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Sor
Juana Inés de la Cruz, es la máxima figura femenina
de la literatura novohispana; su sensibilidad puso al descubierto
la pasión por la cultura, las letras y una oscura represión
del erotismo de las mujeres de su época. Su religiosidad
alimentó la pureza de nobles sentimientos, su inteligencia
se manifestó a través de oraciones, sonetos, redondillas,
cartas y demás textos que guardan el misterio de una
vocación y el talento de una gran mujer mexicana. En
su honor, cada 12 de noviembre -fecha de su natalicio- los mexicanos
evocamos a la insigne “Décima musa”, pues
desde 1979, por decreto presidencial, celebramos el “Día
nacional del libro”.
El
libro es una creación humana. Si bien, es considerado
como vehículo del conocimiento, fuente de sabiduría,
puente entre el lector y el escritor; más allá,
de su descripción y utilidad, es un bien cultural en
todas las lenguas del mundo.-
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Gracias a los libros, hombres y mujeres trascienden, sus pensamientos
permanecen en el tiempo y en el espacio; las páginas
refugian sentimientos y sostienen el conocimiento. Es tal su
valía, lectores, coleccionistas, bibliotecas o museos
los atesoran como centinelas.
Cuando
la persona no aprecia el valor de los libros, ni tiene hábitos
lectores, resulta difícil reconocer actitudes positivas
hacia esa práctica de enriquecimiento personal y hacia
esa creación humana. Por tanto, las formas de relacionarse
con los libros son escasas, o en su caso, inexistentes.
La
formación de hábitos positivos hacia la lectura
y los libros desde la infancia, es una tarea que inicia en el
hogar: cuando los padres leen, narran historias, compran libros,
leen en familia, acuden a bibliotecas y los niños participan
en esos actos, ya sea escuchando, viendo o leyendo con alguien
de la casa, aprenden a convivir con los libros y crecen en un
ambiente lector. Estas prácticas ocurren poco o a lo
mejor no suceden en el hogar. Entonces, ¿cómo
fomentar el gusto por la lectura desde edades tempranas? ¿Cómo
puede la familia estimular el desarrollo de la competencia lectora
en sus hijos? ¿Qué puede hacer la escuela para
promover esas prácticas lectoras con los padres de familia?
La
iniciación de los pequeños en la grandiosa aventura
de las letras y los libros, es una actividad placentera, fortalece
vínculos afectivos, crea hábitos y es el cimiento
para un adecuado desarrollo lector. Los niños de esta
época merecen nuevas experiencias en torno a la lectura:
si asisten a la escuela, tienen la posibilidad de encontrar
a su alrededor: cuentos, fábulas, adivinanzas, refranes,
colecciones especializadas, poemarios, leyendas, relatos, revistas,
libros de historia, enciclopedias; un acervo amplio, con títulos
atractivos y publicaciones de buena calidad. Si en la familia,
la situación económica es limitada para la compra
de libros, es recomendable el préstamo a domicilio, intercambio
de libros entre vecinos, compañeros de aula, participar
en talleres de lectura entre padres e hijos, visitas a las salas
de lectura o a la biblioteca pública de la comunidad;
ante tal situación y con la finalidad de promover la
formación de niños lectores, es vital la comunicación
de los maestros con los padres. Sembrar la semilla desde temprano
en los infantes, es abonar la tierra del saber, abrir nuevos
horizontes, poner el mundo en las manos y en los sentidos de
las niñas y los niños.
La
lectura no debe ser considerada como actividad propia de la
escuela, ni como la única vía para el estudio
y el aprendizaje. A través de los libros de texto los
alumnos se acercan al conocimiento, exploran otras culturas,
conocen teorías, amplían su información,
reafirman lo aprendido; también, tienen el derecho y
la libertad para abrir otras ventanas, relacionarse con diferentes
textos, consultar otras fuentes, reconocer otros autores, intercambiar
libros, consultar en otros sitios y leer, leer por decisión
propia y por placer.
Sirva
el “Día nacional del libro” como la ocasión
para acercar a los pequeños a los libros, reunirse en
familia, regalar un libro, empezar a leer a su autor favorito,
adquirir un libro campechano, acudir a una sala de lectura,
visitar la biblioteca más cercana, donar alguna obra
a la biblioteca de la escuela donde estudió la secundaria
o la preparatoria, fomentar un club de lectores entre amigos
y colegas, inscribirse como voluntario para leerle a los niños
de algún albergue o en la escuela de su colonia.
La
formación de niños lectores en este siglo es una
tarea pendiente, con la lectura, obtendrán el pasaporte
para la educación y la llave del desarrollo. Es tiempo
de brindar más espacios alfabetizadores, poner al alcance
de los menores, escenarios agradables con libros interesantes
que despierten su curiosidad e imaginación; aprovechar
las colecciones del Programa Nacional de Lectura y tomar el
poder mágico de los libros para guiar a los pequeños
a otros mundos imaginarios.
Este
12 de noviembre, Juana de Asbaje vuelve a renacer con sus extraordinarios
cantos. Estimado lector, lo invito a conocer el trabajo de los
artesanos de la palabra, difundir la obra de autores campechanos
en los diferentes géneros y autores mexicanos, en lengua
hispana e indígena. Cada libro es un tesoro por descubrir,
una joya para obsequiar.
San
Francisco de Campeche, Cam. 8 de noviembre de 2010. |