resultados indican que existe un vacío de valores, tanto en conocimiento y mucho más, en actitudes, tan es así, que la responsabilidad social de la escuela, empieza alejarse de sus funciones, entonces ¿cuál es el enfoque y los propósitos de la asignaturas Educación Cívica, Formación cívica y Ética? ¿Por qué existe incongruencia entre el Programa de estudios y la práctica docente cuando se abordan esas asignaturas? ¿Cuándo se educará en valores? ¿Quién o quiénes son responsables de esa carencia de valores? Si históricamente, los valores son universales, y en ellos, se fundamenta el artículo 3º Constitucional.
Resulta preocupante la opinión de la comunidad educativa, participante en el Programa Escuelas de Calidad, pues, tres de cada diez consideran que la democracia no se enseña en las escuelas. La democracia es un gran valor, define la calidad de la convivencia humana, explica la participación social, promueve el ejercicio de la libertad, garantiza una mejor calidad de vida, con equidad, justicia e igualdad de oportunidades. Por eso, me parece contradictorio que en las escuelas, se dejen de lado los valores; los valores se tienen integrados en el ser, de tal forma que de manera conciente, el ser humano actúa de acuerdo a ellos, y en sus actos, son el mensaje más fuerte que envían a sus alumnos. Para la educación en valores, maestros, padres de familia y tutores, deben ser congruentes, reflexionar sobre lo que hacen, ofrecer modelos positivos y mensajes de acuerdo a los valores de la vida, porque si los valores están acordes a los principios necesarios para guiar a una persona al éxito en la vida, con seguridad, se podrá construir un gran futuro, una gran comunidad y el mejor país.
Si bien es cierto, que en la actualidad, las condiciones sociales y educativas son diversas y complejas, no son razón suficiente, para permitir que el deterioro valoral en niños y jóvenes aumente, sin intentar detenerlo, y sí contribuir a diario en la pérdida de valores, ¿Ha pensado cómo serán los alumnos en las próximas décadas? ¿Está conciente del daño que usted causa a sus hijos y alumnos con sus actitudes negativas, conformismo y pasividad? ¿Realmente desea que aumente la delincuencia, violencia familiar, prostitución, pornografía infantil y vandalismo en el lugar donde vive? ¿Está dispuesto a cambiar su actitud por una vida basada en los valores de justicia, verdad y amor? ¿Le gustaría educar con valores a sus hijos?
Quizá el valor del amor, sea uno de los “invisibles”, pero este valor, integra el valor a la vida, a la dignidad, a quienes nos rodean, a uno mismo, lo que hacemos, tenemos o en lo que creemos; es la base de la existencia y del espíritu. Es tan importante como la justicia y la verdad. La justicia es el valor que permite la equidad, respeto por los otros, incluyendo las diferencias; permite participar y convivir como grupo; y la verdad, es la luz en el sendero que cada quien recorre en busca de hacer realidad su verdad.
Para quienes afirman que los valores en educación están poco “cotizados”, aún no están en números rojos; son recursos con mayor plusvalía en la vida personal, se necesitan rescatar, antes de que se presente un fraude social; y la escuela ni siquiera, pueda acercarse a cumplir cabalmente con los principios del artículo tercero. Desde esta columna de reflexiones, anhelos y responsabilidades, exhorto al gremio magisterial, autoridades educativas, legislativas a crear un frente común para “Educar en valores”, por las nuevas generaciones de campechanos que también merecen una vida digna.
Con respeto, invito a los padres de familia, tutores y adultos, en general, a unirse a esta gran tarea, sus hijos son el futuro de esta tierra. En estos tiempos, como dice el filósofo Carlos Díaz, necesitamos “coraje para vivir, generosidad para convivir y prudencia para sobrevivir”.