Calkiní, 26 de agosto de 2005
 
28 de agosto: Día del Abuelo.- Vida digna en la vejez
 
 

Pensamiento y voz, dedico con respeto a los adultos mayores, a todos ellos, porque sin ellos, el presente que vivimos no sería éste; sí, a las personas que durante 6, 7 o más décadas de su vida, entregaron voluntad, fuerza y trabajo, ofreciendo lo mejor de sí, para sus familias y los pueblos. Hoy, merecen un justo reconocimiento. Reciban mi gratitud por siempre.

En la vida del hombre, existe una etapa del desarrollo humano, acompañada de una serie de emociones, experiencias y recuerdos, que al paso de los años, se convierten en el patrimonio personal de hombres y mujeres.

 

Esa etapa, que para algunos se torna gris, difícil y en soledad, es la vejez. Sin embargo, esa etapa de la vida -a la que no siempre puede llegarse- es digna de atención, respeto y comprensión.

Durante la vejez, las personas aún disfrutan cada amanecer, viven con la ilusión de sentir besos y abrazos de sus seres queridos, duermen con la esperanzan de ver otra mañana, descansan para tener fuerzas; platican anécdotas, historias, recuerdos de aventuras y la osadía de su pasado; conservan deseos de afecto, expresan en su mirada plegarias de atención, en las manos, tienen huellas de trabajo y cansancio, regalan una sonrisa tímida, pero sincera, por tantos motivos, esas mujeres de piel sensible, esos hombres de caminar lento, merecen una vida digna.

Pensando en el grupo de personas mayores, diversos organismos, sociedad civil e instituciones, han compartido iniciativas y voluntades, para devolver algo de lo mucho que durante la plenitud dispusieron sus capacidades y destrezas, para construir el mundo que disfrutamos; no basta, una legislación para asignar una pensión económica, es necesario, un programa de atención integral, con servicios preventivos y de atención de la salud, espacios de entretenimiento cultural y ocupacionales, en donde se promueva la convivencia y valores familiares; los jóvenes de hoy, debemos continuar pugnando por una política pública que atienda a este grupo vulnerable, porque si bien, existen estancias y servicios en algunas ciudades, para los ancianos; en las poblaciones rurales o suburbanas, se carece de recursos, espacios y programas permanentes para afrecer atención con calidad. Las personas adultas de todos los niveles sociales, sin importar la calidad de su pasado, son gente valiosa, representan la historia de una generación; por eso, a los que cariñosamente llamamos “abuelitos”, debemos expresarles afecto, demostrarles paciencia y ofrecerles siempre, la ayuda de una mano amiga.

A las personas de esa estación de la vida, niños y jóvenes debemos agradecer la fuerza de su trabajo, los valores de la vida, el patrimonio familiar y la generosidad de sus años, al servicio de la sociedad. A las damas con canas, ejemplo de valentía, tejedoras de experiencias, a los caballeros con arrugas, forjadores de la historia familiar, nuestra eterna admiración. Felicidades a las abuelitas y abuelitos.

 
Fuente: Texto enviado por Teresita Durán Vela // Foto retocada: Santiago Canto Sosa