| Un
sello propio de Cancún
El
nombre de Miguel Ángel Meza está en
el vórtice cultural quintanarroense con raíces
que abarcan proyectos como la revista Tropo a la uña
y la Casa del Escritor de Cancún hasta la crítica
literaria continua en publicaciones locales y su propia
obra de ficción que, aunque remite a la Ciudad
de México, ha sido concebida -en buena parte-
junto al mar Caribe, bajo sus tonos y sus luces tropicales.
De
todos esos proyectos, válidos y hermosos, el
más divulgado -por su eco colectivo- es quizá
la revista Tropo a la uña, donde coinciden
-bajo la dirección de Miguel Ángel Meza
y la complicidad de otros amigos artistas e intelectuales-
obras plásticas, investigativas, periodísticas
y literarias que redondean la imagen cultural heterogénea
prevaleciente en esta orilla de Quintana Roo.
Miguel
Ángel Meza Robles estudió letras en
la Universidad Nacional Autónoma de México
y desde 1985 radica en Cancún, donde se ha
dedicado a la docencia, el periodismo, y la difusión
cultural con energía y constancia. Mientras
tanto, casi toda su obra -poesía, crítica
literaria y narrativa- permanece inédita en
forma de libros, exceptuando las plaquetas de poemas
Historia de Hyma y Piedra ciega.
-¿Recuerdas
la génesis y los primeros pasos de Tropo a
la uña?
-Cuando
la Casa del Escritor de Cancún decidió
impulsar el proyecto de la revista, el primer objetivo
era muy claro: llenar un vacío cultural en
un destino turístico como Cancún y servir
de puente entre los lectores y los escritores de ficción
de esta localidad, incluyendo especialmente a los
poetas, quienes carecían de espacios para publicar
su obra. Así, la revista surgió como
una necesidad local, buscando el respaldo de otros
escritores del estado.
Lo
sorprendente fue que desde el primer número
esta necesidad local fue rápidamente cubierta,
y luego, por fortuna, inmediatamente rebasada: el
alcance estatal y regional de Tropo a la uña
fue un hecho creciente desde entonces. Aunque se elaborara
en Cancún, se había convertido en una
revista cien por ciento quintanarroense, con reconocimiento
regional y respeto nacional entre las revistas literarias
independientes que se publicaban en provincia.
-¿De
qué manera se fueron perfilando su estructura,
su diseño, sus secciones gráficas y
literarias, y la propia imagen que la identifica entre
la marea de otras revistas literarias?
-En
términos de política editorial, el perfil
de la revista quedó definido de manera muy
clara desde un inicio: apertura temática, pluralidad
de géneros, tolerancia de ideas y búsqueda
de excelencia literaria. En cuanto al diseño
editorial (que aún no termina de cuajar), siempre
se pensó sobrio y limpio, que privilegiara
la letra antes que la imagen, pero que procurara,
también, cuidar el aspecto visual de la revista
y promoviera a los talentos gráficos de nuestra
entidad, tanto fotógrafos (páginas centrales)
como ilustradores.
Sin
embargo, lo que identificó pronto a la revista
y la hizo diferente de otras fue su carácter
plural e incluyente, que promovió la convivencia
de autores de varias generaciones, algunos con trayectoria,
otros noveles, y le dio cabida a materiales de amplio
espectro temático con el fin de impulsar el
hábito de la lectura crítica en la comunidad.
Producto de una sociedad de inmigrantes, como la quintanarroense,
Tropo a la uña adquirió además
un sello propio de Cancún, donde se elabora
este medio: su personalidad cosmopolita.
-En
ese camino de crecimiento y expansión, ¿cómo
han recepcionado la revista escritores, periodistas
y artistas plásticos del Caribe mexicano, el
país y el mundo?
-La
aceptación de la revista es cada vez más
estimulante. Desde un inicio, la prensa estatal difundió
sin reservas -e incluso de manera entusiasta- la aparición
de cada número, y tanto los escritores como
los artistas plásticos se fueron vinculando
cada vez más con Tropo a la uña, al
grado de generar material para la revista con varios
números de anticipación, lo cual no
es fácil de conseguir y manifiesta el alto
nivel de compromiso de los autores y artistas plásticos
con el medio.
-¿Qué
opiniones de la crítica especializada y de
los lectores han redondeado una visión de Tropo
a la uña y su verdadero impacto en la arena
cultural?
