Las acciones iniciaron poco después de las diez
de la mañana, en el Auditorio Municipal de esta ciudad. Con el
arbitraje de Román Monroy (juez 1), Sergio Poot (juez 2) y Pablo
Poot (anotador), el juego estuvo un poco movido, aunque muchachas
y señoras fallaron en infinidad de ocasiones.
Los partidos en la rama femenil casi siempre concluyen con
pizarras mínimas, que no alcanzan los 50 puntos hacia el bando
triunfador. Sin embargo, poco a poco, el entusiasmo va subiendo,
y la calidad comienza a notarse. Falta fogueo, más práctica
y más torneos.
También
se observa el nulo apoyo de aficionadas y aficionados. Las
gradas están vacías, y se juega sin alicientes.
Normalmente, los organizadores premian a las ganadoras, con
el dinero recaudado en las inscripciones, o con pequeños
trofeos.
Además,
no se hace promoción, y constantemente se suspenden o posponen
cotejos por x o y motivo. Ojalá, y pronto, se otorguen estímulos
y se contemple el acondicionamiento de campos en la localidad
y en el municipio, para que el deporte -en este género- resurja
o se incremente.
Volviendo
al partido del sábado, se puede decir que las jóvenes y veteranas
manejaron la pelota con agrado; el entendimiento entre compañeras
llegará con el paso de los meses.
Las
anfitrionas marcaron en su oportunidad. Ingrid Calán,
Pilar Cuevas y Norma Sánchez profanaron el arillo
a cuentagotas. Y cantaron victoria desde el segundo cuarto. |