Es
una devoción que se subraya por la humildad de los
nunkinienses al significar con rosquillas y panes de harina
y sal, la imagen de San Diego, que fue hermano lego y prestó ayuda
como enfermero, portero, jardinero y cocinero. Fueron muy conocidos
sus éxtasis místicos, que puso en práctica
al salvar a un niño de las brasas del fuego, en el horno
de una panadería, cerca del convento en el que estuvo
alojado.
Recién construidos el templo y el convento de Nunkiní,
se le asignó un lugar en los altares y fue motivo de
misas, rosarios y procesiones, como aún se observa.
Los españoles habían traído a México
la estampa luminosa de quien fue canonizado en julio de 1588.
Aunque
las actividades estaban programadas del 18 al 23 de abril, éstas comenzaron propiamente el domingo 15, con
la bajada del patrono de su ara. El lunes, se dio a conocer
la revista bilingüe (maya-español) “Ichil T'aano'ob” (entre
voces), coordinada por los señores Blanca Campos Carrillos
y Gaspar Cauich. El ejemplar número uno, recoge en sus
24 páginas, algunas tradiciones y leyendas entre las
que destaca la del Uh Dzulil K'aak, que aún está vigente
en este lugar de más de 5000 habitantes.
El
martes fue propicio para Lourdes Balam Suárez, quien
obtuvo el título de “Srita. San Diego”, en un concurso
celebrado por la noche, en el atrio de la iglesia. El miércoles
fue inaugurada la Feria por la alcaldesa de Calkiní,
Br. Sonia Cuevas. Se conjugaron el clima y la música
para disfrutar de una Vaquería plena de alpargatas y
zapatos blancos. Notas orquestales, dirigidas por Víctor
Soberanis, deleitaron a la concurrencia, que percibió la
antiquísima forma del folklore regional.
El
jueves concluyó la construcción de los “palcos” alrededor
del coso, en el que toros y lidiadores emocionarían
a la gente circunvecina. La primera “corrida” hizo recordar
la historia de 27 años transcurridos desde que se reubicó el
ruedo en la plazoleta, junto a una ceiba. Anteriormente, el
evento taurino se realizaba en la plaza donde se construyó el
parque, en 1973, y que en el sexenio del gobernador Carrillo
Zavala se erigió un monumento a “La mujer campesina”.
Los palcos se elaboraron con palmas de huano y tablados de
madera. Esta vez no se utilizó “lengua de vaca” para
alfombrar el edificio redondo, de tres pisos (estructura que
se levanta desde hace 6 años).
A
las ocho de la noche del viernes, la terraza del palacio
de esta Junta Municipal fue testigo de un programa artístico,
ejecutado por grupos de Campeche, Tenabo, Hecelchakán,
de la ENSY (Mérida), de la Academia de Danza “O'koot” de
Calkiní, y de la Misión Cultural anfitriona.
El
sábado, al mediodía, la Br. Sonia Cuevas
cortó otro listón inaugural, ahora de la exposición
que dio nombre a la Feria. Después de un recorrido por
los puestos de flores, frutas, hortalizas y artesanías,
así como de reses exhibidas por propietarios de los
ranchos “Sun-kanché”, “Chen-hoch”, “Almendras” y “San
Diego”, se realizó un concurso de sandías de
mayor peso. En éste último, obtuvo el primer
lugar el señor Eudaldo Chi, con una fruta de 20.5 kg
. El récord actual de 25 kilos, lo impuso una sandía
de don Faustino Kantún, hace varios años.
El
domingo, a las dos de tarde, los ganadores de las diversas
contiendas recibieron sus estímulos, consistentes en
diplomas y herramientas, de manos de los profesores José del
Carmen Soberanis (diputado federal) y Collí Arribalza.
Horas antes, el párroco Martín Mena y el padre
Rogelio Avila Gamboa, concelebraron una Misa. Después,
la imagen de San Diego fue paseada alrededor del primer cuadro
del poblado; un sinnúmero de hombres cargaba su respectivo
estandarte.
