mueve
el brazo o arrastra el pie al caminar, haciendo sus compras
en el mercado; a la niña con aparatos
ortopédicos, en una fiesta infantil o al bebé con
síndrome de Down en alguna iglesia; porque al igual
que los demás, son seres sensibles; con capacidades
y valores para vivir.
Las
personas con discapacidad desarrollan sus propias habilidades,
para hacer frente a las exigencias del entorno y a las
condiciones socioculturales de la comunidad. En verdad,
tienen espíritu
para esforzarse y trabajar en el logro de sus metas, invierten
más de sus actitudes positivas, valores y voluntad,
porque saben que sólo así, pueden alcanzar
el éxito.
Cada persona con discapacidad tiene su propia historia, con
un pasado –seguramente– de lucha constante y entrega plena
de la familia. Ahora
que el mundo entero decidió, dedicar el 3 de
diciembre a las personas con discapacidad, quiero resaltar
las capacidades y triunfos, de dos jóvenes campechanos
que usan silla de ruedas; uno de ellos es Mario Keb, de Dzitbalché y
Juan Paredes Dzul, de Bécal; ambos tienen discapacidad
motriz y usan silla de ruedas, para realizar sus actividades
diarias y participar en competencias deportivas regionales
o nacionales; ellos son claro ejemplo, de constancia. Su origen
provinciano, no ha sido limitante, para apartarse de las circunstancias
difíciles para entrenar, conseguir equipos, materiales
y practicar su deporte. Esos jóvenes del municipio de
Calkiní, son vivo ejemplo para la juventud campechana;
su participación en justas deportivas, le ha valido
a Campeche, un lugar en el podium. Recientemente, ambos ganaron
medallas de oro en las competencias nacionales en sillas de
ruedas, celebradas en Colima, durante el mes de noviembre,
y probablemente, continúen trabajando para conseguir
un lugar en la selección mexicana que viajará a
las competencias mundiales, en los próximos años.
La
vida y los triunfos de esos jóvenes, enseñan
que la autoestima es parte de la educación para la vida
exitosa; sin ella, el motor que da fuerza y vigor simplemente
no encendería el optimismo para trabajar por los sueños,
pues no importa cuántos escollos hayan aparecido en
el camino, lo más valioso de las personas con discapacidad,
son las capacidades desarrolladas para demostrar que no importa
la condición física, motora, intelectual o económica,
cuando se tiene firmeza y coraje para alcanzar los objetivos.
Los logros de Mario y Juan Carlos, también son triunfos
de sus familias, de la gente que los apoya y confía
en su talento; son prueba de la perseverancia y la entrega
diaria; al dejar su trabajo temporalmente, dedicar horas de
entrenamiento; incluir en su rutina, espacio para ejercitarse
y estar en condición física, para conseguir las
marcas requeridas y participar en los eventos, seguramente,
no es fácil.
En
el día de la discapacidad “3 de diciembre”, quiero
dedicar estas reflexiones a Mario y a Juan Carlos, porque ellos,
merecen respeto y admiración; sus logros, motivan a
apoyar sus proyectos personales, porque en el fondo, son orgullo
de nuestra tierra; y más orgullosos habremos de sentirnos,
cuando alguno de ellos, figure en los campeonatos mundiales,
poniendo en alto en nombre de Dzitbaché o Bécal;
desde luego, de Campeche y México.
En forma respetuosa, agradezco a las campechanas y campechanos
con discapacidad, las satisfacciones y triunfos que han compartido
con la sociedad; gracias por ser generosos en sus emociones
y aceptar con humildad, el apoyo que se les ofrece.
El
3 de diciembre, más que una fecha dedicada a las personas
con discapacidad, es la mejor ocasión para extender una
invitación sincera: comprender al prójimo, regalar
una sonrisa, ser generosos en valores; porque cuando en el corazón
exista el verdadero humanismo y la voluntad de compartir, habremos
aprendido a convivir y respetar la diversidad. |