Los
miércoles de ceniza
el hijo de la sangre
acostumbra imaginar luceros
en su frente pordiosera.
Es
polvo
y en su pelo suben las arañas
que no tienen dónde tejer la fe.
Después
de oír a Baco
predica tintazul en los espejos
y recibe una cruz divina
en sus cejas
aún pintadas con aceite negro.
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