Desde
los primeros días de este mes, los pobladores de esa
ciudad, visitantes, fieles católicos y creyentes de
la venerada imagen, asisten a las diferentes actividades
religiosas, que empiezan con la tradicional “bajada
de la Virgen”, rosarios y misas ofrecidas
por cada uno de los gremios; tales actividades religiosas
forman parte de la cultura popular de Dzitbalché;
una ciudad joven, cuya población, luce sus mejores “galas” durante
los días de celebración.
La
parroquia de la comunidad, a través de las
diferentes agrupaciones y en coordinación con las Mesas
Directivas de los Gremios, año con año, se organizan
para celebrar las fiestas en honor a la Patrona del pueblo:
las mañanitas en el pórtico de la iglesia, la
tradicional tamalada en el domicilio de donde saldrá el
gremio, la entrada de fileles y socios, con estandartes y pabellones
al recinto católico, al compás de las notas de
los timbales y con el sonido de los voladores; hace que niños,
mujeres y hombres de diferentes edades, vistan sus mejores
trajes; llevando flores o velas en las manos, caminan
rumbo a las escalinatas de la iglesia; en verdad, estas manifestaciones
de admiración a la Virgen de la Asunción, son
parte del patrimonio cultural de los habitantes de ese rincón
campechano en la región del Camino Real; ya que se unen
a los festejos religiosos habitantes de las poblaciones vecinas.
Desde luego, que la algarabía , resulta de la combinación
de fe, creencias y diversión.
Desde
los primeros días de agosto hasta el 21 o 22
del mismo mes, al caer la tarde, socios e invitados de los
diferentes gremios católicos, hacen el recorrido por
las calles de la ciudad, para llegar al altar principal de
la iglesia, depositando flores, velas, veladoras y estandartes;
por la noche, después de los servicios religiosos, el
público se divierte con la quema del toro petate, lluvia
de voladores, cascadas de luces artificales y globos de papel,
siguen siendo distintivo de estas fiestas.
El “novenario” –como
dicen los de Dzitbalché-
es una combinación de fiestas regliosas y paganas, por
la noche, se realizan bailes en el Palacio Municipal.
En los últimos años, los bailes, han
perdido calidad en la contratación de conjuntos
y grupos musicales, y aunado a ello, el entusiasmo de los jóvenes
y bailadores con música viva, va desapareciendo; pues
antes, grupos reconocidos y orquestas, eran contratadas para
amenizar las veladas populares. Ahora, la juventud
se conforma con música grabada y luces apagadas, pero
con reflectores, en un ambiente de “luz y sonido”,
para cerrar la noche del gremio; ojalá, los socios de
cada gremio, hagan nuevas propuestas para rescatar los
tradicionales bailes; y las familias de Dzitbalché,
inculquen en sus descendientes, recuerdos y vivencias del “novenario” de
antaño; pues, las generaciones de ahora, tienen un conocimiento
parcial de la cultura popular, saben que el 15 de agosto, es
el principal día de la fiesta, pero quizá no
aprecien la riqueza de estas tradiciones propias de su tierra
natal.
El “novenario” en
honor a la Virgen de la Asunción,
no sólo es una actividad de los fieles católicos; personas
de otras religiones reconocen que agosto, es tiempo de fiesta
en el pueblo, época para reencontrarse con la familia
y los amigos; por eso, considero, que los habitantes de ese
lugar, deben conservar sus tradiciones, para trascender como
una ciudad valiosa, por las creencias de gente. En ese
sentido, la autoridad correspondiente de esa Junta Municipal,
está obligada a ofrecer buena imagen de la plaza principal,
servicios públicos a la altura de una ciudad, calles
limpias y en buen estado, para recibir a los visitantes; además,
a través de sus regidores, tiene la responsabilidad
y obligación, para trabajar por el bien común
de toda la comunidad; pueblo y autoridades, tienen el deber
moral, de convertirse en el principal promotor de las costumbres
y tradiciones, divulgar su cultura, la grandiosa obra de los “Cántares
de Dzitbalché” e impulsar la cultura del
respeto al patrimonio que caracteriza a los habitantes de ese
lugar.
El
tradicional “novenario” de Dzitbalché forma
parte de la riqueza de los pueblos mestizos del Camino Real,
que tanto orgullece a sus habitantes y a los que tenemos algún
lazo afectivo con las personas de esa ciudad. Por ello, me
permito expresar estas ideas; pero, también como porque
soy campechana y somos los campechanos, los más indicados
para admirar, preservar y compartir la riqueza cultural de
nuestros pueblos y ciudades, así como las creencias
de nuestra gente; además, siento un cariño especial
por esa tierra, porque es cuna de familias generosas, amigos
y personas emprendedoras.
Ojalá,
que estas palabras tengan eco en los vecinos de Dzitbalché y
en las personas, que si bien no viven en ese lugar, sus raíces
son parte de la historia de ese pueblo, convertido hoy en
ciudad; pero que necesita
de la participación de sus habitantes, para hacerla
lucir bella; así los amigos y visitantes no sólo
irán el 15 de agosto, sino en cualquier época
del año.
Los
gremios de Dzitbalché son parte del patrimonio
cultural del Campeche de ayer y de hoy; nos corresponde preservar
esas tradiciones, para que las generaciones futuras fortalezcan
su identidad y sientan amor por la tierra de sus padres y abuelos.
San
Francisco de Campeche, Cam. 13 de agosto de 2007. |