Calkiní, 16 de noviembre de 2006
 
Derechos y valores en la infancia
 

Por Teresita Durán Vela

 

Con fecha 20 de noviembre de 1989, la Asamblea General de Naciones Unidas, impulsó la Convención sobre los derechos del niño; un gran paso en la búsqueda de mejores condiciones humanas y sociales para los pequeños; esa fue sin lugar a dudas, la construcción de un marco común, una nueva actitud ética y de compromiso, para mejorar la situación de los niños.

 

A partir de la ratificación de esta Convención y puesta en operación (2 de septiembre de 1990), los niños y las niñas, son reconocidos como sujetos de derecho. Por ello, los derechos de los niños, deben ser respetados y promovidos; no debe verse como un favor hacia ese sector de la población, ni percibirse únicamente como una atención especial, hacia los menores de edad; sino como una responsabilidad de toda sociedad y gobierno, obligados a respetar; eso implica asegurar las condiciones para que los pequeños, pueden disfrutar sus derechos. La promoción de los derechos de los niños, va de la mano con el reforzamiento de los valores, la educación familiar y la paz social.

Referirse a los derechos de los niños, equivale a reconocer los derechos humanos y las responsabilidades sociales de la familia, escuela, sociedad y gobierno; sin embargo, cuando, esos principios son menospreciados por los sistemas de gobierno; la población infantil, se convierte en un grupo vulnerable, que puede ser blanco de discriminación, violaciones o negación en la vida de los pueblos y sus culturas. Es imperativa, la comprensión y el respeto a la diversidad; es también, requisito previo indispensable para el desarrollo humano y social de las culturas; los niños y las niñas, representan el presente y el futuro de los pueblos; orienta la aplicación de políticas públicas para impulsar el desarrolllo centrado en el ser humano, siendo éste, la finalidad de la educación y la cultura.

En primer lugar, la educación es un derecho fundamental de la persona y tiene un valor humano universal; el aprendizaje y la educación, son las mejores vías para promover el desarrollo individual y social de los pequeños; por tal razón, ningún niño debe ser excluido de las escuelas, independientemente de su origen étnico, lengua materna, color de piel, discapacidad, situación familiar o antecedentes de salud; la educación es un derecho universal y como tal, en México, todos los niños y las niñas, deberán tener un espacio en las aulas y un reconocimiento en la matrícula escolar; sin importar sus características y estilo de aprendizaje, un pequeño en edad escolar, es un ser humano cuyas necesidades básicas de aprendizaje, habrán de satisfacerse en la escuela.

La educación debe concebirse como “fuerza vital del desarrollo” y la cultura como “instrumento del desarrollo”; si aspiramos una sociedad mejor, contribuyamos a que cada uno de los infantes, pueda ser capaz de responsabilizarse de sí mismo y realizar su proyecto personal; necesitamos niños creativos, inteligentes, críticos, activos y sensibles a las necesidades sociales de su entorno: aprendiendo a conocer, a hacer, a ser y a convivir; cuando los niños logren estos aprendizajes, serán seres humanos, con profunda conciencia democrática y con valores éticos firmes. De esa forma, tendrán cuatro aprendizajes fundamentales que en el trascurso de la vida serán los pilares del conocimiento: aprender a conocer, aprender a hacer aprender a vivir juntos y aprender a ser.

Ante los desafíos actuales para la educación de los niños, la propuesta curricular en México, para la educación básica, plantea firmemente hacia donde debe orientarse la labor de la escuela; desde la convivencia, participación, valores, cooperación, formación de hábitos en educación inicial; cultura y vida social de Preescolar; Educación Cívica en Primaria y Formación cívica y ética, en Secundaria; las directrices de una educación en valores, está planteada. Sólo de esa manera, los niños desarrollarán las competencias para la vida, la convivencia y la vida en sociedad; por eso, desde temprana edad, es importante, el reconocimiento de valores, derechos humanos, dignidad humana y libertad, como pilares para la educación infantil.

Desde luego, la familia, es el primer espacio social para aprender; por ello, la tarea de padres y tutores, es determinante en la formación de hábitos, actitudes y valores para la vida; juntos escuela y familia, serán el mejor equipo de trabajo en la educación de los niños. Bien vale la pena, fortalecer la función educadora de la familia, compartir la responsabilidad de los maestros y asumir bien la tarea, en la educación de los infantes. Un ambiente familiar agradable, una estimulación positiva del desarrollo y un clima altamente afectivo, cimentarán las bases socio-afectivas, para un adecuado desarrollo de la personalidad del chico; pues de poco servirán, los juguetes electrónicos, zapatos de marca, alimentos y ropa de importación, si en el hogar no existe calidez, respeto, amor y protección. El apego y los vínculos afectivos que se establezcan con los pequeños, serán el lazo fuerte para asegurar un adecuado desarrollo emocional, la libertad y la independencia personal; fortalezas, que a temprana edad, habrán de edificarse, para bien de los niños.

En nuestro país, aún cuando las enmiendas a los artículos 4 y 8 de la Constitución Política , afianza la protección de los derechos del niño; la Ley para la protección de las niñas, niños y adolescentes, aprobada por el Congreso de la Unión ( Mayo, 2000), aseguran el desarrollo integral, la no discriminación por ninguna razón o circunstancia y promueve la cultura de protección de los derechos de la infancia; su valor legal, perdería calidad humana y principio social, si no se crean políticas públicas efectivas, para fortalecer la formación en valores en la educación básica, impulsar la vida en familia, establecer un programa nacional contra la no violencia y maltrato infantil.

El respeto a los derechos del niño, no se garantiza con la firma de declaraciones o leyes; se requieren padres, madres de familia y tutores, responsables y amorosos; se necesitan escuelas incluyentes, en donde todos los niños tengan igualdad de oportunidades, respeto y aceptación, en donde los menores sean considerados como sujetos que aprenden, más que como objetos de enseñanza; urgen educadores con cualidades éticas, intelectuales y afectivas, para cultivarlas en sus alumnos, dispuestos a perfeccionarse para elevar su nivel de competencia didáctica y de motivación por el crecimiento personal; demandamos un sistema de justicia, que sancione, la pornografía, explotación y violencia infantil en todas sus manifestaciones; exigimos, un sistema de gobierno honesto, sensible, comprometido y dispuesto a formar ciudadanos libres, independientes, educados, con valores universales para construir el México que necesitamos.

La concepción de los derechos del niño, son una razón, para desarrollar en las niñas y niños de nuestro país, la capacidad de participar activamente durante toda la vida en un proyecto de sociedad mexicana; basado en un enfoque del desarrollo humano, el “desarrollo”, debe ser la promesa optimista de una vida mejor para todos. “Humano”, debería hacer referencia a un sistema de valores que dé más importancia a las riquezas no materiales: solidaridad, libertad, justicia y respeto. Los valores adquiridos en la infancia, son el pasaporte para toda la vida.

San Francisco de Campeche, noviembre de 2006.

 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán Vela; de noviembre de 2006 / Foto. Santiago Canto Sosa; 2006