La
mujeres mexicanas tenemos el reconocimiento legal
en términos de igualdad –así lo asienta
la Constitución Política, la Leygeneral
para la igualdad entre hombres y mujeres (2006)
y la Ley general de acceso de las
mujeres a una vida sin violencia (2007). Sin embargo,
la situación actual de millones de féminas, dista
mucho de la realidad; y se fortalece desfavorablemente por
la educación informal (costumbres, medios, iglesia,
etc...) estereotipos, creencias, prejuicios, principios, individuales
y colectivos, de hombres y mujeres, con modelos y paradigmas
de crianza, alejados de la perspectiva de género,
con prácticas discriminatorias y de violencia.
La
mujer de hoy, tiene que ser firme en sus valores; emprendedora,
para alcanzar su desarrollo. Necesita dirigirse cautelosamente
y con inteligencia, en la toma de decisiones; seguir siendo
atrevida, valiente y trabajadora, para trascender como la mejor
profesionista, empleada, funcionaria, estudiante, mamá o
abuela. No podemos sentarnos a lado de la “Novia del
mar” permanentemente, a esperar el futuro, tenemos que
trabajar con responsabilidad, para conseguir una mejor
calidad de vida; estudiar para adquirir los conocimientos,
apropiarse de las habilidades, valores y competencias para
la vida.
En
este siglo XXI, resulta un gran desafío “garantizar
una vida libre de violencia, que promueva el desarrollo integral
de las mujeres, elimine la discriminación y promueva
el bienestar y desarrollo de principios de igualdad en las
mujeres” (Ley general de acceso a una vida libre de
violencia, México, 2007); los gobiernos por sí solos, poco
lograrán sin la participación activa y decidida
de las mujeres.
Las
mujeres de Campeche, merecen más y mejores oportunidades,
para su desarrollo; hacer equipo con los varones,
crear familias sólidas, alianzas con las instituciones,
solidarizarse con los grupos de apoyo y personas en situaciones
de vulnerabilidad. Tienen derecho a expresar sus necesidades,
ideas, pensamientos y propuestas; porque son merecedoras
de mejores programas de educación, salud, cultura y
seguridad. En ellas y los hombres, radica la fuerza para construir
un estado mejor, un país digno para su familia y un
mundo más humano.
Ninguna
campechana debe sentirse rezagada, sino valiosa; haciendo
valer sus derechos humanos; es tiempo de ampliar la cobertura
de servicios públicos a las comunidades más apartadas
o rurales; que ninguna mujer de las riberas de Palizada,
las comunidades mayas de Calakmul, Hopelchén y
Calkiní; las de los ejidos de Candelaria, Escárcega
o Champotón, que no estén marginadas de las ofertas
educativas, productivas, culturales o de salud, que a su favor
se establezcan.
Las
mujeres y los hombres de esta época, vivimos un
mismo tiempo y afrontamos los mismos retos: la libertad y respeto
a la dignidad. Abrimos nuevas ventanas a nuestras justas
aspiraciones; sin la participación de la mujer,
nuestro estado y sus comunidades, no podrán superar
la pobreza, ni podrán entrar de verdad al desarrollo.
Todos tenemos el deber de dar lo mejor de nosotros mismos,
a nuestras familias, a nuestras comunidades y a nuestro estado.
En
este milenio, las mujeres no deben asumir actitudes de pasividad,
conformismo o expectación; se requiere más
voces en todos los espacios posibles, para cambiar los
paradigmas culturales del pasado; eliminar las cortinas del
oscurantismo, desaparecer temores y romper el silencio de aquellas
que son víctimas de injusticias, castigos, agresiones,
violaciones, discriminación y explotación.
Exhorto
a las mujeres a organizarse, no sólo bajo el
ideal de los partidos políticos, sino mediante principios,
metas y convicciones de género, para crear proyectos
sociales a favor de ellas mismas y de quienes no tienen las
fortalezas para hacerlo.
Sigamos
la luz brillante de María Lavalle Urbina, quien
durante muchos años de su vida, encabezó la defensa
de la mujer y sus derechos; sigamos la herencia de la brecha
abierta, para que las mujeres mexicanas, accedan a la igualdad,
a mejores condiciones para su educación, desarrollo
y vida.
¡Las
mujeres luchamos por construir puentes, no barreras!
San
Francisco de Campeche, Cam. Marzo de 2008. |