-Es
pronto aún para calibrar el impacto cultural
de Tropo a la uña. Sin embargo, la mayor parte
de los comentarios críticos de los lectores
participativos ha sido tomada en cuenta. Las propuestas
que se nos han hecho por lo general se pusieron en
práctica -adaptadas al perfil de la revista
tal y como se hicieron- y redundaron -sin duda- en
un mejoramiento editorial, estructural y visual que
hemos agradecido en su momento, sin reservas. Sigo
considerando que toda revista cultural que se precie
de serlo debe responder a las necesidades de su público
lector. Los colaboradores y los lectores son quienes
realmente hacen la revista.
-
¿Puede considerarse Tropo a la uña un
testimonio histórico del nacimiento y la cristalización
de una literatura quintanarroense?
-Sin
duda. Puedo afirmar que dentro de algunos años
Tropo a la uña será consulta obligada
para entender el surgimiento de la primera generación
de escritores de Cancún, así como para
rastrear la evolución y la cristalización
de la obra de algunos grupos literarios ubicados en
nuestra entidad. La misma revista pertenece ya a la
historia de la literatura de Quintana Roo, aun cuando
hay que reconocer que la presencia de los jóvenes
poetas de Bacalar y del grupo comandado en Chetumal
por Javier España no es tan consistente dentro
de sus páginas.
-En
calidad de crítico, ¿podrías
caracterizar brevemente las generalidades de esta
literatura?
-Como
lo demostró el doctor Martín Ramos en
La diáspora de los letrados, la literatura
de Quintana Roo inicia en el antiguo Bacalar y en
Tihosuco, durante la primera mitad del siglo XIX,
con la presencia de cuatro hombres de letras, de entre
los cuales destaca singularmente la figura de Wenceslao
Alpuche. Asimismo, la investigadora Norma Quintana
descubre que en Cozumel, en la década de los
veinte, poetas isleños publican sus poemas
en Orión, el primer periódico de Quintana
Roo. Ambos investigadores, Quintana y Ramos, desmienten
al poeta Juan Domingo Argüelles quien, en Quintana
Roo, una literatura sin pasado, asegura que no hay
antecedentes literarios antes de 1970. Hoy sabemos
que sí los hubo.
De
cualquier forma, el libro de Argüelles es el
primer recuento de la literatura de Quintana Roo,
aun cuando se ciñe a la literatura producida
entre 1972 y 1994, 20 años en los que registra
un primer panorama tentativo contemporáneo
y consigna a los primeros autores del patio: Antonio
Leal, Héctor Aguilar Camín, Luis Miguel
Aguilar (quienes hicieron su carrera fuera del estado);
y Jorge González Durán, Silvestre Caballero
y Ramón Iván Suárez Caamal (oriundos
de Campeche que hicieron su carrera en la entidad),
los dos primeros ya dedicados a otras tareas menos
literarias (periodística el primero, de difusión
cultural el segundo.) Destaca igualmente la presencia
de un poeta joven, que con el tiempo se habría
de convertir en uno de los poetas más sólidos
y respetados del estado, Javier España, cuyo
taller poético dio un fruto luminoso en la
antología que publicó Tierra Adentro
y en donde se consigna el trabajo depurado de tres
jóvenes poetas, resultado de cinco años
de taller.
Menciona
asimismo Argüelles a los niños poetas
de Bacalar, algunos de los cuales continuaron después
su carrera. Estos niños y jóvenes, y
la copiosa producción literaria de los alumnos
del taller literario Syan Ca'an, coordinados en Bacalar
por el poeta Ramón Iván Suárez,
confirman que Quintana Roo es una literatura con un
presente muy rico y con un promisorio futuro. Los
alumnos de dichos talleres produjeron en diez años
(1988-1998) tres antologías que dan cuenta
del trabajo de tres generaciones de jóvenes
poetas, y cerca de una treintena de poemarios que
constituyen en el ámbito poético un
saldo sin igual que hay que tomar en cuenta a la hora
de hablar de literatura del estado. Otros escritores
nacidos en Chetumal (Elvira Aguilar y Mario Pérez)
o avecindados ahí (Agustín Labrada o
la propia Quintana Padrón), completan el cuadro
vivo de quienes hacen la literatura atendible del
sur de la entidad.
No
hay que olvidar la literatura indígena que
se produce en los talleres literarios de Felipe Carrillo
Puerto y José María Morelos. No todo
está traducido al español y es poco
lo que conocemos. Pero esto poco (poemas, fábulas
y cuentos breves) demuestra que hay una lengua maya
viva que sigue floreciendo literariamente.
