Calkiní, 8 de noviembre de 2010
 
Formando niños lectores

Por Teresita Durán Vela

 

Sor Juana Inés de la Cruz, es la máxima figura femenina de la literatura novohispana; su sensibilidad puso al descubierto la pasión por la cultura, las letras y una oscura represión del erotismo de las mujeres de su época. Su religiosidad alimentó la pureza de nobles sentimientos, su inteligencia se manifestó a través de oraciones, sonetos, redondillas, cartas y demás textos que guardan el misterio de una vocación y el talento de una gran mujer mexicana. En su honor, cada 12 de noviembre -fecha de su natalicio- los mexicanos evocamos a la insigne “Décima musa”, pues desde 1979, por decreto presidencial, celebramos el “Día nacional del libro”.

El libro es una creación humana. Si bien, es considerado como vehículo del conocimiento, fuente de sabiduría, puente entre el lector y el escritor; más allá, de su descripción y utilidad, es un bien cultural en todas las lenguas del mundo.-

Portada del libro "Poetas del Camino Real", de Santiago Canto Sosa (2008)
 

Gracias a los libros, hombres y mujeres trascienden, sus pensamientos permanecen en el tiempo y en el espacio; las páginas refugian sentimientos y sostienen el conocimiento. Es tal su valía, lectores, coleccionistas, bibliotecas o museos los atesoran como centinelas.

Cuando la persona no aprecia el valor de los libros, ni tiene hábitos lectores, resulta difícil reconocer actitudes positivas hacia esa práctica de enriquecimiento personal y hacia esa creación humana. Por tanto, las formas de relacionarse con los libros son escasas, o en su caso, inexistentes.

La formación de hábitos positivos hacia la lectura y los libros desde la infancia, es una tarea que inicia en el hogar: cuando los padres leen, narran historias, compran libros, leen en familia, acuden a bibliotecas y los niños participan en esos actos, ya sea escuchando, viendo o leyendo con alguien de la casa, aprenden a convivir con los libros y crecen en un ambiente lector. Estas prácticas ocurren poco o a lo mejor no suceden en el hogar. Entonces, ¿cómo fomentar el gusto por la lectura desde edades tempranas? ¿Cómo puede la familia estimular el desarrollo de la competencia lectora en sus hijos? ¿Qué puede hacer la escuela para promover esas prácticas lectoras con los padres de familia?

La iniciación de los pequeños en la grandiosa aventura de las letras y los libros, es una actividad placentera, fortalece vínculos afectivos, crea hábitos y es el cimiento para un adecuado desarrollo lector. Los niños de esta época merecen nuevas experiencias en torno a la lectura: si asisten a la escuela, tienen la posibilidad de encontrar a su alrededor: cuentos, fábulas, adivinanzas, refranes, colecciones especializadas, poemarios, leyendas, relatos, revistas, libros de historia, enciclopedias; un acervo amplio, con títulos atractivos y publicaciones de buena calidad. Si en la familia, la situación económica es limitada para la compra de libros, es recomendable el préstamo a domicilio, intercambio de libros entre vecinos, compañeros de aula, participar en talleres de lectura entre padres e hijos, visitas a las salas de lectura o a la biblioteca pública de la comunidad; ante tal situación y con la finalidad de promover la formación de niños lectores, es vital la comunicación de los maestros con los padres. Sembrar la semilla desde temprano en los infantes, es abonar la tierra del saber, abrir nuevos horizontes, poner el mundo en las manos y en los sentidos de las niñas y los niños.

La lectura no debe ser considerada como actividad propia de la escuela, ni como la única vía para el estudio y el aprendizaje. A través de los libros de texto los alumnos se acercan al conocimiento, exploran otras culturas, conocen teorías, amplían su información, reafirman lo aprendido; también, tienen el derecho y la libertad para abrir otras ventanas, relacionarse con diferentes textos, consultar otras fuentes, reconocer otros autores, intercambiar libros, consultar en otros sitios y leer, leer por decisión propia y por placer.

Sirva el “Día nacional del libro” como la ocasión para acercar a los pequeños a los libros, reunirse en familia, regalar un libro, empezar a leer a su autor favorito, adquirir un libro campechano, acudir a una sala de lectura, visitar la biblioteca más cercana, donar alguna obra a la biblioteca de la escuela donde estudió la secundaria o la preparatoria, fomentar un club de lectores entre amigos y colegas, inscribirse como voluntario para leerle a los niños de algún albergue o en la escuela de su colonia.

La formación de niños lectores en este siglo es una tarea pendiente, con la lectura, obtendrán el pasaporte para la educación y la llave del desarrollo. Es tiempo de brindar más espacios alfabetizadores, poner al alcance de los menores, escenarios agradables con libros interesantes que despierten su curiosidad e imaginación; aprovechar las colecciones del Programa Nacional de Lectura y tomar el poder mágico de los libros para guiar a los pequeños a otros mundos imaginarios.

Este 12 de noviembre, Juana de Asbaje vuelve a renacer con sus extraordinarios cantos. Estimado lector, lo invito a conocer el trabajo de los artesanos de la palabra, difundir la obra de autores campechanos en los diferentes géneros y autores mexicanos, en lengua hispana e indígena. Cada libro es un tesoro por descubrir, una joya para obsequiar.

San Francisco de Campeche, Cam. 8 de noviembre de 2010.

 
 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán Vela; 08/11/2010 // Imagen: Portada de la antología "Poetas del Camino Real", Comp. por Santiago Canto Sosa; edición de la U.A.C., 2008