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¿Cómo surge el libro-disco “el flamenco en
la obra de Federico García Lorca”?
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El libro no nace de la noche a la mañana, como puede suponer
el lector hay detrás un gran trabajo de investigación.
Me ha costado diez años llevarlo a buen término.
Con anterioridad, ya había publicado en periódicos
“el sentir flamenco en Bécquer, Villaespesa y Lorca”
(Universidad de Málaga, 1986). Quiero hacer ver la importancia
del flamenco en toda la obra de Federico.
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¿Se puede decir que es el poeta que mejor ha sentido y
vivido lo flamenco?
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Sin lugar a dudas. Partiendo de “Poema del Cante Jondo”(1921)
y “Romancero gitano” (1928), junto a sus conferencias
y estudios folklóricos que llevó a cabo el poeta
de Fuente Vaqueros (Granada), se demuestra que la capital del
reino nazarí tiene una importancia trascendental en la
Flamencología – gracias al Concurso de Cante Jondo
(1922) - y la revalorización del cante, el baile y la guitarra,
hecho que arranca en Granada, aunque ciertos ¿flamencólogos?
hayan publicado, sin fundamento, que “Granada no tiene nada
que decir en el flamenco”. Error terrible. En el libro realizo
un estudio de las distintas vivencias del poeta, de lo que significa
y comporta el flamenco y “lo flamenco”, a pesar de
algunos errores cometidos por el vate granadino, – propios
de su tiempo –, pero Federico, guiado por don Manuel de
Falla, es el punto de partida de la revalorización del
cante gitano-andaluz.
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¿Qué quiere aportar con este libro-disco lorquiano?
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Son reflexiones flamencas de un cantaor, engarzadas en XIV capítulos
sobre el sentir flamenco en Lorca, la guitarra, los términos
lorquianos en el flamenco, el sentimiento religioso en Lorca,
el tema andaluz en Lorca, Lorca y los gitanos, García Lorca
y la música, Lorca y los toros, Lorca y el folklore, Lorca
y el concurso de Granada, Lorca y su romancero gitano, el compromiso
social de Lorca, las fuentes de inspiración flamenca en
Lorca y poética lorquiana. Se incluyen, asimismo, cuatro
apéndices: el I “cantes por bajinis”, homenaje
a Fernando de los Ríos; el II “influencia del romancero
tradicional en el flamenco”; el III diversas cartas de autorización
de la grabación de los familiares de Lorca; y el IV, poemas
del CD, homenaje a Federico: homenaje (granaína), baladilla
de los tres ríos (tientos), retrato de Silverio Franconetti
(seguiriyas), sorpresa (soleares), memento (caña y soleá
de Triana), la cogida y la muerte (tientos), la sangre derramada
(malagueña del Mellizo), no hubo príncipe en Sevilla
(peteneras), ¡oh negro toro de pena! (martinete y debla),
anda jaleo (el vito/bulerías), en el café de chinitas
(peteneras antiguas) y llanto por Federico García Lorca
(romance).
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Juan de Loxa titula en el prólogo del libro-disco: “Arrebola
al vuelo y revuelo de la sabiduría del cante”; ¿cómo
llega a él?
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No tengo propiamente memoria de cómo llegué al cante,
dado que desde niño ya cantaba en las reuniones familiares,
fiestas, bautizos, bodas, y en toda manifestación folclórica
que tenía lugar en mi pueblo natal: Villanueva Mesía
(Granada). Más tarde, lógicamente, tomé el
cante como otra carrera que yo iba haciendo al tiempo que realizaba
mis estudios eclesiásticos en la Orden Capuchina. Una vez
abandonados los estudios eclesiásticos, me fui a Granada
donde tuve la suerte de conocer a Eduardo González - que
tenía una tienda de Antigüedades en Plaza del Realejo
– quien me enseñó a cantar a compás,
ya que él tocaba la guitarra y tenía, además,
una buena colección de discos antiguos, así como
a Manuel Palma “El Faquillas” que conocía muy
bien los cantes auténticos, Angelillo – posiblemente,
el mejor intérprete que he conocido – aparte de las
enseñanzas y prácticas que yo recibía de
Juanillo el Gitano, Pepe Albaicín, María la Canastera
y, sobre todo, Manuel Celestino “Cobitos de Graná”.
