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La
familia es el principal espacio de aprendizaje, orienta
el sentido a la vida; también es fuente inagotable
de amor y sentimientos; por tales razones, la celebración
del día de la familia en nuestro país,
es una estrategia prioritaria, para fomentar la unidad
familiar y preservar los valores que la han caracterizado;
resaltar su función educadora y reconocerla como
agente cultural, en la transmisión de tradiciones
de generación en generación.
Ante
las circunstancias actuales y como parte del proceso
de transformaciones sociales de esta época, la
familia atraviesa, momentos de fragilidad e inconsistencia
en la educación de los hijos; la influencia de
otras formas de crianza de culturas diferentes a la nuestra,
son agentes dinámicos del cambio en la estructura
y funcionamiento de las familias. Basta con analizar
los datos proporcionados por el INEGI (según el último
ejercicio censal del 2000), existen en México
22.3 millones de hogares; en ellos, la forma más
común de organización de la familia: es
de pareja con sus hijos (69 %), el 17.3% está constituido
por un jefe (hombre o mujer) con sus hijos, el 10% son
parejas sin hijos y el 3.7% se forman por el jefe sin
pareja, ni hijos, pero viviendo con otros parientes (nietos
o sobrinos). Estas condiciones, indican que la composición
familiar se ha modificado, pues, ahora, no todas las
familias están compuestas por padres casados e
hijos; así se comprobó, al reconocer que
en las familias donde el jefe es hombre, es mayor el
número de personas (78 millones) que pertenece
a esa estructura; en tanto, que las familias donde el
jefe es mujer, existen 15.7 millones de mexicanos que
viven bajo esta organización.
Esos
datos, indican como el concepto de familia, se modifica
y su composición también; en consecuencia,
las tradiciones familiares y valores, experimentan el
acecho de nuevos patrones culturales y de comportamiento
en el hogar; la vulnerabilidad en la adquisición
de otros roles en el papel de los padres y el riesgo
de alterar la dinámica familiar. Por ello, es
necesario, unir esfuerzos e iniciativas, para fortalecer
la educación familiar, como columna de una sociedad
sana; enfatizando su función educadora. Hoy, más
que antes, debemos fomentar el valor de la familia, generar
mayor unión en el núcleo familiar, forjar
lealtad y fidelidad, compartir éxitos y fracasos,
resolver problemas juntos, compartir espacios, trabajar
en tareas del hogar, generar la comunicación,
participar en la organización del proyecto familiar,
asegurar el diálogo y la convivencia.
Los
valores que se fomenten en la familia, serán
la base para una vida en sociedad; desde mi punto de
vista, son recursos básicos para garantizar la
integración familiar, promover la paz en el hogar;
hacer de cada familia, un grupo unido, solidario y fuerte
en vínculos afectivos.
Los
valores y vínculos familiares que se fomenten
en el hogar, serán el cimiento para construir
una familia sólida y la personalidad sana de los
hijos; donde el apoyo y la comprensión, sean garantía
de una vida en comunidad; con ambientes agradables, matizados
de sentimientos positivos, hábitos buenos y actitudes,
basadas en el respeto, solidaridad, unión, dignidad,
y convivencia; que permitan a todos en la familia, disfrutar
cada momento de la vida.
La familia es la primera escuela de valores humanos
y sociales, es la comunidad de vida y amor; es fuente
de experiencias y sentimientos.
Hoy
y todos los días, celebre en familia, la
generosidad de la vida y las bendiciones del Creador.
Respetuosamente
comparto este mensaje, para reflexionar acerca de la
familia, porque, una sociedad que tiene familias sólidas
y educa en valores, tiene la esperanza de una convivencia
sana y una vida en paz.
Me
despido, con este pensamiento “La felicidad no está hecha
del tamaño de la casa, sino del tamaño
del amor que llena la casa”. ( Fray Hugo Baggio). San
Francisco de Campeche, Cam. Febrero de 2007. |