Calkiní, 18 de mayo de 2005
 
El valor de ser maestro. Por Teresita Durán Vela
 
 

La identidad profesional del maestro, está matizada por un conjunto de actitudes y valores propios, que la distinguen como una profesión, cien por ciento humanista; única, por la propia misión social que le corresponde; compleja , por los diferentes factores que la determinan y exigente, por las políticas y necesidades sociopolíticas de los pueblos.

Si bien, es cierto, que ser maestro, implica asumir con responsabilidad, las funciones propias de este ejercicio, también vale la pena, reconocer, que las maestras y los maestros, son capaces de crear, proponer, investigar, criticar y reflexionar sobre su quehacer; sobre todo, porque su labor, es valiosa en la formación de las personas y en la trasformación de la sociedad.

 

Cuando los maestros definen la filosofía de su profesión y asumen la identidad profesional de su carrera, seguramente su desempeño, responde a las exigencias socioculturales de la comunidad; su quehacer docente, atiende a las necesidades individuales de los alumnos; y sus actitudes, dan cuenta del sistema de valores propios de su profesión. Por el contrario, cuando se carece de estos recursos personales, dificilmente se adquiere un crecimiento personal, y en consecuencia, el desarrollo profesional no es el esperado. Es necesario que cada profesor, construya su filosofía escolar, para seguir creyendo en sus alumnos, aprovechar al máximo las capacidades de los educandos, minimizar o eliminar barreras que limitan el aprendizaje, optimizar los recursos didácticos y aprovechar las condiciones de la escuela; utilizar con libertad diversas formas de trabajo, fortalecer la vinculación con los padres de familia y la comunidad; porque estoy segura, que cada maestra y maestro, tiene libertad y creatividad para enriquecer sus clases y transformar la vida de las escuelas.

El compromiso moral de cada educador y la calidad humana de la profesión, son la clave para revalorar la imagen del maestro; por eso, considero que las maestros y maestros, necesitan mantener una actitud de crecimiento personal, con la motivación permanente para enriquecer sus prácticas metodológicas y estrategias didácticas, a partir de sus propias reflexiones y experiencias; con la convicción misma, de que el maestro, es tan valioso y necesario, en la formación de los ciudadanos del mañana y en la construcción de una sociedad justa, incluyente y democrática.

En mi humilde opinión, la docencia no es una tarea simple, es un trabajo digno; una misión social que se sostiene por el deseo de servir, compromiso de crecer y deseo de trascender en esta profesión; porque aquel que no realiza su trabajo con convicción, aquel que no cree en los valores morales y derechos humanos, ni respeta los sentimientos de los alumnos; quizá no aprecie la diversidad humana y sienta que la vida en la escuela, es un aburrido pasatiempo; en donde importa más, dejar pasar las horas de la jornada escolar, esperar las vacaciones y existir, sin un proyecto de vida, o sea, vivir sin aceptar la responsabilidad de la profesión.

Comparto la invitación para reflexionar juntos, en estos días de celebración; sobre las satisfacciones, experiencias y vivencias construidas; estamos a tiempo de modificar prácticas y acciones para fortalecer la grandeza de la profesión, y dignificar juntos, la misión a la que estamos comprometidos.

Después de dos décadas de vida magisterial, considero que lo valioso en esta carrera y lo gratificante de este trabajo, está en la voluntad para “hacer” y en el corazón para “sentir”; porque hay que “ser sensibles” en esta profesión, ejercerla con amor, para vivir con la satisfacción de servir con calidad. ¡Felicidades maestras y maestros!

 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán. 17/05/2005 / Foto: Santiago Canto Sosa