Calkiní, 17 de junio de 2010
 
Razones para celebrar a los padres

Por Teresita Durán Vela

 

Uno de los rasgos que distinguen la cultura de los mexicanos, es su gusto por las celebraciones; por ejemplo, si la selección nacional, anota un gol, gritamos con emoción; si gana el partido, la fiesta se prolonga por varias horas.

Festejamos el nacimiento de otro miembro de la familia, los quince años de la hija, la graduación del profesionista, la boda de los hijos, el cumpleaños del abuelo, el día de la Madre, la llegada de los nietos y también el día del Padre.

 

¿Por qué festejar a Papá? Las razones pueden ser diversas. Desde el punto de vista afectivo, social, comercial, cultural, hasta con un enfoque antropológico. Los hijos –según su edad- y a partir de sus vivencias, asumen el rol de los mejores evaluadores de virtudes, defectos y puntos débiles de sus padres. De acuerdo a las formas de relacionarse, establecer vínculos entre ambos o la calidad de comunicación en el hogar, califican o descalifican a sus progenitores. Para los pequeños, es un héroe; para un adolescente, “el viejo está chocheando”; a un joven le parece que Papá es anticuado, para los adultos, su Padre, es todo un experto; así, los ojos de los hijos, perciben parcialmente al ser humano que provee sustento y nutre con su ejemplo la educación en la familia. Cada persona reconoce en esa figura humana, al ser desde varias perspectivas o experiencias individuales. En la vida, no todo es descalificación, algunos necesitan usar lentes de aumento, para ver la grandeza de la generosidad de los padres; la fuerza de las manos del hombre trabajador, la ternura con que mira, y a veces, el brillo de sus ojos cuando ríe. Papá es el hombre de altura entre otros varones, el caballero con la armadura del coraje y el lenguaje sabio.

Todo ser tiene su propia historia, cada familia, construye los pilares para sostener la unión, el amor y la solidaridad entre sus miembros; cuando esas piezas, están firmes, difícilmente las circunstancias rompen la dinámica familiar, por el contrario, pueden afianzarse los vínculos afectivos y levantarse de la caída más fuerte que se experimente.

El trabajo, la pareja, los hijos, compromisos con la iglesia, el partido, los amigos o el club, no son pretexto para dejar de convivir con los padres –incluyendo a Mamá- . Aunque el día tiene 24 horas, es posible administrar el tiempo para programar unos minutos y dedicarlos a Papá. Él tiene sentimientos, anhelos y amociones.

En esta ocasión, amable lector, comparto con usted, a través de estas líneas, la mirada de la hija, no las palabras de la mujer alfabetizada, ni el pensamiento reflexivo de la profesionista: “Agradezco al Creador, la bendición de tener a Papá en casa. Nació poco después del inicio de la revolución, a sus ochenta y seis años, vive en este siglo XXI, enamorado de Mamá; es su cuidador y vigía permanente. Ambos llegaron a la vejez compartiendo toda una vida de estar juntos. Papá es como un faro, su luz sigue iluminando mis auroras; su voz alimenta la alegría de su existencia, es un Quijote, vencedor de mil batallas.

A ti, Caballero

Hombre de triste figura,
mi gran caballero andante,
eres luz en mi negrura
y en mi tristeza viandante.

De la paz el centinela
cuando de ideales sinceros,
por los desvelos en vela,
corazón valiente y fiero.

Ingenioso Caballero,
hacedor de mil hazañas,
sé mi amparo y sé mi alero
y sé sol en mis mañanas.

Eres hidalgo invencible
defendiendo la verdad,
modelo de lumbre audible
por toda la humanidad.

Símbolo de lealtad
es tu famoso escudero,
la amistad es facultad
de un afán leal y sincero.

Hambre y sed y sueño austero
por los ásperos caminos,
una voluntad de acero
vencedor de los molinos.

Grande el corazón pequeño
de armadura fascinante,
el espejismo de un sueño
vio vencer a los gigantes.

¡Eres ejemplo admirable
defendiendo la verdad,
la justicia inalcanzable,
la fe, la tenacidad!

Para ti canta mi amor
estrofas que tú inspiraste,
de esta mi lira el loor
pues no te amó lo que amaste.

Felicidades a los Padres en su día.

Junio de 2010

 
Armando Ordóñez Rodríguez (Izq.), en compañía de su padre, Armando Ordóñez (q.e.p.d.)
 
 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán; 17/06/2010 // Fotos: Ana y Santiago Canto; 2005