| La
educación familiar basa su calidad, según los
estilos de crianza, costumbres y valores, que los padres transmiten
a sus descendientes; pone en práctica formas de vida
en la organización de tareas, modelos de comportamiento,
cumplimiento de tareas y formas de convivencia. Es cierto que
la composición de la estructura familiar se ha transformado,
ahora, existen familias integradas únicamente por papá
y los hijos; mamá y los hijos, mamá con nueva
pareja y los hijos de ambos; hijos huérfanos viviendo
con los abuelos; esposos sin hijos educando hijos de algún
familiar, parejas con hijos adoptados, madres solteras, etc…
cualquiera que sea el caso, los adultos son los encargados de
brindar educación familiar; son los indicados para criar
pequeños o formar adolescentes solidarios, responsables,
honestos, trabajadores.
La
familia es el primer espacio de aprendizaje del ser humano,
fuente inagotable de sentimientos y oasis seguro de compañía,
ayuda y afecto. Es precisamente, en familia, donde se viven
y aprenden los valores; el escenario para la historia de cada
persona, el mejor sitio donde la comunicación es la herramienta
excepcional para las relaciones entre padres e hijos. La comunicación
crea situaciones de confianza, pues es un medio para fortalecer
la unión, mediante vínculos afectivos en la convivencia;
sin comunicación, no hay comprensión. La comunicación
facilita la hermandad, además es indispensable para la
vida en el hogar, asegura lazos entre los miembros de la familia.
La comunicación no es simple intercambio de palabras,
sino un acto de confianza, respeto y diálogo sincero;
cuando existe comunicación, nace la armonía.
La
creación de una buena atmósfera afectiva –sostenida
por la comunicación- va más allá de dar
órdenes o decirle a los hijos, cuánto se les quiere;
se relaciona con la expresión del afecto a través
del contacto físico: caricias, abrazos, besos, saludos,
etc… Comunicar es decir lo que siente el corazón,
abrir los sentimientos y escuchar con atención los mensajes
de los interlocutores.
En
estos tiempos, es necesario estar más cerca de los hijos,
las épocas han cambiado; el acceso a diversas fuentes
de información, los patrones culturales de diferentes
comunidades del planeta, aunado a los nuevos modelos de familias,
el tiempo y la calidad de las relaciones entre padres e hijos,
son algunas de las causas del cambio en los estilos de crianza
y formas de convivencia en el hogar. Hoy día, los pequeños
y adolescentes están expuestos a estímulos y modelos
virtuales, procedentes de prototipos y culturas de otras naciones;
prototipos que ponen en riesgo la cohesión, el respeto
a la vida y la dignidad.
En
esta época, aún con los avances tecnológicos,
la revaloración de la función educativa y socializadora
de la familia, debe ser una prioridad. Insistir en los efectos
positivos que tiene la educación de los hijos, comunicar
a través de una vida con valores, la congruencia entre
pensamientos, sentimientos, palabras y acciones. Mientras más
cerca de los hijos, mejores relaciones se cultivan.
Sirva
el día de la familia, para reunirse a celebrar juntos:
abuelitos, padres, hijos, nietos, sobrinos… convivir logros,
resolver problemas, tomar decisiones y hacer proyectos para
fortalecer la unión familiar. Cada día puede ser
pretexto para celebrar a la familia, en cada aurora, renace
la esperanza de ver crecer a los pequeños; entregar al
ser querido, muestras transparentes de ternura y solidaridad.
Amable
lector, su familia es parte importante de su existencia. Nada
mejor que la alegría de los niños, la ternura
de los viejitos y un abrazo afectuoso de papá o mamá.
Todos los días, celebre con su familia las bendiciones
de la vida.
¡Viva
la familia!
San
Francisco de Campeche. 5 de marzo de 2010. |