Calkiní, 24 de abril de 2001
Reseña de la Primera Feria Agrícola, Ganadera, Artesanal y Cultural de Nunkiní
 
 

La semana pasada se llevó a cabo la 1ª Feria Agrícola, Ganadera, Artesanal y Cultural de Nunkiní. Desde hace muchos años, se han venido realizando festividades en este pueblo, dedicadas a San Diego de Alcalá, al que también se le festeja el 13 de noviembre, su día en el santoral.

Funcionarios de la Junta Municipal, dirigidas por la profesora Orfa Collí Arribalza, prepararon una serie de eventos para darle mayor importancia a la tradición, tomando en cuenta el fervor religioso hacia el santo nacido en 1400, en San Nicolás del Puerto, Sevilla, y fallecido en Alcalá de Henares en 1463.

Parroquia de San Diego de Alcalá
 

Es una devoción que se subraya por la humildad de los nunkinienses al significar con rosquillas y panes de harina y sal, la imagen de San Diego, que fue hermano lego y prestó ayuda como enfermero, portero, jardinero y cocinero. Fueron muy conocidos sus éxtasis místicos, que puso en práctica al salvar a un niño de las brasas del fuego, en el horno de una panadería, cerca del convento en el que estuvo alojado.

Recién construidos el templo y el convento de Nunkiní, se le asignó un lugar en los altares y fue motivo de misas, rosarios y procesiones, como aún se observa. Los españoles habían traído a México la estampa luminosa de quien fue canonizado en julio de 1588.

Aunque las actividades estaban programadas del 18 al 23 de abril, éstas comenzaron propiamente el domingo 15, con la bajada del patrono de su ara. El lunes, se dio a conocer la revista bilingüe (maya-español) “Ichil T'aano'ob” (entre voces), coordinada por los señores Blanca Campos Carrillos y Gaspar Cauich. El ejemplar número uno, recoge en sus 24 páginas, algunas tradiciones y leyendas entre las que destaca la del Uh Dzulil K'aak, que aún está vigente en este lugar de más de 5000 habitantes.

El martes fue propicio para Lourdes Balam Suárez, quien obtuvo el título de “Srita. San Diego”, en un concurso celebrado por la noche, en el atrio de la iglesia. El miércoles fue inaugurada la Feria por la alcaldesa de Calkiní, Br. Sonia Cuevas. Se conjugaron el clima y la música para disfrutar de una Vaquería plena de alpargatas y zapatos blancos. Notas orquestales, dirigidas por Víctor Soberanis, deleitaron a la concurrencia, que percibió la antiquísima forma del folklore regional.

El jueves concluyó la construcción de los “palcos” alrededor del coso, en el que toros y lidiadores emocionarían a la gente circunvecina. La primera “corrida” hizo recordar la historia de 27 años transcurridos desde que se reubicó el ruedo en la plazoleta, junto a una ceiba. Anteriormente, el evento taurino se realizaba en la plaza donde se construyó el parque, en 1973, y que en el sexenio del gobernador Carrillo Zavala se erigió un monumento a “La mujer campesina”. Los palcos se elaboraron con palmas de huano y tablados de madera. Esta vez no se utilizó “lengua de vaca” para alfombrar el edificio redondo, de tres pisos (estructura que se levanta desde hace 6 años).

A las ocho de la noche del viernes, la terraza del palacio de esta Junta Municipal fue testigo de un programa artístico, ejecutado por grupos de Campeche, Tenabo, Hecelchakán, de la ENSY (Mérida), de la Academia de Danza “O'koot” de Calkiní, y de la Misión Cultural anfitriona.

El sábado, al mediodía, la Br. Sonia Cuevas cortó otro listón inaugural, ahora de la exposición que dio nombre a la Feria. Después de un recorrido por los puestos de flores, frutas, hortalizas y artesanías, así como de reses exhibidas por propietarios de los ranchos “Sun-kanché”, “Chen-hoch”, “Almendras” y “San Diego”, se realizó un concurso de sandías de mayor peso. En éste último, obtuvo el primer lugar el señor Eudaldo Chi, con una fruta de 20.5 kg . El récord actual de 25 kilos, lo impuso una sandía de don Faustino Kantún, hace varios años.

