Nos
describe el deleite de la libertad de mayo, “cuando los enamorados/ van a servir al amor”, bajo
una atmósfera encendida de gozos que tan bien nos
sienta respirar.
Lo
que sucede es que hoy el amor me parece que también
se sirve de otra manera, sin abrirse y más como instinto,
en plan posesivo más que como ofrenda y sacrificio.
Hasta el punto que, en ocasiones, empieza ya a resultar bastante
difícil discernir si la procreación ha sido fruto
del amor o de una noche desenfrenada. Lo animal ha tomado posiciones
ventajosas. Creo que mayo es un libro aventajado para el amor,
del que podemos beber sustanciosos mensajes para la vida. Su
angelical ternura creadora puede ayudarnos a ver otro despertar
más amoroso, como fuente de la que nació este
mismo estado de donación. A
pesar de los hielos que se clavan en los corazones, somos
hijos de un mundo que se mueve por ciclos. Mayo tiene ese
encanto especial de elevarnos a poco que nos dejemos. Sólo hay
que subirse al despertar de la naturaleza. Algunas gentes se
sienten tan a gusto, que avivan los festines de mayo, aunque
sea en el recuerdo. Mejor es eso que nada. Llegan a plantar
el árbol de mayo en sus ojos como si lo tuviesen delante,
vuelven a declararse el amor a la sombra de las poéticas
ramas y trepan por el abecedario del tiempo con el corazón
en la mano. Es por mayo cuando todo vuelve a empezar. Resurge
la creación y se vuelve a regenerar la vida. Nacer en
mayo con la poesía en los labios, desabrocharse como
lo hace una rosa a la vida, despuntar amores en vez de apuntar
odios, es una sana manera de recomenzar. Sin duda, mayo es
de los poetas y de la poesía, de la poesía y
de los poetas que son capaces de injertar músicas siderales
en ambientes de asfalto.
Como
agua de mayo todo viene bien en esta parada de perfumes naturales.
Se alza con todas las bendiciones del tiempo. Su altar ha
cosechado los más níveos versos, las
declaraciones más puras, sus enredaderas perfumadas
de emociones tienen un olor astral que nos mueven el alma.
Mayo no pasa indiferente para nadie. La respuesta de mayo globaliza,
universaliza, fraterniza. Sólo hay que dejarse plantar
en la tierra buena de los humildes, bajarse de las alturas,
puesto que allí no se dan las flores de verdad. Las
de mentira no son lo mismo. Dicen que en el corazón
de todas las estaciones vive un mayo florido, y que detrás
de cada noche, viene una rosa que nos devuelve la sonrisa.
Sólo hay que salir a recibirla. A mayo hay que marchar
a reconquistarlo en la pureza, para acogerlo y abrazarlo y
que te sacie de su belleza.
Mayo
tiene tras de si historias irrepetibles que van perdiendo
fuelle. La agitación del movimiento obrero del primero
de mayo ya no es lo que era, aunque debiera serlo, puesto que
el sistema capitalista nos está dejando sin voz, cristalizando –y
no con flores- en unas formas de vivir presididas por el individualismo,
el consumismo y el hedonismo. También se ha degenerado
lo que es amor propio, el garbo de un levantamiento contra
el invasor de manera espontánea y popular. Ahora, sin
embargo, vemos crímenes organizados y nos damos la media
vuelta. Los efectos de esta pasividad ya se empiezan a sentir.
Podemos tener los mejores paraísos para el descanso,
las mejores lunas y soles, los más claros días
de mayo, pero si la actividad delictiva crece, como apunta
la policía, el turismo baja porque los cariños
se pierden.
Me
dicen, de igual modo, que en este mayo floreciente han aumentado
las madres que no han recibido ni una rosa de sus descendientes.
Unos porque empiezan a dudar de tener madre y otros porque
esas cosas sencillas de regalar flores no lo entienden. Se
les pasa desapercibido. En cualquier caso, está visto
que mayo ya no es lo que era. Por eso, yo vengo a reivindicar
el mayo de las revoluciones y de las rosas, el mayo de las
madres y de la clase obrera, el mayo de los poetas y de los
enamorados. El mayo del alma, en definitiva. No vale la pena
perder el tiempo mirando los triquinis en los retocados cuerpos,
esas tiras tan de moda ahora que se entrelazan para cubrir
lo justo y necesario, con escotes de vértigo y aberturas
asimétricas, y no ver los atractivos que tiene la naturaleza
por sí misma, embelesarse con sus multicolores vestidos,
dejarse seducir por esa maravilla sustancial que el creador
puso a nuestro alcance para no tener hambre de oxígeno.
En
el universo de las maravillas de mayo se dan todas las hermosuras,
su lienzo viene cargado de dulzuras que invita a contemplarlas.
No se pide nada a cambio. Me parece un buen motivo hallarse,
pues, con este tiempo de galanuras. Tenemos el corazón sitiado, desgarrado, recluido en las tinieblas,
embotellado por las adicciones, enjaulado por el consumo, que
nos viene a pedir de boca redescubrir el mayo liberador. Que
la libertad no es fruto que crezca en todos los ambientes y,
por ello, todavía no está al alcance de todas
las personas. Mayo, con su dulce nombre, tiene todos los hechizos
para descongelarnos la cara de tristeza del invierno. Nos otorga
el privilegio, adquirir el hábito sólo depende
de nosotros. |