A
partir de la ratificación de esta Convención
y puesta en operación (2 de septiembre de 1990), los
niños y las niñas, son reconocidos como sujetos
de derecho. Por ello, los derechos de los niños, deben
ser respetados y promovidos; no debe verse como un favor
hacia ese sector de la población, ni percibirse únicamente
como una atención especial, hacia los menores de edad;
sino como una responsabilidad de toda sociedad y gobierno,
obligados a respetar; eso implica asegurar las condiciones
para que los pequeños, pueden disfrutar sus derechos.
La promoción de los derechos de los niños,
va de la mano con el reforzamiento de los valores, la educación
familiar y la paz social.
Referirse
a los derechos de los niños, equivale a reconocer
los derechos humanos y las responsabilidades sociales de la
familia, escuela, sociedad y gobierno; sin embargo, cuando,
esos principios son menospreciados por los sistemas de gobierno;
la población infantil, se convierte en un grupo vulnerable,
que puede ser blanco de discriminación, violaciones
o negación en la vida de los pueblos y sus culturas.
Es imperativa, la comprensión y el respeto a la diversidad;
es también, requisito previo indispensable para el desarrollo
humano y social de las culturas; los niños y las niñas,
representan el presente y el futuro de los pueblos; orienta
la aplicación de políticas públicas para
impulsar el desarrolllo centrado en el ser humano, siendo éste,
la finalidad de la educación y la cultura. En
primer lugar, la educación es un derecho fundamental
de la persona y tiene un valor humano universal; el aprendizaje
y la educación, son las mejores vías para promover
el desarrollo individual y social de los pequeños; por
tal razón, ningún niño debe ser excluido
de las escuelas, independientemente de su origen étnico,
lengua materna, color de piel, discapacidad, situación
familiar o antecedentes de salud; la educación es un
derecho universal y como tal, en México, todos los niños
y las niñas, deberán tener un espacio en las
aulas y un reconocimiento en la matrícula escolar; sin
importar sus características y estilo de aprendizaje,
un pequeño en edad escolar, es un ser humano cuyas necesidades
básicas de aprendizaje, habrán de satisfacerse
en la escuela.
La
educación debe concebirse como “fuerza vital del
desarrollo” y la cultura como “instrumento del desarrollo”;
si aspiramos una sociedad mejor, contribuyamos a que cada uno
de los infantes, pueda ser capaz de responsabilizarse de sí mismo
y realizar su proyecto personal; necesitamos niños creativos,
inteligentes, críticos, activos y sensibles a las necesidades
sociales de su entorno: aprendiendo a conocer, a hacer, a ser
y a convivir; cuando los niños logren estos aprendizajes,
serán seres humanos, con profunda conciencia democrática
y con valores éticos firmes. De esa forma, tendrán
cuatro aprendizajes fundamentales que en el trascurso de la
vida serán los pilares del conocimiento: aprender a
conocer, aprender a hacer aprender a vivir juntos y aprender
a ser.
Ante
los desafíos actuales para la educación
de los niños, la propuesta curricular en México,
para la educación básica, plantea firmemente
hacia donde debe orientarse la labor de la escuela; desde la
convivencia, participación, valores, cooperación,
formación de hábitos en educación inicial;
cultura y vida social de Preescolar; Educación Cívica
en Primaria y Formación cívica y ética,
en Secundaria; las directrices de una educación en valores,
está planteada. Sólo de esa manera, los niños
desarrollarán las competencias para la vida, la convivencia
y la vida en sociedad; por eso, desde temprana edad, es importante,
el reconocimiento de valores, derechos humanos, dignidad humana
y libertad, como pilares para la educación infantil.
Desde
luego, la familia, es el primer espacio social para aprender;
por ello, la tarea de padres y tutores, es determinante en
la formación de hábitos, actitudes y valores
para la vida; juntos escuela y familia, serán el mejor
equipo de trabajo en la educación de los niños.
Bien vale la pena, fortalecer la función educadora de
la familia, compartir la responsabilidad de los maestros y
asumir bien la tarea, en la educación de los infantes.
Un ambiente familiar agradable, una estimulación positiva
del desarrollo y un clima altamente afectivo, cimentarán
las bases socio-afectivas, para un adecuado desarrollo de la
personalidad del chico; pues de poco servirán, los juguetes
electrónicos, zapatos de marca, alimentos y ropa de
importación, si en el hogar no existe calidez, respeto,
amor y protección. El apego y los vínculos afectivos
que se establezcan con los pequeños, serán el
lazo fuerte para asegurar un adecuado desarrollo emocional,
la libertad y la independencia personal; fortalezas, que a
temprana edad, habrán de edificarse, para bien de los
niños.
En
nuestro país, aún cuando las enmiendas a
los artículos 4 y 8 de la Constitución Política
, afianza la protección de los derechos del niño;
la Ley para la protección de las niñas, niños
y adolescentes, aprobada por el Congreso de la Unión
( Mayo, 2000), aseguran el desarrollo integral, la no discriminación
por ninguna razón o circunstancia y promueve la cultura
de protección de los derechos de la infancia; su valor
legal, perdería calidad humana y principio social, si
no se crean políticas públicas efectivas, para
fortalecer la formación en valores en la educación
básica, impulsar la vida en familia, establecer un programa
nacional contra la no violencia y maltrato infantil.
El
respeto a los derechos del niño, no se garantiza
con la firma de declaraciones o leyes; se requieren padres,
madres de familia y tutores, responsables y amorosos; se necesitan
escuelas incluyentes, en donde todos los niños tengan
igualdad de oportunidades, respeto y aceptación, en
donde los menores sean considerados como sujetos que aprenden,
más que como objetos de enseñanza; urgen educadores
con cualidades éticas, intelectuales y afectivas, para
cultivarlas en sus alumnos, dispuestos a perfeccionarse para
elevar su nivel de competencia didáctica y de motivación
por el crecimiento personal; demandamos un sistema de justicia,
que sancione, la pornografía, explotación y violencia
infantil en todas sus manifestaciones; exigimos, un sistema
de gobierno honesto, sensible, comprometido y dispuesto a formar
ciudadanos libres, independientes, educados, con valores universales
para construir el México que necesitamos.
La
concepción de los derechos del niño, son
una razón, para desarrollar en las niñas y niños
de nuestro país, la capacidad de participar activamente
durante toda la vida en un proyecto de sociedad mexicana; basado
en un enfoque del desarrollo humano, el “desarrollo”, debe
ser la promesa optimista de una vida mejor para todos. “Humano”,
debería hacer referencia a un sistema de valores que
dé más importancia a las riquezas no materiales:
solidaridad, libertad, justicia y respeto. Los valores adquiridos
en la infancia, son el pasaporte para toda la vida.
San
Francisco de Campeche, noviembre de 2006. |