¿Y
si no fuese la vida?,
me pregunto.
Sin vida no hay verso posible,
me respondo.
Sólo hay que atender y entender.
Más
allá del poema que hay en mí,
bebamos la pobreza en la que nace,
acojamos la pobreza en la que vive,
busquemos al Niño Dios que nos habla.
Los
que en verdad buscan al Niño Dios,
se despojan de todo y se esponjan en el amor,
descubren su grandeza y se cubren de sencillez,
a Dios se le abraza con las manos vacías
y se le acuna con el alma llena de ternura.
Cuando
todos te olviden y nadie te recuerde,
el Niño Dios pensará en cada ser humano,
en el amor que hemos vertido aquí en la tierra,
y en la luz que hemos donado a cada alma.
Únicamente
por las obras de amor,
se llega a Dios Niño y el Niño Dios sonríe,
un gesto de paz que nos enternece
y una expresión de aliento que nos eterniza. |