Calkiní, 3 de marzo de 2008
 
Las mujeres campechanas en el siglo XXI

Por Teresita Durán Vela

 

Escribo estas líneas, con la fuerza del silencio de muchas mujeres y la convicción de la solidaridad; con el compromiso moral de dar voz a la voz de las mujeres del pueblo donde nací y la ciudad donde vivo, de aquellas que estudiaron y las que no pudieron hacerlo; de las que tienen discapacidad, las soñadoras y  las que han dejado de sonreír.

El “Día internacional de la mujer” es ocasión para reflexionar sobre los avances conseguidos en el siglo XX a favor de las mujeres en el mundo; exigir cambios, compartir puntos de vista, perseverar en el llamado a la sociedad entera, por la libertad, la no violencia y una vida digna para toda la humanidad.

Una de las participantes en el certamen de elección de la "Flor de Jipi 2002", en Bécal
 

La mujeres mexicanas tenemos el reconocimiento legal en términos de igualdad –así lo asienta la Constitución Política, la Leygeneral para la igualdad entre hombres y mujeres (2006) y la Ley  general de acceso de las mujeres a una vida sin violencia (2007). Sin embargo, la situación actual de millones de féminas, dista mucho de la realidad; y se fortalece desfavorablemente por la educación informal (costumbres, medios, iglesia, etc...) estereotipos, creencias, prejuicios, principios, individuales y colectivos, de hombres y mujeres, con modelos y paradigmas de crianza, alejados de la perspectiva de género, con prácticas discriminatorias y de violencia.

La mujer de hoy, tiene que ser firme en sus valores; emprendedora, para alcanzar su desarrollo. Necesita dirigirse cautelosamente y con inteligencia, en la toma de decisiones; seguir siendo atrevida, valiente y trabajadora, para trascender como la mejor profesionista, empleada, funcionaria, estudiante, mamá o abuela. No podemos sentarnos a lado de la “Novia del mar” permanentemente, a esperar el futuro, tenemos que trabajar con responsabilidad, para conseguir una mejor calidad de vida; estudiar para adquirir los conocimientos, apropiarse de las habilidades, valores y competencias para la vida.

En este siglo XXI, resulta un gran desafío “garantizar una vida libre de violencia, que promueva el desarrollo integral de las mujeres, elimine la discriminación y promueva el bienestar y desarrollo de principios de igualdad en las mujeres” (Ley general de acceso a una vida libre de violencia, México, 2007); los gobiernos por sí solos,  poco lograrán sin la participación activa y decidida de las mujeres.

Las mujeres de Campeche, merecen más y mejores oportunidades, para su desarrollo; hacer  equipo con los varones, crear familias sólidas, alianzas con las instituciones, solidarizarse con los grupos de apoyo y personas en situaciones de vulnerabilidad. Tienen derecho a expresar sus necesidades, ideas, pensamientos y propuestas; porque  son merecedoras de mejores programas de educación, salud, cultura y seguridad. En ellas y los hombres, radica la fuerza para construir un estado mejor, un país digno para su familia y un mundo más humano.

Ninguna campechana debe sentirse rezagada, sino valiosa; haciendo valer sus derechos humanos; es tiempo de  ampliar la cobertura de servicios públicos a las comunidades más apartadas o rurales; que ninguna mujer  de las riberas de Palizada, las comunidades mayas de Calakmul, Hopelchén y Calkiní; las de los ejidos de Candelaria, Escárcega o Champotón, que no estén marginadas de las ofertas educativas, productivas, culturales o de salud, que a su favor se establezcan.

Las mujeres y los hombres de esta época, vivimos un mismo tiempo y afrontamos los mismos retos: la libertad y respeto a la dignidad. Abrimos nuevas ventanas a nuestras justas aspiraciones; sin la participación de la mujer, nuestro estado y sus comunidades, no podrán superar la pobreza, ni podrán entrar de verdad al desarrollo. Todos tenemos el deber de dar lo mejor de nosotros mismos, a nuestras familias, a nuestras comunidades y a nuestro estado.

En este milenio, las mujeres no deben asumir actitudes de pasividad, conformismo o expectación; se requiere más voces  en todos los espacios posibles, para cambiar los paradigmas culturales del pasado; eliminar las cortinas del oscurantismo, desaparecer temores y romper el silencio de aquellas que son víctimas de injusticias, castigos, agresiones, violaciones, discriminación y explotación.

Exhorto a las mujeres a organizarse, no sólo bajo el ideal de los partidos políticos, sino mediante principios, metas y convicciones de género,  para crear proyectos sociales a favor de ellas mismas y de quienes no tienen las fortalezas para hacerlo.

Sigamos la luz brillante de María Lavalle Urbina, quien durante muchos años de su vida, encabezó la defensa de la mujer y sus derechos; sigamos la herencia de la brecha abierta, para que las mujeres mexicanas, accedan a la igualdad, a mejores condiciones para su educación, desarrollo y vida.

¡Las mujeres luchamos por construir puentes, no barreras!

San Francisco de Campeche, Cam. Marzo de 2008.

 
 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán Vela; 3 de marzo de 2008 / Foto: Santiago Canto Sosa, 2002