| CUANDO
SE HABLA DEL diablo, se habla de temor y cuando se habla de tu vecino,
se habla de solidaridad y ayuda, pero cree en esto que sucedió
en el tiempo en que Newton aún no descubría la gravedad.
Hubo
un tiempo en el que no podías contar algo fuera de tu casa
y menos de noche porque el kisín o diablo se percataba de
ello y se hacía pasar por la persona a la que tú se
lo contaste.
Bien,
unas vecinas luego de haber terminado de tejer y de haber llevado
su tejido para vender, de regreso a sus hogares comentaban ir a
escarbar camote, y se decían lo siguiente:
-Vecina,
si me pasa a buscar a las tres de la madrugada, vamos a escarbar
camote. De lo que escarbemos la mitad será para ti y la otra
mitad para mí, ¿qué te parece?
-Está
bien, vecina, pero no te aseguro nada, porque yo no madrugo mucho,
contestó la otra.
Como
vivían casi enfrente, al llegar a su casa la primera exclamó:
entonces a las tres, vecina; y la otra contestó -pero no
se te olvide madrugar; -está bien- dijo.
Y
se fueron a dormir ambas; eran las dos de la madrugada y la vecina
que había dado la idea de ir a buscar camote aún dormía,
sin embargo la otra que decía que no madrugaría hablaba
a su vecina y le decía:
-Vecina
vamos, vecina vamos, y salió la señora y dijo:
-Espérame
nada más voy por un costal y mi rebozo. Apúrate entonces
dijo la otra...
Ni
tarda ni perezosa, la vecina salió y caminó a la milpa
donde se encontraban los camotes; y dijo:
-Creí
que no íbamos a madrugar y me ganaste; y la otra sonreía
además de que tenía el rostro cubierto con un rebozo,
traía el cabello y un huipil, no miraba a la otra vecina
que preguntó:
-¿Tienes
frío?
-Humm
-dijo.
Y
de lo que la vecina le decía y preguntaba ella se limitaba
a murmurar, entonces la otra sospechó y miró hacia
abajo y se dio cuenta que su vecina no tenía calzado y que
sus pies eran uno de gallo y otro de pezuña de caballo. La
señora se asombró, mas no tuvo una reacción
en contra de ella y se puso a pensar cómo podría zafarse
de ese ser diabólico que se había hecho pasar por
su vecina; entonces le dijo que tenía ganas de digerir sus
alimentos y que la esperara mientras terminaba su necesidad. El
diablo cayó en la trampa y la señora apenas de pudo
perder de él, corrió y corrió mientras él
esperaba; pero su tardanza fue mucha, y él se dio cuenta
que había sido engañado y fue en busca de la señora
que ya se encontraba en la entrada del pueblo, pero el malvado corrió
tan rápido que por un instante le rozó los talones
a la señora, entonces la mujer golpeó en la primera
casa que vieron sus ojos y golpeaba mientras el alma maligna decía:
(qué rica está tu nariz) y ya estaba tan cerca de
la señora cuando se abrieron las puertas y entró la
pobre mujer. Sin embargo, aquella bestia rascaba con sus filosas
uñas la puerta pidiendo a la mujer que había entrado;
los de la casa no salían, pues tanto miedo le inspiraba el
diabólico y es que sólo dejó de rascar hasta
que el sol apareció.
Fue
tanta la impresión, que la señora hasta pasada una
semana contó lo sucedido; desde entonces ya casi nadie hace
planes y los dice por la noche.
*
Relator: Matías Chí (n. 1936). Calkiní, Cam.
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Fuente:
Leyendas y Tradiciones del Camino Real. José Domingo Uc. SECUD,
CONAFE, PAREB. Campeche, Cam. 1996. 76 p.
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