| LLANTO
POR LA MÚSICA
Por
Santiago Canto Sosa
En
los comienzos de la Orquesta Sinfónica Juvenil, que funcionó
de 1990 a 2002 en Calkiní, se vio un inusitado movimiento
de padres de familia que visitaban a sus hijos, durante los ensayos
en el ágora de la Casa de Cultura.
Se
notaba el entusiasmo que ponían los chiquitines y muchachos
al ejecutar piezas musicales con su violín, corno, oboe,
timbal y otros instrumentos de su predilección.
Mientras
el viento revoloteaba en el interior de aquel recinto, algunos señores
dejaban caer sinceras lágrimas sobre sus mejillas, como producto
de una emoción desbordada.
En
ese tiempo, asistían 65 elementos que corroboraban el naciente
ánimo por el arte de Euterpe.
Cada
vez que el director de la orquesta miraba hacia el vestíbulo,
uno que otro progenitor bajaba la cabeza para no dejar ver el torrente
de sollozos que manaba de sus ojos. Al no poder reprimir su llanto,
un tutor se vio obligado a aceptar, ante la pregunta de un joven
espectador, que lloraba de felicidad por la suerte de ver a tantos
niños y jóvenes en conjunción de notas y compases,
lo que nunca se había visto en esta ciudad.
Pasó
el tiempo, y como pasa la ilusión de quien sueña despierto,
se fue perdiendo el entusiasmo de autoridades, sociedad y de los
propios integrantes de la Sinfónica por seguir promoviendo
esa actividad recreativa y forjadora de vocaciones.
En
la entrada de la Casa de Cultura, el mismo señor de los sollozos,
padre de uno de los escasos elementos de la orquesta, dejaba caer
sus lágrimas espesas, como si un río hubiera encausado
su fuente en el recinto.
Con
la curiosidad de siempre, el ya no tan joven espectador, se atrevió
a interrumpirlo de nuevo.
-¿Llora
usted de felicidad?
-No
lloro de felicidad, sino de tristeza... ¡porque a la Sinfónica
se la está llevando el carajo!
Fuente:
Santiago Canto Sosa. Anecdotario Calkiniense. Edición del
Ayuntamiento de Calkiní, Campeche, 2004. 76 pp. |