Calkiní, 19 de agosto de 2007
 
Un nuevo ciclo escolar. Retos y compromisos

Por Teresita Durán Vela

 

El nuevo ciclo escolar  2007-08 para la educación mexicana, abre la posibilidad de una reflexión colectiva, entre autoridades, directivos y maestros; es tiempo de hacer frente a los desafíos actuales; pues en los últimos meses, diversos medios, organizaciones no gubernamentales e instituciones especializadas en investigación, han presentado datos y resultados cuantitativos, en materia del desempeño académico, calidad educativa, aprovechamiento, deserción, eficiencia terminal, rezago educativo, niveles de comprensión de lectura, habilidades matemáticas, entre otros.

 

Datos que ponen en duda las políticas educativas vigentes, la calidad del desempeño docente, los sistemas de evaluación, la administración de la educación en las entidades federativas, la influencia ideológica del SNTE, la vinculación escuela-familia, la inversión en educación y el desempleo de miles de maestros en el país, entre otros indicadores. (Quizá hizo falta algún indicador). Tantos factores, que por sí solos cada uno, amerita analizarse, para conocer el impacto positivo y negativo, en la educación mexicana.

Sin embargo, todos y cada uno de los actores de la educación mexicana, tienen el deber de hacer conciencia, sobre su responsabilidad;  mientras cada uno, continúe anteponiendo sus intereses partidistas, ideológicos o personales, el futuro de la educación pública en México,  irá cada vez, en retroceso; si se niega la situación y no se reconoce urgentemente,  el momento crítico que vive la educación pública, de poco servirán los discursos, Congresos, aumentos salariales o mayor inversión en la adquisición de recursos tecnológicos;  si en el fondo,  las actitudes, valores éticos y profesionales,  no cambian.

El magisterio no puede permanecer insensible y apático a los resultados obtenidos en educación, los índices de deserción y reprobación en educación básica, la fragilidad del currículo escolar en secundaria, la calidad de la comprensión de la lectura, el nivel de conocimientos académicos de los estudiantes de bachillerato, el número de universitarios titulados, la calidad del funcionamiento de las escuelas normales, la preparación académica de los profesores, la duración de la jornada escolar, las condiciones inadecuadas de las escuelas, el sueldo de los maestros, el contexto familiar de los alumnos, etc… algunos de los factores externos que influyen en los resultados de los estudios y evaluaciones de la educación mexicana; reflejando, en consecuencia la calidad del trabajo realizado en las escuelas. Por ello, es conveniente una reflexión individual y colectiva, que conduzca a un cambio de actitudes y prácticas en cada centro escolar.

Ante tales circunstancias, es pertinente responder los siguientes cuestionamientos ¿a dónde va la educación mexicana? ¿Quiénes son responsables de la calidad educativa? ¿Qué expectativas tienen los maestros de su profesión y de su trabajo? ¿Qué presente tienen los alumnos en las escuelas? ¿Qué espera la sociedad de las escuelas y los profesores?¿Cuál será el futuro de la educación pública sin el activismo profesional de los educadores? Seguramente habrán otros cuestionamientos, también interesantes.

Ante estos desafíos, las maestras y maestros, tienen una función determinante en el mejoramiento de la educación; son protagonistas activos, atrevidos, inteligentes, para asumir con convicción la responsabilidad de su labor formativa; son la fuerza social  indicada, para exigir reformas, apoyos y presentar propuestas; representan el gremio de profesionistas, más grande América Latina y la sociedad mexicana, aún confía en su quehacer.

Si bien es cierto que  la Constitución Política  de México, otorga  valor fundamental a la educación; aún falta mucho, para hacer efectivos, los postulados del Artículo Tercero. La educación como derecho, también es el vehículo de emancipación y crecimiento humano, en ese sentido; la educación, es un instrumento que contribuye al perfeccionamiento de la persona y de la sociedad; por ello, se requiere un Estado, con un proyecto de nación congruente a las exigencias sociales; democrático, sin imposición de credos o ideologías partidistas; con una economía estable, que garantice la infraestructura necesaria, profesionistas competentes, materiales de calidad y recursos suficientes; con una política educativa, más formativa, integral y humana; pues en estos tiempos, los mexicanos, reclamamos un país mejor; y si  mediante la educación , logramos una profunda conciencia sobre la necesidad de cambiar el rumbo del país, por una nación sin violencia, narcotráfico, corrupción, impunidad, violación a derechos humanos, pobreza e injusticias, se habrán cumplido los ideales del Artículo Tercero Constitucional.

De acuerdo a las disposiciones de la Secretaría de Educación Pública y a la administración de los Estados, el nuevo ciclo escolar, iniciará conforme a lo establecido en el calendario escolar vigente para las escuelas de educación básica y Normales, tanto públicas como incorporadas al sistema oficial. Ante este hecho,  los directivos preveen las condiciones y proponen estrategias para la administración y supervisón escolares;las escuelas han preparado sus instalaciones para acoger a la población estudiantil, los maestros se actualizan y organizan, para atender adecuadamente a sus alumnos; los alumnos esperan el reencuentro con compañeros y los padres de familia, optimizan su economía para adquirir útiles, uniformes, libros y demás materiales didácticos, para el regreso  a la escuela.

Si bien es cierto, que la situación económica y política del país, es preocupante; también es cierto, que la sociedad sigue confiando en el quehacer del magisterio, y las escuelas, continuarán siendo la plataforma más generosa, para crear futuros y aprendizajes. Por eso, el maestro, debe sentirse privilegiado, porque su misión y su valor en la vida cultural y social de los pueblos, es irremplazable.

El inicio de un nuevo ciclo escolar, es tiempo propicio, para el análisis, la reflexión individual y colectiva; es momento justo, para comenzar con una actitud positiva, impregnada de buenos propósitos y abrigada de esperanza; alejada del conformismo y la pasividad; porque no hay mejor satisfacción profesional de un educador, que el éxito con los alumnos y la convicción de formar al hombre del mañana.

Finalizo con una cita del libertador Simón Bolivar: “las naciones marcharán hacia su grandeza, al mismo tiempo con que camine su educación”.

San Francisco de Campeche, Cam. agosto de 2007.

 
 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán Vela / Foto: Santiago Canto Sosa; 2006.