En
Cancún, el fenómeno es reciente. Hace
apenas cinco años empezó a hacerse notar
con la fuerza que hoy nos asombra. Este fenómeno
es protagonizado por una generación de escritores
no nacidos en la ciudad, provenientes de diversos
lugares de la república, casi todos mayores
de 30 años, casi todos ubicados en ámbitos
estratégicos de la promoción y de la
difusión cultural y casi todos, ahora sí,
conscientes de la importancia del papel que están
jugando en estos momentos en la configuración
de la tradición literaria de ese polo turístico.
Destacan entre ellos Leonardo Kosta (gran narrador,
creador de dos polémicas novelas picarescas,
que defienden una estética de lo vulgar, el
lenguaje barroco y la sexualidad de los desposeídos);
Carlos Hurtado (cuentista y cronista de agudo sentido
sarcástico quien regresa a la literatura con
una novela realista de intriga política Cancún.
Todo incluido); Lydia Cacho (quien va madurando con
la creación de cuentos eróticos desde
el punto de vista feminista); Marién Espinosa
(quien está escribiendo actualmente el mejor
ensayo literario de esta ciudad); Michele Moreno (cuentista
que cultiva la minificción o el relato aleatorio
de creación de atmósferas); Carlos Torres
(cuentista y poeta sincero, de momentos discursivos
afortunados y ensayista disperso de altibajos estilísticos);
y Alicia Ferreira (poeta intimista y buena cuentista
que se inscribe en la literatura fantástica.)
Hay muchos más, que están trabajando
en los diversos talleres y se encuentran en un proceso
interesante de maduración.
-
¿Es perecedera la crítica literaria
que se publica en los periódicos?
-De
alguna manera sí, en tanto que aparece en un
medio que al otro día de su publicación
ya es historia. Sin embargo, si la crítica
literaria responde a una metodología de análisis
profesional, si se apoya en reconocidos criterios
estéticos y si se fundamenta en un estilo propiamente
literario, es deseable que sea recogida en un libro
y rescatada de la fugacidad del hecho periodístico
consignatorio e inmediato. De lo que no hay duda es
de su necesidad. La crítica literaria es un
ejercicio creativo de orientación y guía
que debe correr paralelo a la producción artística
del estado. Al ponderar el trabajo creativo de los
escritores, el crítico literario ofrece al
lector no entrenado herramientas de análisis
que le permiten profundizar sus propias lecturas y
pasar de una apreciación impresionista y superficial
a niveles de lectura enriquecedores tanto en el aprendizaje
formal de una obra como en el goce estético
de la misma.
-
¿Tu obra narrativa y poética está
permeada -en alguna medida- por el entorno caribeño
y tus vivencias cancunenses?
-He
escrito -es cierto- algunos poemas que se contagian
de la luz y la transparencia de la atmósfera
caribeña. En el lenguaje de muchos de mis versos
-sin duda- se ha deslizado la presencia de este entorno,
pero no aún mis vivencias en el nuevo terruño.
Resulta para mí aún muy difícil
desprenderme de mi experiencia de la adolescencia
y la juventud, etapas que viví con dramática
intensidad existencial en un ámbito urbano
opresivo y fascinante a la vez. Mi interior está
marcado definitivamente por esa ciudad que viví,
gocé y sufrí; y pienso que será
ocupado por esta actualidad y este espacio tan distintos
hasta que publique mi poemario Razones de permanencia,
que consigna esas atmósferas y esas vivencias.
Por otro lado, Razones de permanencia (dividido en
cinco partes) es una antología personal de
una obra que ha sobrevivido las correcciones, las
publicaciones y los arrepentimientos. Con ese poemario,
de cerca de 80 poemas, he cerrado un ciclo, pero también
he anunciado otro, pues en él ya se perciben
los temas y las formas poéticas que ahora me
interesan y que tienen que ver, sin duda, con ese
entorno caribeño y esas vivencias cancunenses
que acertadamente mencionas.
-¿Qué
escribirá Miguel Ángel desde el año
2001 hasta la eternidad?
-Tengo
varios libros pendientes, ya preparados (un poemario
y dos libros de ensayos críticos), que esperan
el tiempo y la serenidad del autor para salir definitivamente
a la luz. Además, no pierdo las esperanzas
de sentarme a escribir la novela que me prometí
escribir hace 20 años. Espero, para impulsar
un proyecto como ése, no perder (ahora en la
madurez) el fuego sagrado de la juventud.
2001.
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