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acabó diciembre, y con el mes un gran festejo.
Luego
de las posadas paganas y religiosas, se vio a
la gente buscar regalos para intercambiar en la
noche del 24.
En
la mayoría de las casas, familias enteras
o casi enteras se reunieron para celebrar un día
especial.
En
algunos casos se realizó la tradición
de “acostar al niño” en el
nacimiento, antes o después de la misa,
que esta vez fue oficiada a las diez de la noche,
por el Pbro. José Luis Betancourt.
Muchos
domicilios apagaron su luz desde temprano, ya
que sus moradores se trasladaron a las viviendas
de sus parientes a comer pavo –los que tuvieron
la oportunidad, como sucedió con los burócratas-,
y a beber champaña, licores, vinos, cervezas
y refrescos.
El
días 25 amaneció con escasa gente
en las calles.
El
31, al oscurecer, comenzaron a colocarse en las
puertas de algunas casas muñecos de papel,
trapo, y otros materiales de rehúso, representando
al “Año Viejo”, que serían
quemados a las doce de la noche.
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