Calkiní, 13 de noviembre de 2006
 
"El otoño nos llama a la verdad"
 

El 2 de octubre, se dio a conocer en la sección "Algo más que palabras...", un artículo de Víctor Corcoba Herrero con el título "El otoño nos llama a la verdad".

En la estación del año, las hojas caen bajo notas europeas de Vivaldi; el tiempo desteje los alientos y se enfila hacia diciembre, que festejamos para evitar la heladez del prójimo.

Se transcriben fragmentos de la inmensa obra del autor hispano, en espera de que el otoño nos llame a la verdad.

Foto: Santiago Canto Sosa, noviembre de 2006
 

Este paraíso artificial, donde se muere más que se vive, me ha partido los labios del verso. En consecuencia, pido un salvavidas poético, tan hondo como dejar a la existencia que nos viva, porque sólo ella es bella. Sentir pura la vida, que nadie la marchite, nos eleva a la dulce armonía que tanto necesitamos, porque andamos escasos de estética, en hostilidad perenne.

Nos llega poco aire limpio al corazón para oxigenar las ofensas. ¿Dónde están los actores de la política medioambiental? Precisamos una buena dosis de esplendor para clarear horizontes. Ya no es fácil ni construir castillos en el aire, el humo del progreso y los propios humos de los humanos, nos impiden respirar el perfume de la rosa; hoy convertida, cantidad de veces, en polvo y ceniza.

El otoño también nos trae más terrorismo doméstico, donde los niños corren peligro y sufren lo suyo. La legión de violentos se reproduce como las cucarachas. Son frutos del tiempo; de una época en la que se ha identificado al hombre con la fuerza y a la mujer con la sumisión. En esta cuestión, creo que se podría hacer más. Por ejemplo, fomentar terapias de rehabilitación. Estoy seguro que habrá maltratadores deseosos de mudar de aires y no pueden. Necesitan la ayuda de un profesional, capaz de introducir las motivaciones suficientes para modificar actitudes. Las personas, cuando quieren, sí pueden ser otro hombre. Tienen medio camino andado, el otro medio está en manos del guía. Démosle, pues, medios y buenos mentores para salir del entuerto. Se trata de algo tan simple como educar personas que, una vez rehabilitadas, se conviertan ellas mismas en educadores, generando un círculo virtuoso que pueda poco a poco extenderse a todos los ámbitos de la sociedad, hasta hacerla ellos mismos cambiar por su propio cambio. No hay mejor testimonio de luz que el ofrecido por la gente que ha vivido en la sombra. Seguramente así restaríamos escándalos que inducen a hacer el mal y sumariamos quietudes que inducen a cultivar el bien.

Al igual que menospreciamos la mística que se esconde tras la caída del amarillo en el otoño, también lo hacemos con la verdad. Para botón de muestra, el diluvio de informaciones deformadas que nos entran por los oídos a diario ¿Qué decir de la aireada práctica política de poner la etiqueta de enemigo a quienes no comparten las mismas posiciones, para mejor reducirlos al silencio, atribuyéndoles palabras que nunca dijeron o acciones que nunca realizaron? En la base de todas estas formas ruines de falsedad continua, la mentira más grande radica en no creernos lo que somos y en ser incapaces de llamar a las cosas que nos pasan por su nombre. No se puede hacer la vista larga, hay que denunciarlo para ayudar al canje de modos, modales y mentalidades.

Vivimos tiempos de contradicción, la incoherencia nos rige. Por una parte hacemos fervientes declaraciones a favor de la paz y, por otra, llenamos el mundo de armas. Somos así de contradictorios, aunque pasen los otoños por nosotros. Flaubert, ya nos lo advirtió: “no le demos al mundo armas contra nosotros, porque las utilizará”. Un inmenso campo otoñal, repleto de abecedarios que nos empapan la tierra, puede servirnos para reconstruir un nuevo jardín, fundado sobre la autenticidad de los pinceles que nos pintan las estaciones del año. Sí, ésta es mi convicción: el otoño fortalece la paz del invierno, que la primavera resucita y el verano engalana. Las energías humanas, generadas bajo un clima de sinceridad, son también como esas estaciones, fuente de luz y manantial de paz. La verdad nos aproxima siempre. Es cuestión de buscarla, como buscan esas volanderas hojas del otoño escribir nuestra propia vida.

 
Fuente: Texto de Víctor Corcoba Herrero; 2006 / Foto: Santiago Canto Sosa; 2006