El
Creador inscribe en la mujer y el hombre
la innata unión y lo circunscribe al amor.
Nada es lo que es, sino es reflejo de Dios.
Déjale
nacer a quien hoy es embrión
y dejémosle crecer en familia;
una sociedad que excluye este derecho,
inherente al árbol existencial,
se torna salvaje y el entorno se deshumaniza.
Lo
que es saludable para la familia,
lo es también para la sociedad:
sumemos afectos antes que defectos,
restemos egoísmos, multipliquemos la ternura.
Porque
no hay más querer que la ilusión de querer,
pasemos por la vida ¡amando!,
pasemos por la vida ¡creciendo!,
¡amando y creciendo como ser, y ser en familia!. |