Hablo de los años 1957-58. Un poco más tarde conocí
a Manuel Martín Liñán, el de las “Bodegas
Granadinas”, que tocaba bastante bien la guitarra flamenca.
Pronto comencé, con el asesoramiento de estos maestros
citados, a cosechar algún premio en el concurso de cante,
lo que activo en mi mucho más la pasión.
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¿Del cante se puede vivir?
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Yo tuve la suerte de ganar muchos concursos, uno de los primeros
fue en Córdoba, en el VI Concurso Nacional de Cante Jondo.
Y así, poco a poco, fui haciéndome un sitio en este
difícil y complejo mundo del arte flamenco. En sólo
tres o cuatro años tuve la suerte de alzarme con importantes
premios: Medalla de Oro de la Casa de Arte Flamenco “Antonio
Mairena”, Premio Nacional Literario “Manuel de Falla
100 años”, Premio Nacional de Malagueñas (5
veces), Premio Nacional de Flamenco de Jerez, Premio Nacional
de “Cantes de Levante”, Premio Nacional de Cante Grande
Andaluz, Premio Nacional Tomás Pavón, Premio Nacional
Juan Breva, Saeta de Oro de Sevilla… Aún así,
mi actividad artística la complementaba ejerciendo la docencia
como profesor de griego, latín, filosofía y literatura.
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También sus libros están verdaderamente anclados
en la sabiduría del flamenco. Títulos tan significativos
como: “la presencia de la mujer en el flamenco”, “forjadores
del arte flamenco”, “la saeta, cante hecho oración”,
“antología de la poesía flamenca”…;
se han convertido en clásicos entre los estudiosos de este
arte. ¿Qué le ha llevado a ser escritor flamencólogo?
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Por insinuaciones de Antonio Mairena, Manuel Cano, Francisco Vallecillo,
Fosforito…, me entregué al estudio histórico,
literario y musical del cante. Esto terminó con la defensa,
en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de
Granada, de mi Tesis Doctoral: “el cante flamenco, vehiculo
de comunicación humana y expresión artística”.
Fue la primera tesis sobre el flamenco, defendida teórica
y prácticamente, que se ha dado en una universidad. En
la guitarra estuve acompañado por Manuel Cano Tamayo, primer
catedrático de guitarra flamenca.
- Después de tanta vida vivida flamencológicamente,
¿qué siente por el flamenco ahora?
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Es difícil y complejo describir el sentimiento de un arte
que no es de los gitanos, ni de los payos. Quien defienda esto
– y por desgracia los hay – ignora los aspectos históricos,
sociales, literarios, folklóricos y musicales de la trayectoria
de los diversos estilos que conforman el abigarrado árbol
de los cantes flamencos. El flamenco es un sistema complejo de
vivencias humanas, resultante de todas las culturas que han ido
pasando por Andalucía, cuya cultura es milenaria y autóctona,
tal como defendía José Ortega y Gasset (cfr. “Teoría
de Andalucía” -Madrid, 1927). En una palabra diré
que el flamenco para mí es una forma de vida, una filosofía
y una ética que muy bien puede ayudarte en tu cotidiano
quehacer y encontrar, dentro de lo que cabe, la felicidad.
- ¿Cómo ve el flamenco en la actualidad,
Alfredo Arrebola?
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Todos los artistas flamencos deben sentirse orgullosos de que
en la actualidad se haya reconocido al flamenco como “parte
del acervo cultural” del pueblo andaluz, que haya sido reconocido
en la Universidad española, que sea un medio o instrumento
para hacer una “profesión digna”, en la misma
categoría que otra cualquiera. Se nota – a partir
del Concurso de Granada – cómo los poetas, intelectuales,
políticos y, en general, la sociedad toda ella, aceptan
esta forma de vida: artística y cultural. |