Al
término, cientos de personas recibieron pequeñas
roscas de harina, que fueron llevados en latas de galletas
y repartidos por quienes hicieron la promesa de regalar una
parte de su peculio a la feligresía. Asimismo, una larga
fila se formó en la entrada del templo con el propósito
de besar la figura de San Diego.
A
las 15:30 hrs., sobre la calle 22, inició la inmolación
del “Uh Dzuli Kaak”, muñeco que simboliza, según
algunos historiadores, a un “caballero de la viruela”. En su
pecho llevó el nombre de “Juan Sotero”. Lo trajeron
con música de charanga de los hermanos Tzec. Vestía
un pantalón café, camisa blanca de mangas largas
y zapatos negros; portaba un paliacate rojo en el cuello, otro
en ambos brazos, en la cintura y en los bolsillos. Estaba rellenado
con madera, cartulina, papel periódico y petardos. Tenía
un rostro dibujado sobre una hoja de cartoncillo blanco. Amarrado
en una barretón, mantuvo las manos en alto hasta su
fin. Durante tres días había recorrido las calles,
recogiendo la limosna y las promesas de las familias.
La
Sociedad “Caballero de fuego”, lo “diseñó” para
darle continuidad a una tradición de cuatro centurias.
Se supone que a principios del siglo XVII ya existía
esta ceremonia, tiempo en que se dice que “la terrible viruela
negra (...) acabó con el poblado vecino cuyo nombre
se conocía como Chan Kah”. Una hilera de 90 metros ,
tejida con bombas, fue encendida, hasta llegar a los pies del “hombre” que
no se quemó, sino que explotó a causa de los
petardos alojados en la cabeza, el corazón, los testículos
y las piernas.
Los
despojos fueron trasladados a la casa de la familia organizadora
(de Felipe Ac). Acto seguido, dos mujeres trajeron a la X
'naan K'aak” (mujer de fuego), que sufrió el mismo castigo.
Esta costumbre comenzó hace 8 años, meses después
de presentarse en nuestro municipio una epidemia de cólera.
Representa a una mestiza, ataviada con el clásico hipil,
zapatos blancos y rebozo; complementó su atuendo un
bulto negro. Después de la explosión, sus restos
de tela y papel fueron recogidos por niños y mujeres,
que los utilizarán para “curarse de algunos males”.
En “El ritual de los Bacabes”, libro que consta de 68 conjuros,
plegarias y recetas médicas, escrito en maya, en Nunkiní,
presumiblemente por Juan Canul, a fines del siglo XVI, se menciona
el dolor causado por contagiosa enfermedad: “U ch'ab kak bin
(Y fue poseído por el fuego de la viruela)/ kak tamaye
(la maldición de las viruelas de fuego),/ kak ne (el
rabo de fuego)”. El facsímil fue editado por la UNAM
en 1987, con una introducción del investigador yucateco
Ramón Arzápalo Marín, quien obtuvo una
copia del manuscrito original que se guarda en la Biblioteca
de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos.
La
jornada concluyó al día siguiente. Un lunes
a beneficio de la iglesia de San Diego, que de nuevo será bajado
de su altar, en noviembre, al recordarse su presencia en el
santoral católico.
FUENTES:
Pedro Suárez Chi, 21-22 de abril de 2001. Nunkiní,
Calkiní. /
Fernando Chi. 22 de abril de 2001. Nunkiní. / “El
ritual de los Bacabes”. UNAM. Ramón Arzápalo
Marín. Primera edición. México, 1987.
1109 pp. / Franciscanos
Org. Página de Internet. 22 de abril de
2001. 2 pp. / Cristiandad
Org. Página de Internet. 22 de abril de
2001. 2 pp. / “Ichil
T'aano'on” (entre voces). Revista de Difusión
Cultural. No. 1. Febrero-Marzo de 2001. Campeche, Cam. 21 pp. |