mes, un vez más, la sociedad,
comunidades escolares e instituciones públicas, se unen
a los festejos del Mes de la Campechanidad, en cada uno de
los rincones de la geografía estatal.
Al
ritmo del “Pregonero” o del “Pichito
amoroso”, alumnos y maestros de diferentes
niveles educativos, hacen gala de sus habilidades dancísticas;
el rico sabor del “pan de cazón”, “brazo
de reina” o “pámpano frito” son
degustados en las muestras gastronómicas; las
madres de familia acompañan a sus hijos y los papás,
jugando al “balero”, “canicas” o “trompo”, se
divierten con los pequeños; y claro, se recuerda también,
a los personajes ilustres del estado –Justo Sierra,
Pablo García, Pedro Saínz, María Lavalle,
por citar algunos–; en fin, octubre es el mes de las
fiestas y tradiciones populares.
Afortunadamente,
las escuelas de educación básica
y de otros niveles, ya incluyen, en sus programas anuales,
las actividades alusivas a la campechanidad: festivales artísticos,
concursos, muestras grastronómicas, juegos tradicionales,
desfiles, exposiciones fotográficas y periódicos
murales, entre tantas formas de representar la riqueza de lo
nuestro. Es importante tener conocimientos del pasado de nuestra
tierra, saber de su legado al país y de la riqueza cultural,
que encierra cada uno de los sitios y monumentos; necesitamos,
amar a nuestro estado, mantener limpio el entorno,
sentir orgullo por las raíces de nuestros ancestros,
emocionarnos cada vez que Campeche logre algún triunfo,
actuar con responsabilidad en el cuidado y preservación
de las bellezas naturales, porque Campeche es nuestra casa
y también es Patrimonio de la humanidad.
San
Francisco de Campeche, Cam., 3 de octubre de 2007. |