El domingo, a las dos de tarde, los ganadores de las diversas contiendas recibieron sus estímulos, consistentes en diplomas y herramientas, de manos de los profesores José del Carmen Soberanis (diputado federal) y Collí Arribalza. Horas antes, el párroco Martín Mena y el padre Rogelio Avila Gamboa, concelebraron una Misa. Después, la imagen de San Diego fue paseada alrededor del primer cuadro del poblado; un sinnúmero de hombres cargaba su respectivo estandarte.

Al término, cientos de personas recibieron pequeñas roscas de harina, que fueron llevados en latas de galletas y repartidos por quienes hicieron la promesa de regalar una parte de su peculio a la feligresía. Asimismo, una larga fila se formó en la entrada del templo con el propósito de besar la figura de San Diego.

A las 15:30 hrs., sobre la calle 22, inició la inmolación del “Uh Dzuli Kaak”, muñeco que simboliza, según algunos historiadores, a un “caballero de la viruela”. En su pecho llevó el nombre de “Juan Sotero”. Lo trajeron con música de charanga de los hermanos Tzec. Vestía un pantalón café, camisa blanca de mangas largas y zapatos negros; portaba un paliacate rojo en el cuello, otro en ambos brazos, en la cintura y en los bolsillos. Estaba rellenado con madera, cartulina, papel periódico y petardos. Tenía un rostro dibujado sobre una hoja de cartoncillo blanco. Amarrado en una barretón, mantuvo las manos en alto hasta su fin. Durante tres días había recorrido las calles, recogiendo la limosna y las promesas de las familias.

La Sociedad “Caballero de fuego”, lo “diseñó” para darle continuidad a una tradición de cuatro centurias. Se supone que a principios del siglo XVII ya existía esta ceremonia, tiempo en que se dice que “la terrible viruela negra (...) acabó con el poblado vecino cuyo nombre se conocía como Chan Kah”. Una hilera de 90 metros , tejida con bombas, fue encendida, hasta llegar a los pies del “hombre” que no se quemó, sino que explotó a causa de los petardos alojados en la cabeza, el corazón, los testículos y las piernas.

Los despojos fueron trasladados a la casa de la familia organizadora (de Felipe Ac). Acto seguido, dos mujeres trajeron a la X 'naan K'aak” (mujer de fuego), que sufrió el mismo castigo. Esta costumbre comenzó hace 8 años, meses después de presentarse en nuestro municipio una epidemia de cólera. Representa a una mestiza, ataviada con el clásico hipil, zapatos blancos y rebozo; complementó su atuendo un bulto negro. Después de la explosión, sus restos de tela y papel fueron recogidos por niños y mujeres, que los utilizarán para “curarse de algunos males”.

En “El ritual de los Bacabes”, libro que consta de 68 conjuros, plegarias y recetas médicas, escrito en maya, en Nunkiní, presumiblemente por Juan Canul, a fines del siglo XVI, se menciona el dolor causado por contagiosa enfermedad: “U ch'ab kak bin (Y fue poseído por el fuego de la viruela)/ kak tamaye (la maldición de las viruelas de fuego),/ kak ne (el rabo de fuego)”. El facsímil fue editado por la UNAM en 1987, con una introducción del investigador yucateco Ramón Arzápalo Marín, quien obtuvo una copia del manuscrito original que se guarda en la Biblioteca de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos.

La jornada concluyó al día siguiente. Un lunes a beneficio de la iglesia de San Diego, que de nuevo será bajado de su altar, en noviembre, al recordarse su presencia en el santoral católico.

 

FUENTES: Pedro Suárez Chi, 21-22 de abril de 2001. Nunkiní, Calkiní. / Fernando Chi. 22 de abril de 2001. Nunkiní. / “El ritual de los Bacabes”. UNAM. Ramón Arzápalo Marín. Primera edición. México, 1987. 1109 pp. / Franciscanos Org. Página de Internet. 22 de abril de 2001. 2 pp. / Cristiandad Org. Página de Internet. 22 de abril de 2001. 2 pp. / “Ichil T'aano'on” (entre voces). Revista de Difusión Cultural. No. 1. Febrero-Marzo de 2001. Campeche, Cam. 21 pp.

 
Foto: Santiago Canto Sosa. 2003