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Si
la generosidad de la salud colmó años de juventud,
ahora en la vejez, las arrugas de tu piel son huellas de delicadeza.
A
ti joven de la edad dorada que arropaste el cuerpo de tus pequeños,
toma contigo las manos de tus nietos y bisnietos para soñar
con ellos.
A
ti, hombre sabio, haz de tu silencio la mejor canción
de valentía.
A
ti, mujer de armonía y singular belleza, viste tus labios
con sonrisas. No permitas humedecer con lágrimas, la
ternura de tu rostro.
En
esta una nueva estación de tu viaje, la solidaridad de
más gente como tú, la compañía de
tus seres queridos o el aprecio de los amigos, no dejarán
hacer un viaje solitario; aunque la tristeza intente guardarse
o el dolor no desaparezca, sigue firme, porque vivir es un privilegio.
Así
como las estaciones del año tienen sus matices, la vida
del ser humano también cambia de colores y esperanzas.
El envejecimiento es un proceso natural e irreversible; hombres
y mujeres, experimentan cambios fisiológicos, emocionales
y psicológicos. Aun cuando el caminar se vuelve lento,
las manos frágiles o el cabello canoso, las emociones
reposan en cada ser; cada uno vive esa etapa de la vida, en
condiciones diferentes
A
ti, adulto mayor que forjaste este presente con tus fuerzas
y talentos, guarda en tu interior, la grandeza de tu ser; acepta
estas palabras en señal de gratitud, admiración
y respeto.
Afectuosamente.
Una admiradora de la vida.
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