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Por
Teresita Durán Vela
Las
fiestas decembrinas traen consigo regalos envueltos con lazos
de amistad, el colorido de las luces deslumbra en los rincones
de los hogares y en los rostros de los pequeños, se pintan
lágrimas y sonrisas. Sin
duda, esta época del año, se viste de emociones
y buenos deseos; el encuentro con los compañeros de la
infancia, amigos de la colonia y confidentes escolares, se vuelve
una circunstancia añeja digna de disfrutar nuevamente.
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La
Navidad hace renacer vínculos de afecto en la familia,
su mística ennoblece; el espíritu de ese acontecimiento
–en ocasiones- entristece o alegra, quizá deja
ver la hermosura de la vida y el renacer de la esperanza en
los hombres de buena voluntad.
Ahora,
que la violencia enluta familias, pueblos y ciudades, el anhelo
de paz es un grito colectivo de la humanidad. Ante ese ambiente
de desilusión y peligro, volvamos a sentir la protección
con las personas que amamos; pidamos al Creador, bendiciones
y fortaleza para departir como hermanos, celebrar la vida y
en comunión con los demás revelar la fe para no
dejarse vencer por la maldad.
La
Navidad exalta la génesis de Jesús, tiempo de
contemplar la riqueza de la humanidad; sentir la vorágine
del universo, el acecho de amenazas a la paz social de naciones
y el impulso de la violencia en las personas. El respeto a la
vida y a la dignidad humana está extinguiéndose,
pareciera que aniquilar al prójimo es señal de
poder, así lo manifiestan los grupos delictivos, agresores
y gobiernos autoritarios.
Decía
la Madre Teresa de Calcuta… “Sé la expresión
viva de la ternura, ternura en tu rostro, ternura en tus ojos,
ternura en tu sonrisa, ternura en tu cálida bienvenida”.
En estos tiempos navideños, el corazón necesita
nutrirse de pensamientos positivos, el alma vestirse de fortaleza,
la mirada de esperanza y la vida de gratitud. Cuando recibes
con agradecimiento la caridad, la comprensión y las acciones
desinteresadas guían energía para estar en armonía.
Los
regalos de Navidad puede envolverlos con sentimientos y cintas
de sonrisas, nada mejor que la humildad y la generosidad para
compartir la grandeza de lo que eres, multiplicar los dones
de la caridad y seguir siendo el ser bondadoso que habita en
tu interior:
Sé
bondadoso con tus padres, hijos, pareja y parientes, con los
huérfanos y pobres, con tus vecinos cercanos, con el
compañero que tienes a tu lado, con el viajero y con
tus palabras.
Estimado
lector, deseo para usted y los suyos, una inolvidable Nochebuena
y una feliz Navidad.
San
Francisco de Campeche, Cam. 17 de diciembre de 2010. |