Datos
que ponen en duda las políticas educativas
vigentes, la calidad del desempeño docente, los sistemas
de evaluación, la administración de la educación
en las entidades federativas, la influencia ideológica
del SNTE, la vinculación escuela-familia, la
inversión en educación y el desempleo de miles
de maestros en el país, entre otros indicadores. (Quizá hizo
falta algún indicador). Tantos
factores, que por sí solos cada uno, amerita analizarse,
para conocer el impacto positivo y negativo, en la educación
mexicana.
Sin
embargo, todos y cada uno de los actores de la educación
mexicana, tienen el deber de hacer conciencia, sobre su responsabilidad; mientras
cada uno, continúe anteponiendo sus intereses partidistas,
ideológicos o personales, el futuro de la educación
pública en México, irá cada vez,
en retroceso; si se niega la situación y no se reconoce
urgentemente, el momento crítico que vive la educación
pública, de poco servirán los discursos, Congresos,
aumentos salariales o mayor inversión en la adquisición
de recursos tecnológicos; si en el fondo, las
actitudes, valores éticos y profesionales, no
cambian.
El
magisterio no puede permanecer insensible y apático
a los resultados obtenidos en educación, los índices
de deserción y reprobación en educación
básica, la fragilidad del currículo escolar en
secundaria, la calidad de la comprensión de la lectura,
el nivel de conocimientos académicos de los estudiantes
de bachillerato, el número de universitarios titulados,
la calidad del funcionamiento de las escuelas normales, la
preparación académica de los profesores, la duración
de la jornada escolar, las condiciones inadecuadas de las escuelas,
el sueldo de los maestros, el contexto familiar de los alumnos,
etc… algunos de los factores externos que influyen en
los resultados de los estudios y evaluaciones de la educación
mexicana; reflejando, en consecuencia la calidad del trabajo
realizado en las escuelas. Por ello, es conveniente una reflexión
individual y colectiva, que conduzca a un cambio de actitudes
y prácticas en cada centro escolar.
Ante
tales circunstancias, es pertinente responder los siguientes
cuestionamientos ¿a dónde va la educación
mexicana? ¿Quiénes son responsables de la calidad
educativa? ¿Qué expectativas tienen los maestros
de su profesión y de su trabajo? ¿Qué presente
tienen los alumnos en las escuelas? ¿Qué espera
la sociedad de las escuelas y los profesores?¿Cuál
será el futuro de la educación pública
sin el activismo profesional de los educadores? Seguramente
habrán otros cuestionamientos, también interesantes.
Ante
estos desafíos, las maestras y maestros, tienen
una función determinante en el mejoramiento de la educación;
son protagonistas activos, atrevidos, inteligentes, para asumir
con convicción la responsabilidad de su labor formativa;
son la fuerza social indicada, para exigir reformas,
apoyos y presentar propuestas; representan el gremio
de profesionistas, más grande América Latina
y la sociedad mexicana, aún confía en su quehacer.
Si
bien es cierto que la Constitución Política de
México, otorga valor fundamental a la educación;
aún falta mucho, para hacer efectivos, los postulados
del Artículo Tercero. La educación como derecho,
también es el vehículo de emancipación
y crecimiento humano, en ese sentido; la educación,
es un instrumento que contribuye al perfeccionamiento de la
persona y de la sociedad; por ello, se requiere un Estado,
con un proyecto de nación congruente a las exigencias
sociales; democrático, sin imposición de
credos o ideologías partidistas; con una economía
estable, que garantice la infraestructura necesaria,
profesionistas competentes, materiales de calidad y recursos
suficientes; con una política educativa, más
formativa, integral y humana; pues en estos tiempos, los mexicanos,
reclamamos un país mejor; y si mediante la educación
, logramos una profunda conciencia sobre la necesidad de cambiar
el rumbo del país, por una nación sin violencia,
narcotráfico, corrupción, impunidad, violación
a derechos humanos, pobreza e injusticias, se habrán
cumplido los ideales del Artículo Tercero Constitucional.
De
acuerdo a las disposiciones de la Secretaría de
Educación Pública y a la administración
de los Estados, el nuevo ciclo escolar, iniciará conforme
a lo establecido en el calendario escolar vigente para las
escuelas de educación básica y Normales, tanto
públicas como incorporadas al sistema oficial. Ante
este hecho, los directivos preveen las condiciones y
proponen estrategias para la administración y supervisón
escolares;las escuelas han preparado sus instalaciones para
acoger a la población estudiantil, los maestros se actualizan
y organizan, para atender adecuadamente a
sus alumnos; los alumnos esperan el reencuentro con compañeros
y los padres de familia, optimizan su economía
para adquirir útiles, uniformes, libros y demás
materiales didácticos, para el regreso a la escuela.
Si
bien es cierto, que la situación económica
y política del país, es preocupante; también
es cierto, que la sociedad sigue confiando en el quehacer del
magisterio, y las escuelas, continuarán siendo la plataforma
más generosa, para crear futuros y aprendizajes. Por
eso, el maestro, debe sentirse privilegiado, porque su misión
y su valor en la vida cultural y social de los pueblos, es
irremplazable.
El
inicio de un nuevo ciclo escolar, es tiempo propicio, para
el análisis, la reflexión individual y colectiva;
es momento justo, para comenzar con una actitud positiva, impregnada
de buenos propósitos y abrigada de esperanza; alejada
del conformismo y la pasividad; porque no hay mejor satisfacción
profesional de un educador, que el éxito con los alumnos
y la convicción de formar al hombre del mañana.
Finalizo
con una cita del libertador Simón Bolivar: “las
naciones marcharán hacia su grandeza, al mismo tiempo
con que camine su educación”.
San
Francisco de Campeche, Cam. agosto de 2007. |