"Hacer este trabajo implica una gran responsabilidad. Siempre y cuando el jinete-terapeuta trabaje correctamente, puede haber muy buenos resultados y muy rápidos", señaló el Prof. William Montero Tun, responsable del Centro de Equinoterapia de Calkiní A.C. y Centro Recreativo Ecuestre "MAFAWY.
"Es necesario que la persona que imparte la equinoterapia tenga una adecuada capacitación de saber montar, además de tener conocimientos básicos de fisioterapia, de medicina y de psicología.
"Este tipo de terapia tiene un espectro muy amplio y tiene resultados notorios en corto tiempo, en personas con autismo, parálisis cerebral o síndrome de Down, entre otros.
"El contacto con el animal es uno de los objetivos para el autismo, y así habrá una comunicación géstica con el caballo. Si lo logra, entonces será capaz de transferirlo al humano. Por otra parte, si su marcha es inestable, montar un caballo le ayuda a mejorar el equilibrio", expresó el profesor.
En los casos de parálisis cerebral, el caballo trabajo dos casos opuestos: La espasticidad o hipertonía (contractura involuntaria) y la hipotonía (flacidez).
El caballo tiene tres principios terapéuticos: su calor corporal que sube hasta 40.5 grados y así funciona como termoterapia para los músculos pélvicos y de las piernas. Además, los impulsos del lomo del caballo son neuroestimulantes porque se transmiten por todo el sistema músculo esquelético y fomentan una integración de los hemisferios cerebrales".
El tercer beneficio es el más importante, porque el caballo mueve la pelvis del jinete como si estiviera caminando. Podemos decir que el caballo transmite el patrón de marcha, que es un patrón motor muy importante para los niños que no pueden caminar.
La equinoterapia se puede impartir desde los dos años de edad hasta la personas de la tercera edad. En los pequeños se recomienda llevar como mínimo dos terapias a la semana, de 15 a 20 minutos cada uno; pero cabe aclarar que el proceso a veces puede tomar años, según la evolución del paciente. |