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Uno
de los rasgos que distinguen la cultura de los mexicanos, es
su gusto por las celebraciones; por ejemplo, si la selección
nacional, anota un gol, gritamos con emoción; si gana
el partido, la fiesta se prolonga por varias horas.
Festejamos
el nacimiento de otro miembro de la familia, los quince años
de la hija, la graduación del profesionista, la boda
de los hijos, el cumpleaños del abuelo, el día
de la Madre, la llegada de los nietos y también el día
del Padre. |
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¿Por qué festejar a Papá? Las razones pueden
ser diversas. Desde el punto de vista afectivo, social, comercial,
cultural, hasta con un enfoque antropológico. Los hijos
–según su edad- y a partir de sus vivencias, asumen
el rol de los mejores evaluadores de virtudes, defectos y puntos
débiles de sus padres. De acuerdo a las formas de relacionarse,
establecer vínculos entre ambos o la calidad de comunicación
en el hogar, califican o descalifican a sus progenitores. Para
los pequeños, es un héroe; para un adolescente,
“el viejo está chocheando”; a un joven le
parece que Papá es anticuado, para los adultos, su Padre,
es todo un experto; así, los ojos de los hijos, perciben
parcialmente al ser humano que provee sustento y nutre con su
ejemplo la educación en la familia. Cada persona reconoce
en esa figura humana, al ser desde varias perspectivas o experiencias
individuales. En la vida, no todo es descalificación,
algunos necesitan usar lentes de aumento, para ver la grandeza
de la generosidad de los padres; la fuerza de las manos del
hombre trabajador, la ternura con que mira, y a veces, el brillo
de sus ojos cuando ríe. Papá es el hombre de altura
entre otros varones, el caballero con la armadura del coraje
y el lenguaje sabio.
Todo
ser tiene su propia historia, cada familia, construye los pilares
para sostener la unión, el amor y la solidaridad entre
sus miembros; cuando esas piezas, están firmes, difícilmente
las circunstancias rompen la dinámica familiar, por el
contrario, pueden afianzarse los vínculos afectivos y
levantarse de la caída más fuerte que se experimente.
El
trabajo, la pareja, los hijos, compromisos con la iglesia, el
partido, los amigos o el club, no son pretexto para dejar de
convivir con los padres –incluyendo a Mamá- . Aunque
el día tiene 24 horas, es posible administrar el tiempo
para programar unos minutos y dedicarlos a Papá. Él
tiene sentimientos, anhelos y amociones.
En
esta ocasión, amable lector, comparto con usted, a través
de estas líneas, la mirada de la hija, no las palabras
de la mujer alfabetizada, ni el pensamiento reflexivo de la
profesionista: “Agradezco al Creador, la bendición
de tener a Papá en casa. Nació poco después
del inicio de la revolución, a sus ochenta y seis años,
vive en este siglo XXI, enamorado de Mamá; es su cuidador
y vigía permanente. Ambos llegaron a la vejez compartiendo
toda una vida de estar juntos. Papá es como un faro,
su luz sigue iluminando mis auroras; su voz alimenta la alegría
de su existencia, es un Quijote, vencedor de mil batallas.
A
ti, Caballero
Hombre
de triste figura,
mi gran caballero andante,
eres luz en mi negrura
y en mi tristeza viandante.
De
la paz el centinela
cuando de ideales sinceros,
por los desvelos en vela,
corazón valiente y fiero.
Ingenioso
Caballero,
hacedor de mil hazañas,
sé mi amparo y sé mi alero
y sé sol en mis mañanas.
Eres
hidalgo invencible
defendiendo la verdad,
modelo de lumbre audible
por toda la humanidad.
Símbolo
de lealtad
es tu famoso escudero,
la amistad es facultad
de un afán leal y sincero.
Hambre
y sed y sueño austero
por los ásperos caminos,
una voluntad de acero
vencedor de los molinos.
Grande
el corazón pequeño
de armadura fascinante,
el espejismo de un sueño
vio vencer a los gigantes.
¡Eres
ejemplo admirable
defendiendo la verdad,
la justicia inalcanzable,
la fe, la tenacidad!
Para
ti canta mi amor
estrofas que tú inspiraste,
de esta mi lira el loor
pues no te amó lo que amaste.
Felicidades
a los Padres en su día.
Junio
de 2010 |