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28 de agosto: Día del Abuelo.- Vida digna en la
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Pensamiento
y voz, dedico con respeto a los adultos mayores,
a todos ellos, porque sin ellos, el presente que
vivimos no sería éste; sí,
a las personas que durante 6, 7 o más décadas
de su vida, entregaron voluntad, fuerza y trabajo,
ofreciendo lo mejor de sí, para sus familias
y los pueblos. Hoy, merecen un justo reconocimiento.
Reciban mi gratitud por siempre.
En
la vida del hombre, existe una etapa del desarrollo
humano, acompañada de una serie de emociones,
experiencias y recuerdos, que al paso de los años,
se convierten en el patrimonio personal de hombres
y mujeres. |
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Esa
etapa, que para algunos se torna gris, difícil y en soledad,
es la vejez. Sin embargo, esa etapa de la vida -a la que no
siempre puede llegarse- es digna de atención, respeto
y comprensión.
Durante
la vejez, las personas aún disfrutan cada amanecer, viven
con la ilusión de sentir besos y abrazos de sus seres
queridos, duermen con la esperanzan de ver otra mañana,
descansan para tener fuerzas; platican anécdotas, historias,
recuerdos de aventuras y la osadía de su pasado; conservan
deseos de afecto, expresan en su mirada plegarias de atención,
en las manos, tienen huellas de trabajo y cansancio, regalan
una sonrisa tímida, pero sincera, por tantos motivos,
esas mujeres de piel sensible, esos hombres de caminar lento,
merecen una vida digna.
Pensando
en el grupo de personas mayores, diversos organismos, sociedad
civil e instituciones, han compartido iniciativas y voluntades,
para devolver algo de lo mucho que durante la plenitud dispusieron
sus capacidades y destrezas, para construir el mundo que disfrutamos;
no basta, una legislación para asignar una pensión
económica, es necesario, un programa de atención
integral, con servicios preventivos y de atención de
la salud, espacios de entretenimiento cultural y ocupacionales,
en donde se promueva la convivencia y valores familiares; los
jóvenes de hoy, debemos continuar pugnando por una política
pública que atienda a este grupo vulnerable, porque si
bien, existen estancias y servicios en algunas ciudades, para
los ancianos; en las poblaciones rurales o suburbanas, se carece
de recursos, espacios y programas permanentes para afrecer atención
con calidad. Las personas adultas de todos los niveles sociales,
sin importar la calidad de su pasado, son gente valiosa, representan
la historia de una generación; por eso, a los que cariñosamente
llamamos “abuelitos”, debemos expresarles afecto,
demostrarles paciencia y ofrecerles siempre, la ayuda de una
mano amiga.
A
las personas de esa estación de la vida, niños
y jóvenes debemos agradecer la fuerza de su trabajo,
los valores de la vida, el patrimonio familiar y la generosidad
de sus años, al servicio de la sociedad. A las damas
con canas, ejemplo de valentía, tejedoras de experiencias,
a los caballeros con arrugas, forjadores de la historia familiar,
nuestra eterna admiración. Felicidades a las abuelitas
y abuelitos. |