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No
hay palabra para el silencio,
el silencio es la paz que todos buscamos.
Si
de esta quietud queremos gozar,
destruyamos todas las armas
que nos arman para el odio y la venganza,
edifiquemos un nuevo abecedario
con los versos que manan del alma.
Nos
decimos haya paz,
sabemos que es el amor de cada día,
todos lo hablamos y hablamos,
pero muy pocos lo donamos porque sí. |
Buscamos
la luz,
percibimos que es la flor de una sonrisa,
observamos la armonía en la raíz del ser,
pero nos dejamos perder en la selva
y abandonarnos a la sombra del león.
La
paz no se impone con bombas,
se expresa con la clemencia,
y con la verdad uno se injerta a ella.
Porque
el fruto de la paz nace y renace
del servicio al amor que nos dotemos,
no puede haber vencedores ni vencidos.
Y,
así, cuando la autenticidad germina,
sin la estupidez del invasor
y sin el rencor del rendido,
el mundo se hermana, la persona se humaniza.
Quién
armoniza, jamás concibe la guerra,
porque desune lo que el universo une, la vida,
y porque desata lo que el amor ata, amarse.
Seamos
gentes de paz, es cuestión de querer,
no de poder, que el poder tiende a corromper. |