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La
identidad profesional del maestro, está matizada
por un conjunto de actitudes y valores propios,
que la distinguen como una profesión, cien
por ciento humanista; única, por la propia
misión social que le corresponde; compleja
, por los diferentes factores que la determinan
y exigente, por las políticas y necesidades
sociopolíticas de los pueblos.
Si
bien, es cierto, que ser maestro, implica asumir
con responsabilidad, las funciones propias de este
ejercicio, también vale la pena, reconocer,
que las maestras y los maestros, son capaces de
crear, proponer, investigar, criticar y reflexionar
sobre su quehacer; sobre todo, porque su labor,
es valiosa en la formación de las personas
y en la trasformación de la sociedad.
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Cuando
los maestros definen la filosofía de su profesión
y asumen la identidad profesional de su carrera, seguramente
su desempeño, responde a las exigencias socioculturales
de la comunidad; su quehacer docente, atiende a las necesidades
individuales de los alumnos; y sus actitudes, dan cuenta del
sistema de valores propios de su profesión. Por el contrario,
cuando se carece de estos recursos personales, dificilmente
se adquiere un crecimiento personal, y en consecuencia, el desarrollo
profesional no es el esperado. Es necesario que cada profesor,
construya su filosofía escolar, para seguir creyendo
en sus alumnos, aprovechar al máximo las capacidades
de los educandos, minimizar o eliminar barreras que limitan
el aprendizaje, optimizar los recursos didácticos y aprovechar
las condiciones de la escuela; utilizar con libertad diversas
formas de trabajo, fortalecer la vinculación con los
padres de familia y la comunidad; porque estoy segura, que cada
maestra y maestro, tiene libertad y creatividad para enriquecer
sus clases y transformar la vida de las escuelas.
El
compromiso moral de cada educador y la calidad humana de la
profesión, son la clave para revalorar la imagen del
maestro; por eso, considero que las maestros y maestros, necesitan
mantener una actitud de crecimiento personal, con la motivación
permanente para enriquecer sus prácticas metodológicas
y estrategias didácticas, a partir de sus propias reflexiones
y experiencias; con la convicción misma, de que el maestro,
es tan valioso y necesario, en la formación de los ciudadanos
del mañana y en la construcción de una sociedad
justa, incluyente y democrática.
En
mi humilde opinión, la docencia no es una tarea simple,
es un trabajo digno; una misión social que se sostiene
por el deseo de servir, compromiso de crecer y deseo de trascender
en esta profesión; porque aquel que no realiza su trabajo
con convicción, aquel que no cree en los valores morales
y derechos humanos, ni respeta los sentimientos de los alumnos;
quizá no aprecie la diversidad humana y sienta que la
vida en la escuela, es un aburrido pasatiempo; en donde importa
más, dejar pasar las horas de la jornada escolar, esperar
las vacaciones y existir, sin un proyecto de vida, o sea, vivir
sin aceptar la responsabilidad de la profesión.
Comparto
la invitación para reflexionar juntos, en estos días
de celebración; sobre las satisfacciones, experiencias
y vivencias construidas; estamos a tiempo de modificar prácticas
y acciones para fortalecer la grandeza de la profesión,
y dignificar juntos, la misión a la que estamos comprometidos.
Después
de dos décadas de vida magisterial, considero que lo
valioso en esta carrera y lo gratificante de este trabajo, está
en la voluntad para “hacer” y en el corazón
para “sentir”; porque hay que “ser sensibles”
en esta profesión, ejercerla con amor, para vivir con
la satisfacción de servir con calidad. ¡Felicidades
maestras y maestros!
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