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Destino de las ofrendas / Sergio Hernández Puga*

 
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Cuando hagas ofrendas y las veladoras o velas ya se hayan consumido, así como las flores ya estén marchitas, no tires todas estas cosas a la basura como si fueran cualquier cosa, más bien, considéralas como ofrenda a lo sagrado, por lo tanto, deposítalas en un lugar destinado a ellas y préndeles fuego, que ellas mismas sean una ofrenda al cielo. Recoge las cenizas y deposítalas en el mar, las selvas, la tierra o deposítalas junto a un árbol o las flores para dar por concluido su destino.

Por lo que se refiere al agua de las flores derrámala en los mismos lugares. Todo tiene que volver de donde vino: la naturaleza, el sol, el agua, la tierra y el viento. Este es el destino de todos los elementos de la ofrenda: convertirlos en incienso y en ceniza.

El humo es el espíritu de las cosas que retorna a su liberación y a la paz de la armonía cósmica. Todo vuelve a la pureza, al estado virgen del amor. Dales el respeto que se merecen.

El agua es la fuerza de la vida que nutre al árbol o a la flor, que son el símbolo del retorno a la pureza, son las imágenes primeras de la vida, el corazón del hombre, la mujer y el niño en su principio de retorno al espíritu. Son ellos mismos hechos voz e imagen. El agua es la sangre transparente del amor, es el dolor que se hecho limpio y puro.

Este es el destino de las ofrendas: ser incienso y ceniza, es decir, volver al corazón, la sangre y los huesos de lo sagrado. Tenlo presente.

 
*Sergio Hernández Puga es Cronista de Hecelchakán / Fuente: Códice sagrado. Sergio Hernández Puga. Ayuntamiento (2003-2006) de Hecelchakán, Campeche, 2006. 128 p