Calkiní, 23 de noviembre de 2006
 
Jóvenes exitosos
 

Por Teresita Durán Vela

 

Las personas con discapacidad tienen capacidades, pensamientos, emociones, dificultades, incluso, necesidades, como todo ser humano; no obstante, las limitaciones no disminuyen su dignidad, ni su derecho a participar en la vida de la comunidad; por eso, cada vez es común, ver al joven con silla de ruedas, andar por las calles de la ciudad; al señor ciego usando el bastón blanco; a la señora que no

Mario Keb Mas. 2003
 

mueve el brazo o arrastra el pie al caminar, haciendo sus compras en el mercado; a la niña con aparatos ortopédicos, en una fiesta infantil o al bebé con síndrome de Down en alguna iglesia; porque al igual que los demás, son seres sensibles; con capacidades y valores para vivir.

Las personas con discapacidad desarrollan sus propias habilidades, para hacer frente a las exigencias del entorno y a las condiciones socioculturales de la comunidad. En verdad, tienen espíritu para esforzarse y trabajar en el logro de sus metas, invierten más de sus actitudes positivas, valores y voluntad, porque saben que sólo así, pueden alcanzar el éxito. Cada persona con discapacidad tiene su propia historia, con un pasado –seguramente– de lucha constante y entrega plena de la familia.

Ahora que el mundo entero decidió, dedicar el 3 de diciembre a las personas con discapacidad, quiero resaltar las capacidades y triunfos, de dos jóvenes campechanos que usan silla de ruedas; uno de ellos es Mario Keb, de Dzitbalché y Juan Paredes Dzul, de Bécal; ambos tienen discapacidad motriz y usan silla de ruedas, para realizar sus actividades diarias y participar en competencias deportivas regionales o nacionales; ellos son claro ejemplo, de constancia. Su origen provinciano, no ha sido limitante, para apartarse de las circunstancias difíciles para entrenar, conseguir equipos, materiales y practicar su deporte. Esos jóvenes del municipio de Calkiní, son vivo ejemplo para la juventud campechana; su participación en justas deportivas, le ha valido a Campeche, un lugar en el podium. Recientemente, ambos ganaron medallas de oro en las competencias nacionales en sillas de ruedas, celebradas en Colima, durante el mes de noviembre, y probablemente, continúen trabajando para conseguir un lugar en la selección mexicana que viajará a las competencias mundiales, en los próximos años.

La vida y los triunfos de esos jóvenes, enseñan que la autoestima es parte de la educación para la vida exitosa; sin ella, el motor que da fuerza y vigor simplemente no encendería el optimismo para trabajar por los sueños, pues no importa cuántos escollos hayan aparecido en el camino, lo más valioso de las personas con discapacidad, son las capacidades desarrolladas para demostrar que no importa la condición física, motora, intelectual o económica, cuando se tiene firmeza y coraje para alcanzar los objetivos. Los logros de Mario y Juan Carlos, también son triunfos de sus familias, de la gente que los apoya y confía en su talento; son prueba de la perseverancia y la entrega diaria; al dejar su trabajo temporalmente, dedicar horas de entrenamiento; incluir en su rutina, espacio para ejercitarse y estar en condición física, para conseguir las marcas requeridas y participar en los eventos, seguramente, no es fácil.

En el día de la discapacidad “3 de diciembre”, quiero dedicar estas reflexiones a Mario y a Juan Carlos, porque ellos, merecen respeto y admiración; sus logros, motivan a apoyar sus proyectos personales, porque en el fondo, son orgullo de nuestra tierra; y más orgullosos habremos de sentirnos, cuando alguno de ellos, figure en los campeonatos mundiales, poniendo en alto en nombre de Dzitbaché o Bécal; desde luego, de Campeche y México.

En forma respetuosa, agradezco a las campechanas y campechanos con discapacidad, las satisfacciones y triunfos que han compartido con la sociedad; gracias por ser generosos en sus emociones y aceptar con humildad, el apoyo que se les ofrece.

El 3 de diciembre, más que una fecha dedicada a las personas con discapacidad, es la mejor ocasión para extender una invitación sincera: comprender al prójimo, regalar una sonrisa, ser generosos en valores; porque cuando en el corazón exista el verdadero humanismo y la voluntad de compartir, habremos aprendido a convivir y respetar la diversidad.

 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán Vela; 23 de noviembre de 2006 / Foto. Santiago Canto Sosa, 2003