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| Calkiní,
13 de febrero de 2014 |
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| Una vida entre tijeras. Jorge Enrique Chuc Uc |
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(Teresita Durán Vela).- Nació el 18 de abril de 1937, en el pueblo de Bécal, Calkiní. Sus padres fueron Pastor Chuc y Lucila Uc, ambos originarios de ese lugar.
Cursó estudios hasta el cuarto grado de Primaria, en la escuela de la localidad. Desde muy temprana edad aprendió a tejer sombreros, sin embargo, recuerda con agrado, que su infancia fue a todo dar con los otros chamacos, pues jugaban trompo, canicas, chi'ntiro, balero y hasta con ingenio, fabricaban sus propios juguetes como el aro; con los carretes de los hilos para urdir hamacas, inventaron como dos ruedas que giraban como hélices.
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Recuerda una anécdota: “cuando le metí el pie a un chamaco y se cayó, me pareció algo trágico y chusco, pues el compañero de juego se lastimó tanto que no dejaba de llorar”.
Siendo adolescente, entre los 12 y 13 años de edad, aprendió a cortar cabello con don Zacarías Ordóñez, comenta: –me acercaba a don Zacarías y desde atrás observaba como manejaba las tijeras-, así surgió en el interés por ese oficio. En uno de sus viajes a Calkiní –acompañado del finado Willabaldo Canto- acudieron a una barbería y sintió nuevamente la motivación para dedicarse a cortar el cabello a los jóvenes y señores.
Recuerda que en la cueva de casa de sus padres, acudían vecinos y amigos a tejer, ellos fueron sus primeros clientes. Empezó a trabajar en casa de su padre, no olvida a sus primeros modelos con quien practicó: Alonso Naal, Clodomiro García, Arturo González (no el de la orquesta jaranera), entre otros. A los 25 años de edad, adquirió su equipo de trabajo: silla, tijeras y maquinitas. Fue tal su deseo de iniciarse en el oficio, que encargó a su cuñado una maquinita de los Estados Unidos para empezar a trabajar.
A lo largo de más de seis décadas en la ocupación, comparte dos anécdotas graciosas: la primera, un jovencito llegó y pidió que le cortara el cabello “sencillo, kólis y cronch”, a lo que Don Jorge -un poco desconcertado- preguntó ¿cómo quieres tu pelo? Nuevamente el joven repitió: “sencillo, kólis y cronch”. |
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La segunda, un ventero huach, andaba buscando una peluquería en el pueblo, llegó con él y le preguntó ¿ésta es la mejor barbería?
Don Jorge respondió –“no sé si sea la mejor, pero el mejor soy yo” -Entonces, quiero un corte “tipo casquete, corto, obscuro” –dijo el foráneo.
Con mucho gusto –contestó Don Jorge- lo quiere corto y obscuro. Así lo haré.
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Durante más de 60 años, el señor Jorge Chuc, ha servido a varias generaciones; niños, jóvenes, grandes y ancianos, han desfilado por su peluquería, personas de todas las creencias religiosas, profesionistas, comerciantes, tricicleros, campesinos, tejedores, maestros; hombres de todas las edades, con o sin riqueza, pero sí, afortunados de conocer a un ciudadano responsable en el oficio que practica, un trabajo que le ha dejado satisfacciones, pero como bien dice, “la más grande satisfacción es la oportunidad que tengo para platicar con la gente, conocer a otras personas, escuchar su conversación. Para mí todos los clientes son importantes, ninguno es más o menos, a todos atiendo como debe ser. No discrimino a nadie. Aunque este trabajo no enriquece económicamente, sí da para el sustento familiar; no soy rico, pero tengo el aprecio de mucha gente. He aprendido a valorar lo que hago”.
La vida de don Jorge está llena de recuerdos, historias compartidas por los clientes, anécdotas chuscas o algunas quisquillosas; de manos ágiles para dar el corte deseado por el cliente, diestramente dan el estilo y el largo, según sea la tendencia de la moda que solicita el cliente en turno.
Su trabajo y la familia son dos grandes espacios que ocupan su tiempo, está casado con la señora Juanita Tun Cuy, tienen tres hijos: Jorge Pastor, Alejandra Concepción y Felipe de Jesús, los tres profesionistas.
Pronto cumplirá 77 años de edad, el tiempo le ha dejado muchas enseñanzas; está consciente de esta época, muy diferente a la que le vivió en su niñez y juventud. Él afirma: “No se puede sacar con el puño a los jóvenes de donde están, pero sí hacerles ver, decirles que no se dejen llevar por el juego de la vida. Vivan el presente, porque el mañana es incierto”. Acertadamente dice: “Aprendí a valorar lo que hago, sé lo que hago, que más quisiera hacerles ver que no están yendo en el camino bueno”.
Hasta el día de hoy, Don Jorge –el peluquero del pueblo- continúa sirviendo a los habitantes del lugar, clientes de comunidades vecinas lo visitan frecuentemente. Desempeña su oficio con responsabilidad y amabilidad. Una vida entre tijeras…
Honor a quien honor merece.
Bécal, Calk., Cam. Febrero 2014 |
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Texto y fotos: enviados por Teresita Durán Vela, 12 de febrero de 2014 |
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